El tiempo y el espacio del taller de lectura plasmado para:



leer de diferentes maneras (por arriba, por abajo, entre líneas, a fondo, participando del texto, recreándolo),



dar cuenta de los procesos culturales en que surgen y son comprendidas o cuestionadas las obras literarias,



pensar (discutiendo, asombrándose, dejándose llevar por lo que los textos nos dicen -pero parece que no dijeran-),



y por sobre todas las cosas, y siempre, disfrutar de la buena literatura.








sábado, 9 de abril de 2011

"La señora Dalloway en Bond Street", y "La duquesa y el joyero".

La narrativa inglesa de principios del siglo XX está presidida por James Joyce, uno de los autores más influyentes de todo el siglo. La revolución de las técnicas novelísticas que supuso su Ulises alcanza hasta nuestros días y centenares de escritores han seguido sus innovaciones.
Pero, dentro del por entonces Imperio Británico, una de sus principales discípulas –aunque habían nacido en el mismo año- es Virginia Woolf, quien, pese a haber rechazado en un principio la obra de Joyce por su “grosería de alcoba”, no puede negar que el uso que en ella se hace del monólogo interior marcó su trayectoria literaria.
 Dos rasgos esenciales configuran el estilo literario de Virginia Woolf:
  • su veneración por el lenguaje, y
  •  la utilización del  monólogo interior.

Consiste éste en la reproducción directa de los pensamientos de los personajes y constituye una de las principales innovaciones de la narrativa contemporánea. Sus narraciones extensas –Al faro, Mrs. Dalloway o Las olas- se hallan plagadas de él pero también aparece en sus relatos breves.

El primer cuento que trabajamos de la autora tiene una historia básica: los preparativos de Clarissa para una fiesta que va a ofrecer esa noche. Usando la perspectiva interior de la novela, Woolf se mueve hacia atrás y adelante en el tiempo, y dentro y fuera de la mente de varios personajes para construir una imagen completa, no solo de la vida de Clarissa, sino también de la estructura social entre guerras. Debido a similaridades estructurales y estilísticas, comúnmente se cree que La señora Dalloway es una respuesta al mencionado Ulises de James Joyce. Fundamentalmente, sin embargo, La señora Dalloway explora en nuevos terrenos y busca presentar un aspecto diferente de la experiencia humana.

En la prosa de Woolf se observa una diferencia tangible y palpable entre el mundo exterior de un personaje y su mundo interior. Los ojos del personaje observan hacia el exterior, y la escritora, en esta interacción del personaje con el mundo, se atreve a mirar hacia el interior del personaje y a describírnoslo como algo vital, trascendental. Consigue retener de un modo magistral la emoción del instante, apresa cada emoción, deteniendo el tiempo si hace falta incluso, para darnos lo que el personaje siente en su máximo apogeo.
En un entorno hegemonizado por la acción y la descripción realistas, Virginia Woolf sostiene que el relato «debiera ser tan directo y tan ligero como el hilo que se cuelga entre dos perales para poner a secar la colada», pues tanto el relato como la novela han de procurar «captar multitud de cosas en la fugacidad del presente, de abarcar el todo y modelar infinitas cosas extrañas». Este propósito lleva a la Woolf a alejarse de la realidad inmediata dirigiéndose hacia distintos ángulos e introduciéndose en los pensamientos de sus personajes y entreviendo lo externo como un paisaje brumoso. «Las historias sin conclusión son también legítimas», escribió evocando a Chéjov, uno de sus maestros. 

La duquesa y el joyero.
Aquí nos brinda una visión de los cambios sufridos por la sociedad de su época. Oliver Bacon ha logrado convertirse, partiendo de la miseria y con métodos poco ortodoxos, en el principal joyero de Inglaterra. Con asiduidad le visita una gran duquesa arruinada que le vende sus joyas para mantener su ritmo de vida. Como el comerciante está enamorado de una de las hijas de aquélla, no duda en comprárselas, aunque sospecha que son falsas, con objeto de tener su amistad.

Se trata de un texto muy revelador de los cambios que por entonces se estaban produciendo en la sociedad británica: una aristocracia arruinada que, para mantener su altísimo tren de vida, vende todo lo que posee y una pujante alta burguesía que, con tal de codearse con aquélla, paga lo que sea necesario.

Y todo ello enmarcado por ese lenguaje exuberante, que ya trabajaremos. 

sábado, 2 de abril de 2011

Virginia Woolf y Katherine Mansfield: Las voces propias


Ninguna de estas autoras nació en EEUU, pero la inclusión de ambas en Cuento norteamericano se debe a su influencia en todas las literaturas –no sólo en la norteamericana o en las de habla inglesa- ya que fue indiscutible, y representan a las mujeres que lucharon por tener voz y lenguaje propio, independientes del punto de vista hegemónico, en cualquier lugar del mundo.


Virginia.
Virginia Woolf nació con el nombre de Adeline Virginia Stephen en Londres en 1882, y murió en 1941 (a los 59 años) en Inglaterra, Sussex.

