El tiempo y el espacio del taller de lectura plasmado para:



leer de diferentes maneras (por arriba, por abajo, entre líneas, a fondo, participando del texto, recreándolo),



dar cuenta de los procesos culturales en que surgen y son comprendidas o cuestionadas las obras literarias,



pensar (discutiendo, asombrándose, dejándose llevar por lo que los textos nos dicen -pero parece que no dijeran-),



y por sobre todas las cosas, y siempre, disfrutar de la buena literatura.








martes, 1 de mayo de 2012

Perú y el imaginario contemporáneo.



L
a narrativa moderna en el Perú puede empezar a perfilarse hacia los años 60,  cuando empieza a darse el boom de literatura latinoamericana y comienzan a manejarse los tratamientos estructurales que planteaban Joyce, Hemingway y William Faulkner, pero también con una gran apertura a los nuevos autores y registros de Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Juan José Arreola, Juan Carlos Onetti, Roberto Arlt, entre otros. Así  surgen y se consolidan Mario Vargas Llosa (Premio Nobel en el 2010), Julio Ramón Ribeyro, Luis Loayza.
Aparecen relatos en donde se rompe la concepción lógica del tiempo, los personajes se humanizan, los lenguajes y registros de habla representados cobran mayor verosimilitud. Pero fundamentalmente comienza una marcada preocupación colectiva por representar los fenómenos que se sucedían en Lima: el crecimiento desmesurado de la capital, el surgimiento de barrios marginales, la decadencia de la aristocracia limeña, la representación psicológica, moral, económica y lingüísticas de los individuos de la ciudad.


A lo largo de esos tiempos en  toda Latinoamérica se van sucediendo dictaduras militares, represión y descalabro económico, hasta que  llegan los años 80 con una guerra interna en Perú que abarca más de una década cruenta (Fujimori, Sendero Luminoso,  corrupción, violencia).

Una de las consecuencias claras en la narrativa es que se va desvaneciendo la literatura rural,  como podía leerse en casi todos los textos del boom, y que en muchos casos fue  el sitio de relatos de identidad nacional: una Latinoamérica rural en esa etapa de las naciones y el capitalismo. Surge entonces lo que Josefina Ludmer llama la barbarización de la ciudad al rodearse de miseria y dividirse violentamente para representar lo social.

 En su ensayo Aquí América latina. Una especulación,  J.Ludmer desecha las nociones de autor, obra, ficción y realidad, y diseña un sistema de lectura de la literatura latinoamericana que pone de relieve los modos de fabricación de realidad al nivel de la imaginación pública: la que se produce colectiva, anónimamente, en este siglo XXI.
(Internet, el tiempo cero, la simultaneidad, las nuevas diferencias generadas por el acceso a la instantaneidad, lo íntimo, lo público, lo íntimo público: nuevas herramientas para pensar nuestro mundo a partir de la literatura.)

Esta literatura borra las fronteras entre lo rural y lo urbano, anexa el campo e incluye en su interior muchos de sus sujetos, sus dramas y sus mitologías. La autora habla de nuevas categorizaciones como la aparición de la realidadficción, construida para mostrar esos mecanismos de división social, que es al mismo tiempo global, porque repite la división global.

Y agrega: Si la isla urbana en América latina es la ficción de un territorio que se puede desterritorializar, abandonar y destruir, la literatura ya no es manifestación de identidad nacional. Se trata de una forma de territorialización que es el sitio y el escenario de otras subjetividades o identidades, y de otras políticas.

Así van apareciendo nuevas generaciones de escritores que han profundizado más en la problemática urbana, la vida posmoderna, la explosión del terror en los 80.



 Una de las características de los narradores del 90 y del 2000 es la marginalidad de los personajes, ya sea que estos provienen de barrios pobres y conflictivos de la capital, o son personajes con algún desvarío psicológico o mental, étnico o sexual. En ellos el fracaso y la decepción se simbiotiza y mimetiza con el medio que los rodea. De esta manera, tenemos una ciudad caótica, decadente.

Pero este modo de representar la ciudad moderna y el desencanto de la clase social baja limeña es un tópico recurrente en la narrativa peruana. 
Sin embargo, son los narradores peruanos de los 90 los que se detienen a explorar el lado más oscuro, grotesco y ruin del sujeto y su entorno, además de utilizar la temática del alcohol y las drogas como medio de evasión y serenidad momentánea. Se deja de lado la idea de 'compromiso', y se privilegia una reconstrucción del pasado a través de un proceso de ficcionalización de la historia, retomando aquí, un punto explotado por la nueva narrativa hispanoamericana y el boom. Así, si no son los primeros, son los que más ahondan en el tratamiento literario del proceso de la guerra interna (1980-1993).
Fuentes: Carlos Eduardo Zavaleta, Edmundo Paz-Soldán.

El proyecto de presentar toda la literatura de un país es imposible: el mundo es demasiado fragmentado, y lo mismo pasa con la literatura que describe y recoge de manera individual y subjetiva realidades desiguales. Por lo tanto, trabajaremos con una breve pero significativa selección de autores peruanos contemporáneos.


