El tiempo y el espacio del taller de lectura plasmado para:



leer de diferentes maneras (por arriba, por abajo, entre líneas, a fondo, participando del texto, recreándolo),



dar cuenta de los procesos culturales en que surgen y son comprendidas o cuestionadas las obras literarias,



pensar (discutiendo, asombrándose, dejándose llevar por lo que los textos nos dicen -pero parece que no dijeran-),



y por sobre todas las cosas, y siempre, disfrutar de la buena literatura.








domingo, 22 de mayo de 2011

Roth: apostillas.


Philip Roth ganó esta semana el premio Man Booker International, en el momento preciso en que lo estamos recreando en El Cronotopo. Casi una especie de confusión metanarrativa entre el mundo real y el del taller, con esos cruces entre la ficción y los contextos y escenarios de la realidad.

A propósito de Roth, algunas consideraciones sobre su lectura.

El desarrollo argumental de sus novelas se ancla en un episodio histórico (macarthismo, la guerra de Corea, la política americana de los años noventa, y sigue…)
Combina con enorme destreza lo que se entiende como las líneas narrativas más fuertes en Roth:
  • su preocupación ya conocida por la situación estadounidense, fuertemente desarrollada en títulos como Me casé con un comunista, que bucea los años del macartismo mencionado, o La mancha humana , en la que se aborda la política americana de los años noventa.
  • desarrolla escenarios propios (tanto en tiempo como en espacio, muchas  novelas se corresponden con su infancia: Roth nació en 1933 y creció en Newark), al estilo de lo que sucede en su producción de tinte más autorreferencial y de la que son paradigmáticos los libros aparecidos entre 1979 y 1986 bajo la firma de su alter ego Nathan Zuckerman, y otros bastante posteriores, como Patrimonio , donde se cuenta descarnadamente la muerte de su padre.
  • El uso de situaciones sociales  como metáforas.
James Wood, el controvertido crítico literario de la revista The New Yorker, dice que lo que comparten los autores del posmodernismo es que son “metafísicamente graves y formalmente lúdicos, pero lingüística y filosóficamente sólidos”. Él se refiere a escritores como Beckett, José Saramago, Philip Roth, WG Sebald, Thomas Bernhard, Julio Cortázar, Lydia Davis…

Y es en ese punto que nos resuena, en parte, (y sólo en parte, de acuerdo), una relación entre Roth y Saramago. Ambos son metafísicamente graves, reflexionan a través de la escritura sobre la condición humana, nos remiten a las profundidades de la existencia, cada uno en su estilo y con sus propios rasgos.
Saramago ha desarrollado historias que son una especie de alegoría sobre el ser humano, y su distintivo ha sido:
  • la ruptura normativa (su puntuación, su forma de incluir los diálogos dentro de la narración, y otros detalles),  
  • la deshumanización de los personajes, (en la mayoría de sus novelas, con sólo algunas excepciones), que muchas veces se reducen a arquetipos carentes de carnadura, ya que son simples vehículos de una idea de su autor.
El caso de Roth es absolutamente diferente en cuanto a estilo: sus personajes tienen esa cualidad que los humaniza,  (sienten, se desvelan, se desesperan, se contradicen). No hay ruptura normativa pero sí rasgos distintivos como esas largas oraciones introductorias en que nos sitúa en el marco de tiempo y espacio, con su inconfundible postura ante los hechos.
Sin embargo,  y a su manera, ambos autores utilizan un hecho social (por ejemplo: una epidemia,   en el caso de Ensayo sobre la ceguera de Saramago, y de polio en el caso de Némesis, de Roth) como metáfora de la condición mortal del ser humano y de la debilidad de sus instituciones.  Cada uno la desarrolla con un poder expresivo propio, con una agudeza intelectual específica.
Y de nuevo queda flotando la idea de esos cruces que se dan  entre literatura y realidad, y que nos hacen pensar en las coincidencias vistas desde el propio cristal con que cada uno elabora su manera de percibir.

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