Fue una figura significativa en la sociedad literaria de Londres. En 1912 se casa con el escritor Leonard Woolf. Sus obras más famosas incluyen las novelas La señora Dalloway (1925),  Al faro (1927) y Orlando, una biografía (1928), y su largo ensayo Una habitación propia (1929), con su famosa sentencia «Una mujer debe tener dinero y una habitación propia si va a escribir ficción». Fue redescubierta durante la década de 1970 gracias a este ensayo, uno de los textos más citados del movimiento feminista, que expone las dificultades de las mujeres para consagrarse a la escritura en un mundo dominado por los hombres.
Durante su vida, sufrió una enfermedad mental hoy conocida como trastorno bipolar. Después de acabar el manuscrito de una última novela (publicada póstumamente), Entre actos, Woolf padeció una depresión parecida a la que había tenido anteriormente. El estallido de la Segunda Guerra Mundial, la destrucción de su casa de Londres durante el Blitz, y la fría acogida que tuvo su biografía de su amigo Roger Fry todo empeoró su condición hasta que se vio incapaz de trabajar.

El 28 de marzo de 1941, Woolf se suicidó. Se puso su abrigo, llenó sus bolsillos con piedras y se lanzó al río Ouse cerca de su casa y se ahogó. Su cuerpo no fue encontrado hasta el 18 de abril.  Su esposo enterró sus restos incinerados bajo un árbol en Rodmell, Sussex.

Katherine.
Katherine Mansfield, seudónimo de Kathleen Beauchamp,  nace en Wellington, Nueva Zelanda, en 1888, y fallece en Fointanebleau, Francia, en 1923, a los 35 años de edad. Provenía de una familia de clase media de origen colonial,  y de una educación muy rígida y controladora, por lo que decide pedirle a sus padres que la envíen a estudiar a Londres. Ya escribía en revistas y allí tiene una relación sentimental con otra escritora, hasta que años más tarde se casa con un editor. En diciembre de 1917, ella enferma de tuberculosis, por lo que empieza a viajar por toda Europa buscando una cura para la enfermedad. 

La propia autora, tal como recoge Ana María Moix en la “Introducción” del volumen donde se recopilan todos sus relatos,  afirmó: "Dado que no soy una intelectual, parece que siempre deba aprender las cosas arriesgando mi vida.” Sea como fuere no es de extrañar que Mansfield sea considerada como la primera feminista que tuvo el coraje de intentar llevar, y en buena parte lo consiguió, la entonces quimérica “igualdad de sexos” hasta sus últimas consecuencias. En palabras de la poetisa Elizabeth Bowen, “Katherine Mansfield no era una rebelde, era una innovadora.”
Los temas y preocupaciones que profundizó, más el estilo, exquisito y elegante, fueron su marca de identidad. Acomodadas familias de clase media, personajes caracterizados por una terrible soledad espiritual, complicadas relaciones amorosas, la dificultad de sus personajes para comunicar, para hacer partícipes a los demás de sus deseos y emociones, pequeños detalles que motivarán la concienciación de los personajes...

La amistad de ambas.
En marzo de 1917, Virginia y su esposo compran una impresora en Farringdon Road y la instalan en el comedor de la casa, que, poco a poco, se convierte en Hogarth Press.
Virginia alterna su tarea de crítica literaria con el trabajo en la imprenta, que comienza a abrumarla. Lo que empezó como un hobby  ya es un oficio que le deja escaso tiempo para escribir. Como  es preciso buscar otros autores, Virginia decide visitar a la ya muy conocida Katherine Mansfield para ofrecerle publicar un cuento.
Se inicia allí una amistad profunda y conflictiva. Las dos se admiran, pero ninguna se muestra dispuesta a aceptar a su contendiente tal como es. K. M. ha tenido una vida aventurera, rica en experiencias, más libre, y no ha conocido la estabilidad del mundo de Virginia. Tal vez por eso detesta los convencionalismos, las formas establecidas. Virginia lamenta la vulgaridad de K. M., siempre tan emperifollada con cosas baratas, aunque reconoce que, cuando supera esta impresión, Katherine es tan inteligente, tan inescrutable, que paga con creces su amistad. A su vez, K. M. se las arregla para hacerla sentir a Virginia pretenciosa y para darle conciencia de lo soso que resulta ser siempre "respetable". Tras de esta contienda sorda, se advierte la verdadera causa: la rivalidad como escritoras. Es el único escritor del que he sentido celos, confiesa V. W.
Hogarth Press crece y se consolida. El fondo editorial se va ampliando con cuentos de Katherine Mansfield, los Poemas, de T. S. Eliot; The Critic in Judgement, de Middleton Murry; Kew Gardens, de la propia Virginia, ilustrado por Vanessa Bell. A partir de 1924, comienza la publicación de la obra de Freud.