Iván Thays (Lima, 1968)

Fue estudiante de Lingüística y Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Después de publicar en 1992 su primer libro "Las fotografías de Frances Farmer", se empezó a destacar como una joven promesa de su generación. Entre sus siguientes publicaciones, destacan El viaje interior, La disciplina de la vanidad y Un lugar llamado Oreja de Perro. Alonso Cueto ha comentado sobre él, que «Existe en el Perú una generación de escritores novísimos que pretenden apartarse de la forma usual de escribir novelas realistas. Iván Thays y Mario Bellatin han sido los maestros de estos escritores jóvenes»

En 1998 fue finalista del Premio Copé y ganó el Premio Príncipe Claus 2000 por su contribución cultural,  y su obra La disciplina de la vanidad fue finalista del Premio Rómulo Gallegos.
En 2005 creó el blog Moleskine Literario. En 2008 quedó finalista del Premio Herralde de Novela por la novela que publicó aquel año: Un lugar llamado Oreja de Perro.

Santiago Roncagliolo (Lima, 1975)

Hijo del sociólogo, periodista y político Rafael Roncagliolo, Santiago Roncagliolo pasó parte de su infancia en Arequipa. Su familia dejó temporalmente el país en 1977, debido al gobierno militar de Morales Bermúdez que se había instaurado en 1975. Después de vivir en México, Santiago regresó con sus padres a Perú, y se licenció en Lingüística y Literatura en la Universidad Católica.

De su infancia en el extranjero, dice: "Crecí en una familia de exiliados. Mis compañeritos de juegos eran otros exiliaditos de Chile, Argentina, Centroamérica o Uruguay. Íbamos al colegio con camisetas del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Jugábamos a la guerra popular. Y sobre todo, aunque las conversaciones de los mayores eran complicadas, entendíamos que algún día haríamos una revolución, fuese lo que fuese eso. Aún era un niño cuando regresé al Perú. Y fue confuso, porque resultó que ya había una revolución en marcha. La realizaba Sendero Luminoso, y no se parecía a las cosas lindas que nos habían dicho de ella. Para la clase media de Lima, la revolución estaba hecha de apagones, miedo, bombas y muertos. Y para los campesinos, de cosas mucho peores".

En 2000 voló a Madrid decidido a triunfar. Ejerció de negro literario e incluso hubo momentos en que se vio obligado a trabajar limpiando casas en España para salir adelante y poder subsistir. Cuenta el autor: "Fui a España a ser escritor, siguiendo la estela de los latinoamericanos que habían triunfado en Europa, como García Márquez, Vargas Llosa o José Donoso. Pronto me di cuenta de que los fracasados son muchos más que los triunfadores, sólo que sus historias no trascienden, nadie las sabe. En honor a todos esos mártires de la literatura, decidí escribir la historia de un fracasado" . Sin embargo, el mismo Roncaglioglo triunfó y se ha quedado en España, donde reside actualmente en Barcelona.

En 2006 su novela Abril rojo, que trata sobre las peripecias de un fiscal dedicado a investigar los crímenes de un supuesto rebrote terrorista y en el camino descubre el oscuro y violento pasado de los militares del gobierno de Fujimori, obtuvo el Premio Alfaguara de novela.
Memorias de una dama (2009) no circuló libremente en República Dominicana, aparentemente porque una de las líneas de la novela, la de Diana Medetti, trataría de un personaje real —Nelia Barletta de Cates, perteneciente a las familias más poderosas de ese país—, cuyos hijos estaban en contra de que se publicara. "El libro se distribuyó solo en tres países sin publicidad ni giras", ha señalado él mismo basándose en información entregada por la propia editorial.
En 2010 fue elegido por la revista británica Granta como uno de los 22 mejores escritores en español menores de 35 años.


Diego Trelles Paz, (Lima, 1977) 

Es  escritor, guionista, músico y organizador de revistas y antologías representante de la generación de los 2000, conocido por su teorización y práctica de la novela policíaca alternativa en América Latina y por sus investigaciones en torno a la vida y obra del novelista chileno Roberto Bolaño. En 2008 elaboró el prólogo de El futuro no es nuestro, editado por Eterna Cadencia, en Bs. As., una excelente antología sobre narrativa latinoamericana.



Daniel Alarcón (Lima, 1977).
Criado en Alabama, es de nacionalidad peruana y estadounidense. Actualmente vive en Oakland, California donde es el escritor visitante distinguido del Mills College.

Se le reconoce dentro de la legión de los mejores escritores jóvenes del Perú. Alarcón, se mudó a los Estados Unidos poco antes de la época de Sendero Luminoso, y fue criado desde los 3 años en Birmingham, Alabama, estudiando en el colegio Indian Springs en el condado Shelby en Alabama. Está graduado en antropología por la Universdad de Columbia, ha estudiado en Ghana y fue profesor durante dos años en Nueva York.

Le concedieron recientemente una beca Gugenheim, nominándole como "uno de los 21 novelistas jóvenes americanos" (GRANTA, Reino Unido) y uno de los 39 novelistas latinoamericanos (Bogotá, Colombia).

En su cuento Ausencia, trabajaremos el imaginario del migrante latinoamericano,  viendo las características, transformaciones, conflictos, reelaboraciones y relaciones del discurso de este sujeto migrante.

Mario Bellatin (Ciudad de México, 1960)

El mexicano Mario Bellatin  es otro gran escritor peruano: hijo de padres peruanos, Bellatin nació en México, pero  a los cuatro años de edad se fue con su familia a Perú, donde estudió Teología durante dos años y, después, Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Lima. Asegura: "Siempre escribo para saber quién soy", lo sacaron de México a los cuatro años, pero regresó finalmente  para desarrollar allí su obra literaria.

La obra de Mario Bellatin es marcadamente experimental, plantea un juego lúdico entre realidad y ficción, con referencias apócrifas, crónicas, biografías o documentos científicos o inventados, provocando así situaciones inverosímiles e incluso graciosas. Pero la crítica considera a este autor mexicano como "un autor de culto, inclasificable, extraño, raro", si bien para Mario nada de lo anterior tiene sentido. “A mí lo único que me importa es seguir escribiendo”, enfatiza. 




lunes, 23 de abril de 2012

Los amautas del Perú.




L
a cultura peruana es milenaria y sumamente rica. Por eso trabajaremos el tema en dos partes: los clásicos y los contemporáneos.


Los clásicos.


Para el estratificado y complejo universo inca, existían dos clases de educación: una dirigida para las clases altas, -hijos de los nobles y del Inca- impartida formalmente por los Amautas u hombres sabios, (del quechua: hamawt'a; 'maestro', 'sabio'),   y la otra para la población en general, -"Hatunrunas" (hombre común)-, que recibía conocimientos de sus familias, transmitidas de generación en generación.

La educación se impartía en los "Yachayhuasis" o Casas del Saber, lugares de aprendizaje ubicados en el Cusco donde los estudiantes nobles inscriptos asistían a estas escuelas de formación e instrucción (dirigidas a los futuros gobernantes) sobre  normas morales, religiosas, históricas y formas de gobierno en el Imperio Inca. También enseñaban ciencias matemáticas y conocimientos sobre la tierra y el universo (cosmovisión andina).


E
n la actualidad una de las periodizaciones de la cultura andina aceptadas es la que establece dos grandes etapas, una de autonomía (hasta 1530), y otra de dependencia externa (de 1530 hasta la actualidad), cuyo corpus más abundante y difundido se encuentra en idioma español.

Autonomía andina. La producción artística vinculada con el Imperio de los Incas tuvo manifestaciones en formas poéticas (en lengua quechua o runa simi) denominadas harawis (poesía lírica) y hayllis (poesía épica), a cargo de un aeda, denomidado harawec. Estas manifestaciones formaban parte del quehacer cotidiano: funerales, fiestas, parrandas nupcias, peleas, guerras, etc. estaban enmarcadas en una ritualización expresada a través del arte. Junto a la poesía también existieron relatos orales que expresaban la cosmología del mundo andino (mitos de creación, diluvio, etc.). Muchos de estos relatos han llegado a nuestros días por los trabajos de los primeros cronistas (como la del  Inca Garcilaso y la de Guamán Poma de Ayala, quienes recuperan la poesía quechua y relatan antiguos mitos, como el de las cinco edades del mundo).

La “otra” literatura.

L
a apertura real a esta tradición anterior a la conquista española, (largamente desconocida y con una  inclusión en el 'canon' oficial lenta),  surge en las primeras décadas del siglo XX con el aporte de estudios literarios y antropológicos que recopilaron y rescataron mitos y leyendas orales.


Uno de ellos, el de   Edmundo Bendezú (Literatura Quechua, 1980 y La otra literatura, 1986), quien  afirma que la “otra” literatura (hecha o escrita en quechua) se constituye, desde la conquista, en un sistema marginal opuesto al dominante (de vena hispánica) y postula la existencia permanente y cubierta de una tradición de cuatro siglos: “marginada y dejada de lado por el sistema escritural occidental, porque esta "otra" literatura es, como el quechua, plenamente oral.”









Influencia-y dependencia- externa.

Después de la conquista surge el Virreinato del Perú (que existirá durante 300 años), y cuya extensión cubría casi toda Sudamérica; con la fundación  de  la Universidad de San Marcos de Lima en 1551, -la primera en América-, y la  instalación de la primera imprenta comienza el impulso del desarrollo intelectual de los peruanos bajo esta influencia.

Se separa la sociedad colonial en dos repúblicas: república de Indios y republica de Españoles, y se establecen las Leyes de Indias que limitan la producción literaria a círculos de influencia principalmente hispánica, producida en las grandes ciudades por hijos de españoles (españoles americanos). La literatura se cultiva en círculos ilustrados, estrechamente vinculados con la Iglesia (que imparte la educación entre las élites sociales, ya que todos los colegios y convictorios estaban dirigidos por órdenes religiosas).

Ya en el siglo XIX, después de la independencia,  las primeras corrientes literarias del Perú fueron el costumbrismo y el romanticismo, hasta que, con la guerra del Pacífico, se advierte una lógica reacción contra el romanticismo y surge  una poesía que será precursora del modernismo, mientras que en la novela empieza a asomar el realismo. En las primeras décadas del siglo XX el modernismo, con sus formas estetizantes y su temática,  era la tendencia dominante en el cuento y la poesía. Es allí cuando  surge el poeta César Vallejo, quien, a partir de Los Heraldos negros y todas sus obras innovadoras en el lenguaje, centradas en la angustia y en la condición humana, van marcando una forma de denuncia social y cariz político.

Indigenismo o las novelas de la tierra.