¿Escritura “femenina” o expresión que prescinde de la “diferencia” (de sexo)?
Desde el siglo XX, miles de mujeres se han levantado afirmándolo y negándolo. Se han escrito artículos, ensayos, tesis en pro y en contra. Se han hecho explicaciones desde la sociología, la psicología o el psicoanálisis. Pero, en definitiva, se han definido conceptos, se ha profundizado en una problemática que ya está en V. W .: la necesidad de hallar una expresión autónoma, con un lenguaje propio, y la necesidad de superar el hecho de escribir desde la "diferencia" (de sexo).
Hasta comienzos de siglo, Virginia advierte que la literatura de mujeres está desprovista de un lenguaje propio, tiene una frase y un ritmo hechos por el hombre, por eso la mujer se ve enfrentada a la necesidad de crear un estilo de prosa que expresara plenamente su modo de pensar. Tradicionalmente se acusaba a la mujer de  falta de lógica, de imaginación, de dominio del lenguaje, etc., o bien de exceso de subjetivismo, de efusiones sentimentales, de anécdotas banales. Ni una prosa blanda, dulzona y tonta -que se tiene por "femenina"-, ni "añadir espinas superfluas" por miedo a ser incluida en el esquema anterior, señala V. W. Ejercicio lento, exigente, equilibrado, el de hallar una expresión autónoma.
Falta de lógica, de imaginación, de dominio del lenguaje, etc., o exceso de subjetivismo, de efusiones sentimentales, de anécdotas banales. Ni una prosa blanda, dulzona y tonta -que se tiene por "femenina"-, ni "añadir espinas superfluas" por miedo a ser incluida en el esquema anterior, señala V. W. Ejercicio lento, exigente, equilibrado, el de hallar una expresión autónoma.
La mujer, dice V. W., está empezando a utilizar la escritura como un arte, no como un medio de autoexpresión. Y como sin quererlo, nos encontramos ante un punto clave: ¿existe una escritura femenina, es decir, una reflexión frente al hecho literario y al uso deliberado de un lenguaje propio?
Las condiciones que V. W. enuncia como indispensables para la mujer que quiera escribir son  tener independencia económica y una habitación propia. Una habitación propia es el título que V. W. da al ensayo que se transforma en un símbolo ya que encierra su concepto de lo que ha de ser la mujer que quiera escribir: la que tenga una vida independiente (en una conferencia V. W. satiriza a ese fantasma, "el ángel del hogar", que acecha a la mujer convocándola a sus labores tradicionales y no duda en afirmar que un deber de la mujer escritora es matar ese fantasma) y, lo que es más, un pensamiento de perfil propio que no escuche a las voces -de afuera y de adentro- que la invitan a plegarse a los modelos prestigiosos. Sólo la mujer que posea ese cuarto propio podrá escribir novelas, ese género literario todavía no bastante joven como para ser blando en sus manos.



viernes, 25 de marzo de 2011

"Wash Jones" y "El oso", de Faulkner.



El relato “Wash Jones” fue publicado en una revista, en 1934, y tiene conexión evidente  con la novela Absalom, absalom , en la que se destaca la soledad  y la enajenación de Stupen. Pero el cuento se centra en la marginación y el aislamiento a los que se ve sometido Wash, y en la traición y las diferencias sociales que pesarán sobre ambos. Allí se refleja el mundo devastado de fines de la Guerra Civil, donde el amor y la reciprocidad no tienen lugar, y donde tanto los dueños de las plantaciones como la clase pobre se dan cuenta de su propia futilidad, como lo explica Cristina Blanco Outón en su Introducción a la narrativa breve de William Faulkner.
Este cuento presenta una estructura temporal dividida en 4 fases, y una implicancia del lector es necesaria para comprender la desunión de esos dos personajes por factores sociales e históricos. La voz en 3º persona que narra adopta al principio la perspectiva del aristócrata, para marcar bien la ruindad y el egoísmo que lo caracterizan, y llevan a tomar distancia de él. Es alllí donde se adopta la postura de Wash intercalada con una voz omnisciente, y a la vez hay una clave de la narrativa faulkeriana presente: la omisión deliberada de hechos, como la muerte de Sutpen y la de Millie, para que el lector se sienta inequívocamente del lado de la tragedia de Wash y su familia pero sin demasiadas explicaciones. 
Este juego de modalización y puntos de vista amplían la violencia inherente al relato, que se ahonda con la voz fría y distante que narra  los hechos.
Este relato señala el enfrentamiento entre aristócratas y los blancos pobres (white trash), es decir la juego de modalización y puntos de vista que está siendo reemplazado por una organización preindustrial, basada en el mercantilismo y el dinero. Como asimismo la barrera infranqueable entre clases sociales y la traición de una supuesta amistad que no era más que una ilusión.