El Indigenismo es una corriente cultural, política y antropológica concentrada en el estudio y valoración de las culturas indígenas, y el cuestionamiento de los mecanismos de discriminación y etnocentrismo en perjuicio de los pueblos indígenas. De las escuelas o corrientes en literatura del periodo nacional, comienza a prevalecer el indigenismo. Esta perspectiva, luego de la liquidación de las elites indígenas, (en la segunda mitad del siglo XVIII al ser derrotada la revolución de Túpac Amaru), encuentra nuevamente receptividad en el siglo XX, pero sus causas se remontan a la época de la conquista, a los inicios de la resistencia frente a los invasores y encuentra sus fuentes, sus raíces, en las culturas autóctonas y en el legado libertario de la modernidad.
La explicación de su larga duración y de su proyección futura reside quizás en, como diría Mariátegui, “la nacionalidad peruana se está construyendo sobre cimiento andino”.

En la narrativa regionalista hispanoamericana  -marcadamente realista-, se destacaron las llamadas  “novelas ejemplares de América”: Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos,  Don Segundo Sombra, de Ricardo Güiraldes,  La vorágine, de José Eustasio Rivera, y para muchos también se incluyen Los de abajo, de Mariano Azuela y El mundo es ancho y ajeno,  del peruano Ciro Alegría.

Alegría es considerado una de las figuras más  representativas de la literatura latinoamericana y como tal es reconocido por la mayoría de sus contemporáneos. Al producirse luego  la aparición de los narradores del “boom”, Alegría será encasillado  como uno de los representantes de un arte de narrar ya fuera de época: la  novela de la  tierra, a la que Vargas Llosa llegó a calificar de “novela  primitiva” en oposición a la “novela de creación” producida por los  entonces flamantes narradores del “boom”.
Esta evaluación, -para algunos críticos parricida-, si bien comprensible como autoafirmación de  un nuevo grupo de escritores que buscaba abrirse paso en la literatura latinoamericana, dio lugar sin duda a una distorsión de la llamada “novela de la tierra” o narrativa regionalista, pero sin la cual no habrían sido viables los  éxitos posteriores de los nuevos narradores y su “boom”  editorial.

Esta actitud polémica prejuiciosa llevó al propio  Mario Vargas Llosa a incurrir en un error, rectificado por Alegría: Vargas Llosa le reprochó no haber logrado recrear  mediante su escritura el habla quechua de los campesinos, como sí  lo había logrado Arguedas,a lo que Alegría replicó lapidariamente  que él, como modesto escritor realista, tenía que limitarse a representar el lenguaje de los campesinos de una región en la que hacía  mucho tiempo no se hablaba quechua.

(Sin embargo,  al morir Ciro Alegría, Vargas Llosa tuvo la nobleza de rectificar su juicio y proclamar a Alegría “el punto de partida de la literatura narrativa moderna peruana y nuestro primer novelista clásico”,  destacando en especial a la novela El mundo es ancho y ajeno.

Fuente: García-Bedoya Carlos. La recepción crítica de la novelística de Ciro Alegría: una aproximación, Universidad Nacional Mayor de San Marcos.


Ciro Alegría (1909/1967): El mundo es ancho y ajeno.

Hijo de hacendados ricos y blancos, él se consideraba un cholo serrano, ya que nació en la sierra y convivió durante sus primeros años con indios y cholos, peones y empleados de los inmensos latifundios pertenecientes a su familia. De ese recuerdo de su infancia y de los relatos que oyó entonces nacieron sus grandes novelas indigenistas. De sus padres recibió una educación liberal, que contrastaba con aquel ambiente en que creció.´

El mundo es ancho y ajeno es también la primera gran novela peruana de dimensión universal.
La novela narra los problemas de la comunidad andina de Rumi, liderada por su alcalde Rosendo Maqui, quien enfrenta la codicia del hacendado blanco don Álvaro Amenábar y Roldán, quien finalmente les arrebata sus tierras. «Váyanse a otra parte, el mundo es ancho», dicen los despojadores a los comuneros. Estos buscarán entonces un nuevo lugar donde vivir. Pero si bien es cierto que el mundo es ancho o inmenso, siempre será ajeno o extraño para los comuneros. La experiencia trágica de muchos de ellos que van a ganarse la vida a otros lugares, -lejos de las buenas tierras, y se los manda a una alturas llenas de piedras donde casi no se puede cultivar, (como hemos visto también en cuentos del mexicano Juan Rulfo: por ejemplo Nos han quitado la tierra)- sufriendo la explotación, padeciendo enfermedades y la muerte, lo demostrará.

Para el hombre andino la comunidad es el único lugar habitable. Ahí radica el poder de  la novela: La comunidad es el único espacio en el Ande en el que el campesino puede ser completamente feliz. Es un sitio privilegiado donde persisten los ideales de solidaridad y donde el hombre aún puede ser auténtico. Rumi es el único lugar en el que se puede ser feliz y por ese motivo el resto del mundo es «ancho y ajeno».

La lectura de la obra de Alegría vuelve a hacer circular la dicotomía barbarie/civilización, planteada por Domingo F. Sarmiento en Facundo
En este esquema de pensamiento, la barbarie está representada por el campo y la civilización por los núcleos urbanos, permeables a la influencia europea y con una marcada tendencia a asumir la idea occidental de cultura como principio rector de la sociedad. Como consecuencia de esta imposición hegemónica, el otro, el que habita el campo, tiene una concepción distinta del tiempo y la vida, apela al mito y al animismo para explicar su posición en el mundo, y pasa a ser el blanco de la incomprensión y el desdén por parte del poder dominante, que se arroga la misión de modernizar a estas masas sin mostrar respeto alguno por sus creencias, su cosmovisión, en suma su cultura. 

En El mundo es ancho y ajeno, el conflicto abandona la escena local para simbolizar el enfrentamiento de dos concepciones de comunidad, de vida nacional: la campesina, por un lado, y la del Estado, por otro. El mundo es ancho y ajeno puede leerse como la despedida de un universo debido a la modernización que ha transformado a  Perú, y al mismo tiempo, como un llamado de atención a los sectores dominantes, bajo la forma de una defensa ética y cultural de una conciencia que el poder occidental no admite como válida.
En general, todas las novelas de Alegría defienden la integración de todos los peruanos en la sociedad, y denuncian las miserias y la injusticia social sufrida por los más humildes, especialmente, por los indios.


La influencia de Mariátegui  sobre los dos narradores esenciales del Indigenismo: Ciro Alegría y  José María Arguedas.

José Carlos Mariátegui (1895 - 1930), fue un escritor, periodista, y filósofo marxista peruano. Autor prolífico a pesar de su temprana muerte, El Amauta, (nombre con el que también es conocido en su país, y el de su revista teórica) es considerado el pionero de los estudios marxistas aplicados a la realidad latinoamericana, destacando entre todas sus obras Los 7 ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana, obra de referencia para la intelectualidad del continente.


Mariátegui se adscribe al marxismo, encontrándose similitudes con el pensamiento de Antonio Gramsci, especialmente en lo que atañe a la importancia de la superestructura cultural no como mero "reflejo", sino desde la valoración de sus potencialidades revolucionarias para generar contrahegemonía. Enfatizará  el papel de las masas indígenas como el auténtico "proletariado" del continente y pregonará la necesidad de una revolución socialista, -influenciado por el sindicalismo radical de Georges Sorel-.



Su visión del país.

La Conquista escindió la historia del Perú, y también la economía. Antes de la llegada de los españoles existía una economía indígena, bastante sólida, la cual desarrollaba el impulso individual pero también el hábito de la obediencia al deber social.
La Conquista instauró así una economía de carácter feudal. No buscaban desarrollar una economía sólida sino sólo la explotación de los recursos naturales. Es decir, los españoles no se formaron como una fuerza colonizadora (como los ingleses en Estados Unidos), sino que se constituyeron como una pequeña corte, una burocracia. Este sistema terminó determinando la economía republicana.


Para Mariátegui, con el surgimiento de la figura del  gamonal, se invalida inevitablemente toda ley u ordenanza de protección del indígena o del campesino. El gamonal es una pieza en la estructura de la administración centralizada: es el jefe local de uno de los partidos políticos de influencia nacional y es el eslabón fundamental en la cadena de una de las muchas clientelas del sistema político. El poder central recompensa al gamonal al permitirle disfrutar de innumerables contratos y al dejar en sus manos las regalías que produce la explotación de recursos naturales por las multinacionales e innumerables contratos para complementarlas.

El gamonalismo es un término que empezó a acuñarse y usarse a mediados del siglo XIX en el sur andino peruano para designar a hacendados advenedizos, sin casta de cuño colonial y sin mayor refinamiento, que expandieron sus tierras y su poder socio-político a costa de expropiar por medios ilícitos y violentos a los comuneros de los ayllus indígenas. El término deriva del nombre de "una planta perenne, virtualmente indestructible, de la familia de las liliáceas, el GAMÓN, [que] crece inclusive en los terrenos más duros y a veces es clasificada como una planta parásita, cuyo crecimiento y propagación se da en detrimento de sus vecinas menos agresivas".






Duelo de caballeros, de Ciro Alegría: Un duelo de faites.

A fines de 1932, el entonces joven escritor y militante aprista Ciro Alegría fue detenido durante la ola represiva que siguió a la rebelión de Trujillo, y recluido en la penitenciaría de Lima, donde no tardó en enterarse de la presencia de varios delincuentes notables.
Uno de  ellos era Emilio Willman, “Carita”, el protagonista de un legendario duelo a cuchillo sostenido con otro renombrado delincuente, Cipriano Moreno, “Tirifilo”, en 1915, y que culminó con la muerte de este último. Alegría quedó fascinado con la historia que Willman le contó cuando se conocieron, mientras hacían cola en la enfermería de la prisión, y tomó notas. Así nació “Duelo de caballeros,” un cuento que Alegría escribió en 1953 y publicó por primera vez en Cuba en 1961.
La famosa pelea entre Carita y Tirifilo fue en realidad un duelo de faites. Esta expresión –cuyo uso continúa hasta el día de hoy– designaba, a comienzos del siglo XX, a individuos que llevaban una vida al margen de la ley, mostraban una particular destreza para la pelea, especialmente con arma blanca, se reclamaban valientes y “guapos”, y adherían a ciertos códigos de conducta –respeto a la palabra empeñada ,  defensa  del  honor , cierta caballerosidad en sus actos– que los hacían respetables no sólo en el mundo criminal sino también a los ojos de ciertos sectores de la población “decente” y las a u t o r i d a d e s   j u d i c i a l e s   y policiales. Los faites vivían y reinaban en el submundo de la prostitución, el alcohol, y el juego.

Aunque los faites merecían comentarios generalmente adversos por parte de periodistas y escritores, es imposible no detectar un cierto grado de admiración, algo que será evidente también en el cuento de Ciro Alegría.