«El oso» es una historia del sur americano, cuando la frontera estaba desapareciendo; es una historia de una iniciación a un mundo que ya no es, que ya ha dejado de existir, nos dice  Luis López Jiménez (U.Salamanca), en Historia de un rito de iniciación: "The bear".
A lo largo de todo el libro tenemos una historia a través de la mente de Ike, un muchacho haciéndose hombre en medio de dos mundos: el salvaje y natural y el civilizado y domesticado, convirtiéndose así en el héroe de la tragedia americana en una América que deja de ser y significar lo que antes era para los europeos. Es una historia sobre la pérdida y destrucción de un mundo primitivo, una pérdida trágica porque termina con la muerte del último eslabón del hombre con este mundo primitivo: Old Ben, en un último intento por parte de los hombres para llegar a un compromiso con este primitivismo a punto de desaparecer, para darse cuenta dónde están sus verdaderas raíces.
Esta pérdida final y definitiva de este último eslabón se hace más trágica porque todos aceptan este destino, nadie se revela, está predestinado. Esta pérdida de lo primitivo representa, por supuesto, la pérdida de la inocencia y  libertad de la nación.
En este desesperado intento de aprender la última lección que la Naturaleza  tiene que ofrecer al hombre antes de su última y final desaparición tenemos a Ike Macaslin representando un rito perfecto. Ike ha sido espectador de la cacería anual durante su infancia. Sabía desde siempre cuándo le habría llegado su hora, así que durante años se limitó a ser un espectador, acumulando una experiencia pasiva, viendo cómo cada otoño los hombres se iban al bosque durante dos semanas. También había sabido desde siempre que los hombres no matarían al oso, su hora no había llegado todavía. 
Un sentido de comunidad impregna todas las novelas de Faulkner, por lo
tanto el rito de Ike adquiere toda su importancia al estar realizado dentro de la
comunidad. Sin embargo Ike no va a perder su individualidad, pertenece a su
familia, a su gente y todos le verán convertirse en un hombre como acólitos en  un templo. A él le empujan las mismas fuerzas que, a lo largo de los años han movido a sus antepasados: Sam Fathers, Major of Spain... Ike tenía que encontrarse un camino, tenía que convertirse en un hombre en su comunidad y para  ella, y para alcanzar el privilegio tenía que llegar a un acuerdo con las fuerzas  primitivas, con la selva y con Old Ben.
Old Ben era también un miembro de la comunidad, era parte del consciente colectivo, era parte del mito y todos daban por supuesta su existencia.
 Como en todos los ritos, además del iniciado, tenemos al sacerdote, el padre espiritual. Este sacerdote no va a ser nadie de su misma familia, que ha confiado el hijo al hombre con experiencia: Sam Fathers que está allí desde el principio, asistiéndole cuando es necesario y dejándole sólo cuando su hora ya ha llegado, había nacido en esclavitud, era hijo de un jefe Chicksaw y de una esclava negra, así que también pertenecía a los hombres primitivos. Él es quien enseña a Ike cuándo disparar y cuándo no; el que el conduce por los rituales de la caza; el que el enseña las reglas de un juego limpio.
Sam estaba allí no sólo para decirle cómo usar el rifle sino para recordarle que una de las reglas más importantes de un cazador es saber tener paciencia y aceptar que la hora no ha llegado todavía. 
Al final del relato queda explicado el rechazo de Ike de la tierra que ha heredado. Ahora a sus veintiún años descubre que el primitivismo, el mundo natural ha sido domesticado cuando el viejo Carothers McCaslin, su abuelo, compró la tierra a los hombres primitivos cuyos abuelos la habían conseguido sin rifles; descubre que los valores y enseñanzas que había adquirido en la selva no le valían en una tierra domesticada.


sábado, 12 de marzo de 2011

William Faulkner: profundidad e innovación

William Faulkner (25 de septiembre de 1897 - 6 de julio de 1962).se caracteriza por el drama psicológico y la profundidad emocional, utilizando  una larga y zigzagueante prosa, además de un léxico meticuloso.
Como otros autores prolíficos, sufrió la envidia y fue considerado el rival estilístico de Hemingway (sus largas frases contrastaban con las cortas de Hemingway). Es considerado el único probable modernista americano de la década de 1930, siguiendo la tradición experimental de escritores europeos como James Joyce, Virginia Woolf y Marcel Proust, y conocido por su uso de técnicas literarias innovadoras, como: 

• el monólogo interior,
• la inclusión de múltiples narradores o puntos de vista
• y los saltos en el tiempo dentro de la narración. 

Su influencia es notoria en la generación de escritores sudamericanos de la segunda mitad del Siglo XX. García Márquez en su “Vivir para contarla”,  y Vargas Llosa en “El pez en el agua”, admiten su influencia en la narrativa, algo que al leerlos emerge más que como una influencia: son sus discípulos.

Era el mayor de cuatro hermanos de una familia tradicional sureña. Estuvo muy influido por su Estado natal, así como por el ambiente general del Sur. Misisipi marcó su sentido del humor y mantuvo una fuerte presencia a lo largo de toda su obra, en la que el carácter típico sureño, fue una constante, y que junto a la atemporalidad de sus temas, marcarían la base de todas sus recreaciones literarias. A partir de 1921, Faulkner trabajó como periodista en Nueva Orleans y conoció al escritor de cuentos estadounidense Sherwood Anderson, quien le ayudó a encontrar un editor para su primera novela, “La paga de los soldados” (1926).


La creación de un cronotopo: Yoknapatawpha.
Después de un breve viaje por Europa volvió a casa y comenzó a escribir su serie de novelas barrocas e inquietantes, ambientadas en el condado ficticio de Yoknapatawpha (inspirado en el condado de Lafayette, Missisipi), habitándolo con sus propios antepasados, indios, negros, oscuros ermitaños provincianos y groseros blancos pobres. Allí puso a vivir a 6.928 blancos y 9.313 negros, como pretexto para presentar personajes característicos del grupo sudista arruinado del cual era arquetipo su propia familia. La primera de estas novelas es Sartoris (1929), en la que identificó al coronel Sartoris con su propio bisabuelo, William Cuthbert Falkner, soldado, político, constructor ferroviario y escritor.
En la primera de estas novelas, Sartoris, caracterizó al coronel Sartoris como su propio bisabuelo, William Cuthbert Falkner, (Faulkner repuso la u que habían quitado de su apellido),  soldado, político, constructor ferroviario y escritor. Después aparece El sonido y la furia (1929), que confirmó su madurez creativa y da comienzo a su etapa más fértil desde el punto de vista artístico.
Es considerado uno de los creadores de ficción más importantes de las letras del siglo XX, a la altura de Marcel Proust, Franz Kafka y James Joyce. Sus temas del mal y la corrupción continúan siendo relevantes en la actualidad.
Faulkner exige mucho a sus lectores. Para crear una atmósfera determinada, sus frases complejas y enrevesadas se alargan durante más de una página y, jugando con el tiempo de la narración, ensambla relatos, experimenta con múltiples narradores e interrumpe el discurso narrativo con divagantes monólogos interiores.

Su influencia en la literatura radica en:
  1. aspectos técnicos:
·        su desarrollo del monólogo interior,
·        el multiperspectivismo,
·        la oralidad de la narración,
·        manejo no cronológico del tiempo en el relato
  1. aspectos temáticos:
·        la decadencia de una familia,
·        el fracaso,
·        la creación de un territorio de ficción propio en el que radicar un ciclo de relatos,
·        la obsesión con la historia,
·        la combinación de localismo y universalidad. 

El hecho de que tras la Guerra Civil española cayera la censura sobre Faulkner, hizo que su obra —que había empezado a traducirse en 1930— tardara en publicarse de nuevo, pero aun así, muchos escritores tanto en el exilio como en España reflejan su influencia como Juan Rulfo, Juan Carlos Onetti, Juan Benet, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa o Juan José Saer. Jorge Luis Borges tradujo Las palmeras salvajes
Las obras de Faulkner, que habían permanecido durante un largo tiempo lejos de las imprentas, comenzaron a reeditarse y empezó a considerársele no ya como una curiosidad regional sino como un gigante literario cuya mejor escritura iba mucho más allá de las tribulaciones y conflictos de su tierra natal. Sus logros fueron reconocidos internacionalmente en 1949 al concedérsele el Premio Nobel de Literatura.

Frases de una entrevista a Faulkner, sobre el oficio del escritor.
“Yo diría que la música es el medio más fácil de expresarse, puesto que fue el primero que se produjo en la experiencia y en la historia del hombre. Pero puesto que mi talento reside en las palabras, debo tratar de expresar torpemente en palabras lo que la música pura habría expresado mejor. Es decir, que la música lo expresaría mejor y más simplemente, pero yo prefiero usar palabras, del mismo modo que prefiero leer a escuchar. Prefiero el silencio al sonido, y la imagen producida por las palabras ocurre en el silencio. Es decir, que el trueno y la música de la prosa tienen lugar en el silencio.

“El artista es responsable sólo ante su obra. Será completamente despiadado si es un buen artista. Tiene un sueño, y ese sueño lo angustia tanto que debe librarse de él. Hasta entonces no tiene paz. Lo echa todo por la borda: el honor, el orgullo, la decencia, la seguridad, la felicidad, todo, con tal de escribir el libro. Si un artista tiene que robarle a su madre, no vacilará en hacerlo...”

El escritor no necesita libertad económica. Todo lo que necesita es un lápiz y un poco de papel. Que yo sepa nunca se ha escrito nada bueno como consecuencia de aceptar dinero regalado. El buen escritor nunca recurre a una fundación. Está demasiado ocupado escribiendo algo. Si no es bueno de veras, se engaña diciéndose que carece de tiempo o de libertad económica. El buen arte puede ser producido por ladrones, contrabandistas de licores o cuatreros. La gente realmente teme descubrir exactamente cuántas penurias y pobreza es capaz de soportar. Y a todos les asusta descubrir cuán duros pueden ser. Nada puede destruir al buen escritor.”