Los faites reinaban en ciertas zonas de Lima, especialmente  en el barrio de Malambo. Ubicado en los extramuros de la ciudad, estuvo poblado por indios, negros y españoles pobres que habitaban en rústicas viviendas. Ser identificado por otros como un faite de Malambo contribuía a proyectar una aureola de valor y temibilidad que los ayudaba a encumbrarse dentro de las jerarquías existentes en el submundo criminal.

La versión de Ciro Alegría, basada en sus propios recuerdos de lo que Carita le contó en la prisión, refiere que Tirifilo fue a buscar a Carita para proponerle un negocio. Cuando la madre de este le dijo a Tirifilo que Carita no estaba en casa, aquel montó en cólera creyendo que ella lo estaba ocultando y empezó a proferir insultos contra Carita y su madre. Al volver a casa y enterarse de las ofensas de Tirifilo, Carita salió en su busca y lo desafió a pelear.
“Por esos años –fines del siglo XIX y comienzos del XX— se produce en Perú y otros países de América Latina, (y Borges lo refleja ampliamente en algunos de sus cuentos de cuchilleros), una intensa actividad duelística. El duelo gozaba todavía de atractivo para una buena parte de la población – y especialmente la clase política- como un recurso legítimo y necesario cuando de por medio estaban el honor y la hombría.” Así terminaron los días de este personaje que, en su momento, representó el culto a la bravura, el ejercicio privado de la violencia, la ley del más fuerte, el despliegue de hombría como condición para ser respetado en una sociedad abiertamente jerárquica y machista.
Carita fue uno de esos héroes trágicos que la cultura popular se empeña en idealizar y los representantes del país oficial insisten en denigrar. Ni héroe admirable ni desechable escoria, Carita fue un ser humano atrapado en las contradicciones y miserias de su época, tratando de sobrevivir en un mundo en el que aquellos de su extracción social y racial parecían condenados a la marginación y el desprecio.



J


osé María Arguedas (1911/1969)
Escritor y etnólogo peruano, renovador de la literatura de inspiración indigenista (el neo indigenismo),  y uno de los más destacados narradores peruanos del siglo XX.


Sus padres fueron el abogado cuzqueño Víctor Manuel Arguedas Arellano, que se desempeñaba como juez en diversos pueblos de la región, y Victoria Altamirano Navarro. En 1917 su padre se casó en segundas nupcias (la madre había muerto tres años antes). Al poco tiempo el padre fue cesado como juez por razones políticas y hubo de trabajar como abogado itinerante, dejando a su hijo al cuidado de la madrastra y el hijo de ésta, quienes le daban tratamiento de sirviente.

En 1921 se escapó con su hermano Arístides de la opresión del hermanastro. Se refugiaron en la hacienda Viseca, donde vivieron dos años en contacto con los indios, hablando su idioma y aprendiendo sus costumbres, hasta que en 1923 los recogió su padre, quien los llevó en peregrinaje por diversos pueblos y ciudades de la sierra, para finalmente establecerse en Abancay.

La circunstancia especial de haberse educado dentro de dos tradiciones culturales, la occidental y la indígena, unido a una delicada sensibilidad, le permitieron comprender y describir como ningún otro intelectual peruano la compleja realidad del indio nativo, con la que se identificó de una manera desgarradora.

Por otro lado, en Arguedas la labor del literato y la del etnólogo no están nunca totalmente disociadas, e incluso en sus estudios más académicos encontramos el mismo lenguaje lírico que en sus narraciones. Y aunque no era diestro en el manejo de las técnicas narrativas modernas, su literatura (basada especialmente en las descripciones) supo comunicar con gran intensidad la esencia de la cultura y el paisaje andinos.

Arguedas vivió un conflicto profundo entre su amor a la cultura indígena, que deseaba se mantuviera en un estado `puro`, y su deseo de redimir al indio de sus condiciones económicas y sociales. Probablemente debido a  la añoranza a las formas tradicionales de la vida andina hizo que postulara un estatismo social, en abierta contradicción con su adhesión al socialismo.

Su obra revela el profundo amor del escritor por la cultura andina peruana, a la que debió su más temprana formación, y representa, sin duda, la cumbre del indigenismo peruano. Dos circunstancias ayudan a explicar la estrecha relación de Arguedas con el mundo campesino. En primer término, que naciera en una zona de los Andes que no tenía mayor roce con estratos occidentalizados, en segundo lugar, que a la muerte de su madre, su madrastra lo obligara a permanecer entre los indios. De esa manera asimiló la lengua quechua, y lo mismo sucedió con las costumbres y los valores éticos y culturales del poblador andino.

Esta precoz experiencia, vivida primero y simbolizada en su escritura por la oposición indios/señores, se vería más tarde reforzada con los estudios antropológicos. Como resultado de esta trama, la vida de Arguedas transcurrió entre dos mundos no sólo distintos, sino además en contienda. De allí surgió su voraz voluntad de interpretar la realidad peruana, la permanente corrección de sus ideas sobre el país y la definición de su obra como la búsqueda de una imagen válida de éste.