“Descubrí que no sólo cada libro tiene que tener un designio, sino que todo el conjunto o la suma de la obra de un artista tiene que tener un designio. Con la creación de Yoknapatawpha  descubrí que mi propia parcela de suelo natal era digna de que se escribiera acerca de ella y que yo nunca viviría lo suficiente para agotarla, y que mediante la sublimación de lo real en lo apócrifo yo tendría completa libertad para usar todo el talento que pudiera poseer, hasta el grado máximo. Ello abrió una mina de oro de otras personas, de suerte que creé un cosmos de mi propiedad. Puedo mover a esas personas de aquí para allá como Dios, no sólo en el espacio sino en el tiempo también. El hecho de que haya logrado mover a mis personajes en el tiempo, cuando menos según mi propia opinión, me comprueba mi propia teoría de que el tiempo es una condición fluida que no tiene existencia excepto en los avatares momentáneos de las personas individuales.

“Con El sonido y la furia yo había empezado a contar la historia a través de los ojos del niño idiota, porque pensaba que sería más eficaz si la contaba alguien que sólo fuera capaz de saber lo que sucedía, pero no por qué. Me di cuenta de que no había contado la historia esa vez. Traté de volver a contarla, ahora a través de los ojos de otro hermano. Tampoco resultó. La conté por tercera vez a través de los ojos del tercer hermano. Tampoco resultó. Traté de reunir los fragmentos y de llenar las lagunas haciendo yo mismo las veces de narrador. Todavía no quedó completa, hasta quince años después de la publicación del libro, cuando escribí, como apéndice de otro libro, el esfuerzo final para acabar de contar la historia y sacármela de la cabeza de modo que yo mismo pudiera sentirme en paz.”

Los libros que leo son los que conocí y amé cuando era joven y a los que vuelvo como se vuelve a los viejos amigos: El Antiguo Testamento, Dickens, Conrad, Cervantes... leo el Quijote todos los años, como algunas personas leen la Biblia. Flaubert, Balzac -éste último creó un mundo propio intacto, una corriente sanguínea que fluye a lo largo de veinte libros-, Dostoievsky, Tolstoi, Shakespeare. Leo a Melville ocasionalmente y entre los poetas a Marlowe, Campion, Jonson, Herrik, Donne, Keats y Shelley. Todavía leo a Housman. He leído estos libros tantas veces que no siempre empiezo en la primera página para seguir leyendo hasta el final. Sólo leo una escena, o algo sobre un personaje, del mismo modo que uno se encuentra con un amigo y conversa con él durante unos minutos.”

Fuente: http://www.ciudadseva.com/

Sherwood Anderson y el nuevo realismo norteamericano.

Rodrigo Fresán afirma que la literatura norteamericana es tan amplia que resulta positiva y negativa a la vez, pues por una parte nunca deja de asombrar con nuevos autores, pero deja oculta otros grandes nombres en medio del bosque literario. Por eso, no es sorprendente que se desconozca el nombre de Sherwood Anderson (1876-1941), escritor perteneciente a la generación de los años 20, considerado como el fundador del nuevo realismo norteamericano.
Uno de sus libros más aclamados es “Winnesburg, Ohio” (1919), colección de 22 relatos relacionados entre sí -uno de ellos en cuatro partes- que muchos críticos consideran en realidad una novela y uno de los mejores libros en lengua inglesa del siglo XX. Describe, a medio camino entre el análisis psicológico y el sociológico, las frustraciones de los habitantes de una pequeña comunidad rural incapaces de adaptarse a las nuevas formas de vida.
Sherwood Anderson nació en el pueblo de Camden, Ohio, el 13 de septiembre de 1876. En su autobiografía titulada "A Story Teller's Story", el escritor evoca a los suyos, una familia escocesa- irlandesa radicada en el Sur de los Estados Unidos, de madre con ascendencia italiana, constituyendo todos ellos una especie de tribu gitana. Desde los doce años, tuvo que contribuir al sostén de su familia. A veces salía con su padre y con sus hermanos a pintar rejas y letreros en los caminos. Hizo de todo. Fue suplementero y mozo de cuadra. Esta experiencia fue, al mismo tiempo, su aprendizaje de novelista. Después de una serie de acontecimientos, que incluyó el alistamiento como voluntario en la guerra de la Independencia de Cuba,  trabajó como gerente de una fábrica de pinturas en Ohio.


Fue entonces cuando comenzó a escribir por primera vez. El industrialismo americano y los problemas entre el capital y el trabajo lo impresionaron e indignaron en tal forma que un día, interrumpiéndose en el curso de una carta comercial que dictaba a. su secretaria, exclamó dramáticamente: "Estoy caminando en el lecho de un río". Acto seguido, tomó su sombrero y salió de la fábrica y de la ciudad para no retornar jamás. El volumen titulado "Winesburg, Ohio" traducido al español como "Historias de 1o grotesco", lo consagró en el mundo de las letras e hizo que se lo comparara con Dostoievski y con Chejov, a ninguno de los cuales Anderson había leído jamás. "Cuando adquirí fama de narrador"- cuenta él mismo al respecto, "se me acusó de inspirarme en los rusos. Esta afirmación es plausible. Se apoya en una razón sólida". En realidad, a Sherwood Anderson le correspondió en los Estados Unidos, como a Chejov en Rusia, el mérito de haber liberado a la "short-story" norteamericana de los moldes convencionales y rígidos dentro de los cuales se había estancado después de O’ Henry . Igual que Chejov, él rechazó la forma y el estilo del cuento tradicional y, en vez de exponer objetivamente un problema y llevarlo a su solución, cultivó el análisis subjetivo, como en su célebre "Quisiera saber por qué” , en que el héroe, un adolescente perplejo ante la vida, habla en primera persona en una forma que produce la impresión de una narración inconexa, pero que en realidad está hábilmente manejada por el autor, corno el fin de producir el efecto de espontaneidad deseado. "Winesburg, Ohio" traza, a través de sus diferentes narraciones, el cuadro de una pequeña ciudad norteamericana. Sus personajes son seres vulgares, pero captados en aquellos momentos en que experimentan sentimientos e impulsos ardientes, por lo general reprimidos o mal dirigidos. Para Sherwood Anderson, el sexo es la motivación de casi todos los actos humanos. En cuanto a sus historias, ellas giran en torno a George Willard, un joven reportero que sueña con "huir de todo aquello" y con realizar algo grande. Su pueblo no ofrece para él ningún interés.
En "Poor White" (Pobre Blanco, 1920), presenta impresiones de la vida norteamericana en forma de cuentos y poemas, como en "The Dumb Man", donde expresa el problema del autor y su anhelo de traducir en palabras lo inexpresable, es decir, lo que ocurre en el cerebro de sus personajes, gentes en su mayor parte inarticuladas y frustradas. Cuando estuvo en Nueva Orleans observó la vida de los negros, que describió con su estilo brillante, cargado de imágenes, con ese realismo inventado por él, gracias al cual todo se transfigura y la realidad aparece velada de ensueño y emoción, y los paisajes y los retratos están envueltos en una atmósfera de sueño.
Analizando la vida y obra de Sherwood Anderson, dice el crítico español Benjamín Jarnés: "Barrió, segó, pintó carteles llevó al hombro un fusil, vendió chucherías, divagó, cuidó caballos... Y, ya cursada su espléndida carrera de escritor, recibió el doctorado de gran poeta, quizá el más considerable en su patria después de Walt Whitman. Una larga, una turbulenta carrera hecha a pie, sin fortuna, pero rico, riquísimo".
A comienzo de 1941., Sherwood Anderson partió a Sudamérica, en una gira cuya meta debió ser Chile. Nunca explicó las razones de aquel viaje que no alcanzó a realizar. A poco de partir, murió, el 8 de marzo, en la zona del Canal, de un ataque agudo de apendicitis.
Las múltiples peripecias de su vida no dejaron amargura en el alma de Anderson; en su autobiografía escribió: “Las gentes que sienten una vocación artística deberían entrenarse en lo que se ha convenido en llamar "pobreza". Cuando se entra en la vida con el mimo que da la clase media, el artista se coloca en el trance de acabar dentro de la piel de uno de esos amargados que se pasan la vida lamentándose de que el público no se precipite a aplaudirles cuando pasan".

Su aporte a la cuentística literaria (por Esteban Arriagada).
Maestro de Scott Fitzgerald o Ernest Hemingway, Anderson fue un maestro del relato breve y uno de los modernizadores del género. Sus contribuciones literarias se centran principalmente en consolidar ciertos rasgos que definirán el desarrollo posterior de toda una estética. Entre otros elementos, se puede nombrar la
  • sobriedad en las descripciones,
  • la economía del lenguaje,
  • diálogos exactos,
  • cierto lirismo al interior del texto.
  • personajes mínimos pero descriptos en ciertos momentos paradigmáticos que reflejan el punto en que la vida se les transforma por completo.
  • episodios narrados desde un presente muy concreto (confluyendo el pasado con el futuro)
  • finales abiertos, casi sin conflicto.
  • estilo falsamente ingenuo, pero que pretende abarcar toda la complejidad humana.
Sus  temas recurrentes:  
  • la huida del campo a la ciudad,
  • la transformación del mercado del trabajo
  • la rebelión de la juventud,
Va creando un concepto de identidad, en la cual el individuo es el centro de la sociedad. Se muestra toda una cultura individualista, del triunfo, de la exaltación del dinero que posteriormente se reflejaría en la escritura de Raymond Carver y David Foster Wallace.

viernes, 25 de febrero de 2011

Cuento norteamericano II, 2011.

Comienza el taller 2011.
Finalizamos el año anterior con los precursores del Cuento norteamericano, y es en ese punto donde lo retomaremos para hacer un recorrido diferente. El objetivo es analizar los fuertes cambios en la percepción estética que fueron dando como resultado diferentes pero particulares respuestas literarias para las nuevas formas de captar la realidad, a través del tiempo. Trabajaremos con los siguientes autores: Melville, Crane, Bierce, Katherine Mansfield , Virginia Woolf, Hemingway, Faulkner, Sherwood Anderson, John Steinbeck , Raymond Chandler, Carver, Bernard Malamud, Salinger, Bradbury, y Philip Dick.