Ya desde sus primeros relatos se advierte la problemática que terminaría por presidir toda su escritura: la vida, los azares y los sufrimientos de los indios en las haciendas y aldeas de la sierra del Perú. Allí también se presenta esa escisión esencial de dos grupos, señores e indios, que será una constante en su obra narrativa. El espacio en que se desarrollan sus relatos es limitado, lo que permite a esta oposición social y cultural mostrarse en sus aspectos más dramáticos y dolorosos.

Su primer libro reúne tres cuentos con el título de Agua (1935), que describen aspectos de la vida en una aldea de los Andes peruanos. En estos relatos se advierte el primer problema al que se tuvo que enfrentar en su narrativa, que es el de encontrar un lenguaje que permitiera que sus personajes indígenas (monolingües quechuas) se pudieran expresar en idioma español sin que sonara falso. Ello se resolvería de manera adecuada con el empleo de un “lenguaje inventado”: sobre una base léxica fundamentalmente española, injerta el ritmo sintáctico del quechua.

En Agua los conflictos sociales y culturales del mundo andino se observan a través de los ojos de un niño. El mundo indígena aparece como depositario de valores de solidaridad y ternura, en oposición a la violencia del mundo de los blancos.
En Los ríos profundos, de 1958, propone la dimensión autobiográfica como clave interpretativa. En esta obra se nos muestra la formación de su protagonista, Ernesto (que recobra el nombre del niño protagonista de algunos de los relatos de Agua), a través de una serie de pruebas decisivas. Su encuentro con la ciudad de Cuzco, la vida en un colegio, su participación en la revuelta de las mujeres indígenas por la sal y el descubrimiento angustioso del sexo son algunas de las etapas a través de las cuales Ernesto define su visión del mundo.


El mundo de los indios asume cada vez más connotaciones míticas, erigiéndose como un antídoto contra la brutalidad que tienen las relaciones humanas entre los blancos. Esta novela recibió en el Perú el Premio Nacional de Fomento a la Cultura «Ricardo Palma» (1959) y fue finalista en Estados Unidos del premio William Faulkner (1963). Desde entonces creció el interés de la crítica por la obra de Arguedas y en las décadas siguientes el libro se tradujo a varios idiomas.

Marcó el comienzo de la corriente neoindigenista, ya que  presentaba por primera vez una lectura del problema del indio desde una perspectiva más cercana. La mayoría de los críticos coinciden en que esta novela es la obra maestra de Arguedas.
El título de la obra (en quechua Uku Mayu) alude a la profundidad de los ríos andinos, que nacen en la cima de la Cordillera de los Andes, pero a la vez se refiere a las sólidas y ancestrales raíces de la cultura andina, la que, según Arguedas, es la verdadera identidad nacional del Perú.

En estos últimos años Arguedas es revalorizado como parte sustancial de la dinámica de un país multicultural, debido al proceso literario protagonizado por autores que sitúan su obra en los límites de la cultura andina, rescatándola como forma artística producto de la especificidad de la cultura peruana y su problemática. Los escritores contemporáneos que se reconocen en esta tendencia reclaman, por un lado, la herencia de la obra de José María Arguedas y, por otro, denuncian la discriminación de su obra por parte de críticos y medios de comunicación de orientación "criolla", o culturalmente más afines con el sistema económico globalizado, que rige la administración de los llamados "bienes culturales". Ya lo analizaremos cuando trabajemos a los autores contemporáneos.


Warma Kuyay (o Amor de Niño): la cosmovisión andina desde la perspectiva de Arguedas.

Arguedas elige la lengua del "otro": la lengua marginada y desprestigiada entre los que detentan el poder; la lengua quechua frente a la castellana.

La injusticia presente en el mundo andino durante la época de la Colonia se refleja en el cuento: el hacendado, descendiente de españoles, viola a Justina, la india más bonita de la hacienda. Su crimen queda impune porque los indios no tienen derechos frente al hacendado Don Froilán quien abusa de su inmenso poder.
Kutu, el novio de Justina, le cuenta la triste noticia a Ernesto quien no comprende la "resignación" e impotencia de Kutu y por eso lo acusa de cobarde por no querer vengarse del hacendado y más bien hacerlo en el cuerpo inocente de los animales.
En la actitud de Kutu vemos reflejada una concepción dualista y fatalista del mundo : No puede vengarse del hacendado porque se sabe inferior en la escala social y también sabe que lo que hizo don Froilán es injusto y entonces se venga en los animales y al hacerlo se castiga a sí mismo por su impotencia y su "cobardía". En la retórica del fracaso de Kutu observamos que él también sufre con cada animal que maltrata y asesina. Él sufre en cada una de sus víctimas su propia muerte y la muerte que desearía para don Froilán.

El amor imposible que siente Ernesto y su crisis de identidad pueden ser interpretados como el dolor que siente el hombre del Ande y el mestizo en general, por estar en una cultura diferente a la suya, por sentir la suya discriminada y a veces invisible. Ernesto representa al mestizo que no se ubica existencial, social, ni culturalmente en ninguna parte.
Kutu y Justina representan al hombre del Ande que vive al margen del resto de la sociedad y que sólo tiene a los cerros como protección frente a las iniquidades de los hombres que en base a la injusticia quieren legitimizar su poder, como en el caso específico de don Froilán.