Desde los orígenes hasta el Romanticismo.

En sus orígenes universales, los primeros cuentos quizás narrados en cavernas, alrededor del fuego, fueron el resultado de la fascinación que producía escuchar contar una historia excepcional que condensaba en sí misma todo el universo, breve, misteriosamente. Probablemente dejaban la sensación de que no eran simples anécdotas sino que eran sobrepasadas por algún significado oculto, que debían desentrañar, que hablaba de todos los hombres y de todas las épocas…

Durante la Edad Media el cuento tenía como función primordial divulgar una doctrina o enseñanza, de la misma manera que los refranes, las historias de hechos verídicos (llamados paradigmas), y las de hechos ficticios (las parábolas). Fue en ese contexto que se introdujeron en la cultura occidental: unidos a una enseñanza moral. Es posible hoy rastrear cómo una misma historia antiquísima de origen persa, por ejemplo, es recreada con el paso del tiempo en España, luego en Inglaterra, y así sucesivamente.

Estas características se mantuvieron hasta el Romanticismo del siglo XIX, y fue precisamente en los Estados Unidos donde comenzó a desprenderse de la imposición de ser didáctico.

Un grupo de escritores norteamericanos proclamó la necesidad de liberar a la literatura de sus lazos coloniales, de dominación y adoctrinamiento. Entre ellos se destacan Poe, Hawthorne, y Melville. Todos ellos transformaron el cuento en una forma literaria transformadora, inaugurando las corrientes temáticas que se desarrollarían a lo largo del siglo XX.

La condición humana.

Las grandes creaciones de la literatura universal se fundan en bucear en todo aquello donde nos sentimos humanos, en nuestros miedos, extrañezas, cómo generamos y comprendemos el absurdo y el sinsentido, cómo cobra, o no,  significado la esperanza ante la desesperación.

Por eso, comenzaremos viendo de qué manera los relatos de Herman Melville y Stephen Crane nos permiten ver en el espejo algún reflejo de nuestra condición humana.

martes, 21 de diciembre de 2010

Fin del ciclo 2010

Está terminando 2010, un año de muchas novedades para el taller ya que con el tiempo se ha ido creando un perfil propio, con una línea de trabajo más elaborada y definida por el entusiasmo y las inquietudes de sus integrantes.
Hemos logrado articular el trabajo de todo el año en ciclos, lo cual permitió el análisis de un corpus de obras de mucha calidad y desde perspectivas muy interesantes.
Los distintos ciclos y  temas trabajados (el detalle de cada clase está incluido en el blog) han sido:

 1. Los procedimientos de la metaficción en Cervantes, Borges, y los siguientes autores, temas y ejes de la posmodernidad :


Los procedimientos narrativos de la Posmodernidad

Las características de los cuentos contemporáneos.

Sergio Pitol: Vals de Mefisto , El relato veneciano de Billie Upward.

Roberto Bolaño: Detectives, Sensini,

Juan Villoro: Corrección, Coyote, La alcoba dormida, y Espejo retrovisor

Pitol y Villoro: ¿Las dos caras de Jano?

Vila-Matas: Niño, Porque ella no lo pidió

Paul Auster (como hipotexto de Vila-Matas): Lecturas varias

Cervantes: claves para la lectura de Don Quijote , bases culturales del Renacimiento imprescindibles para la comprensión, el tema de los narradores que cuentan la historia.

Borges: Pierre Menard

Reflexiones sobre la lectura de Don Quijote de: Villoro, Piglia, Fresán, Kafka y Borges.

Cierre del ciclo de Metaficción. (Desde abril a agosto.)

2. El cuento norteamericano: Las características biográficas de autores, sus circunstancias, influencias literarias, a fin de desentrañar las pulsiones que subyacen a dicha narrativa.

Raymond Carver: Mecánica Popular , Principiantes, Diarios de Carver y la polémica con su editor, Gordon Lish.

John Cheever: El mundo de las manzanas, El nadador, Visión del mundo, Adiós hermano mío, Reunión.

Cheever y la noción de cronotopía, o territorio ficcional.

Lorrie Moore: Cómo convertirse en escritora, Esta gente es la única clase de gente que hay aquí, También eres feo.

Flannery O'Connor: Un hombre bueno es difícil de encontrar.

Los precursores: Hawthorne, Melville y Poe.

Hawthorne: Wakefield

Melville: Bartleby

Cierre del ciclo Cuento Norteamericano. (Desde Septiembre a Diciembre.)
 
 
Entonces muchas gracias por compartir este espacio de todos, y de regalo les mando una hermosa imagen de parte del grupo de los lunes, el día del brindis:
 


¡¡Muchas felicidades, y hasta el año próximo!!
Lic. Graciela Occhi.