La cosmovisión andina reflejada en el cuento:

  1. Tanto el espacio como el tiempo eran considerados sagrados en la cosmovisión incaica. La concepción del espacio era de acuerdo a los mitos reproducidos por las crónicas, básicamente dualista. Esta dualidad se expresaba en la división del espacio horizontal en Hanan y Urin; el mundo de arriba y el mundo de abajo, respectivamente.
  2. Entre los dioses más importantes había una diosa telúrica: Pachamama, la madre-tierra, identificada en las crónicas y en el presente, con una niña, divinidad productora de alimentos. Y respondiendo a esta concepción dualista del mundo, los Incas tenían también una divinidad celeste: Wiraqocha, dios con características solares.

  1. En la cosmovisión Inca todo estaba dividido en femenino y masculino. Existían relaciones "fraternales" con los elementos del entorno natural; las personas se consideraban hermanos y hermanas de las montañas y las rocas, por ejemplo. 

  1. En las categorías culturales andinas todo estaba en equilibrio, el orden del  cosmos era importante, había una simetría y todos los elementos tenían un correlato; los elementos sin pareja no existían en la filosofía o en la estética Inca. El sistema social estaba basado en la reciprocidad.

  1. Los Incas ofrecían sacrificios a los dioses. Se sacrificaban animales; llamas y cuyes y también se hacían sacrificios humanos. La fiesta del Cápac Hucha es un ejemplo claro de los sacrificios humanos efectuados por los Incas. Siguiendo esta concepción simétrica del mundo donde el equilibrio es fundamental, cada vez que moría o enfermaba un Inca se sacrificaban niños. Estos niños eran de belleza excepcional y reputada pureza y sus edades fluctuaban entre los 6 y 10 años. Los Incas creían en una vida posterior, en realidad pensaban que los niños se reunirían con los ancianos. Era un gran honor para los padres de los niños que sus hijos fueran escogidos para ser sacrificados. El sacrificio de estos niños restablecía el equilibrio perdido por la muerte del Inca reinante o el equilibrio amenazado por la enfermedad del monarca de turno.

  1. El tiempo en la cosmovisión andina era cíclico y esto fue presentado por los cronistas, a través de sucesivas edades del mundo.

Fuente: "COSMOVISIÓN ANDINA EN EL RELATO WARMA KUYAY DE JOSÉ MARÍA ARGUEDAS", de M. Elvira Luna Escudero-Alie (Georgetown University)

domingo, 15 de abril de 2012

Bolivia


Test


¿Qué es Bolivia?
¿Un conglomerado de cadáveres?
¿Un colectivo lleno de militares?
¿Una masa enorme de tierra silenciosa?
¿Una planicie de rostros terrosos?
(Impasibles miradas cansadas de esperar)
¿Una altitud de cartón-piedra?
¿Una caída vertical de la pobreza a la nada?
¿Un grupo de niños pijes de anchas corbatas?
¿Una cadena de resentimientos y mentiras?
¿Un puñado de crímenes detrás de la basura?
¿Un niño muerto en una caja de zapatos?
¿Un libro de poemas que arde porque sí?
(Porque invade la sangre de quien lo lee)
¿Un escritorio, dos escritorios, tres escritorios?
¿Una tienda de campaña?
¿Una lluvia pasajera?
¿Un costal de títeres quemados?
¿Un periodista que siempre cae parado?
(Como trípode con un rollo de dólares
que le alegra el ano)
¿Una página menos, siempre tan lejos
de la historia?
¿Un grupo de universitarios confundidos?
¿Un poema, dos poemas, este poema?
Escoja solamente diecinueve respuestas.
Ni una menos.

Alfonso Gumucio Dagron (1950 - )


 Un poco de historia.

Bolivia registra evidencias  de ocupación humana desde el 12.000-10.000 a.C. en el Yacimiento de Viscachani, es decir, es la segunda en antigüedad en Sudamérica, después de Perú. Desde esa época se van desarrollando diversas culturas sedentarias en el altiplano, como los aymaras, urus, collas, lupacas, y pacajes, y van estableciendo dominios, como la de los aymaras.
Luego los Incas  conquistan el altiplano boliviano e intentan sin éxito conquistar el oriente boliviano, habitado por etnias de linajes amazónidos y pámpidos. En las regiones orientales de Moxos y Baures, entre los siglos IV a. C. y XIII d. C., se desarrolló la Cultura Hidráulica de las Lomas, la más extensa del continente americano.
El primer europeo en llegar al actual territorio de Bolivia fue Diego de Almagro en 1535, después de partir del Cuzco con el fin de conquistar Chile. Muerto Almagro, Francisco Pizarro envió a su hermano Gonzalo a conquistar y colonizar la región del Collasuyo. Aparecen las primeras ciudades: Chuquisaca (actual Sucre) en 1538, Potosí en 1546, La Paz en 1548, Santa Cruz de la Sierra en 1561 y Cochabamba en 1571.
Por más de doscientos años se conoció a Bolivia  también como la Real Audiencia de Charcas, (el más alto tribunal de la Corona española en la zona conocida como Charcas, llamada tardíamente Alto Perú -hoy Bolivia- porque, entre otras cosas, prometía impensables cantidades de plata, abundante en sus minas y clasificada  (empezando la segunda década del mil seiscientos), como la mayor productora de este mineral en el mundo. Así, la ciudad de Potosí albergaba la fama de un Londres o un Nueva York hoy en día, ya que incluso llegó a ser la ciudad más poblada de América. De esta forma, es como Bolivia se ancla en la producción minera por naturaleza y la agrícola como complementaria de la primera.
 Luego de su independencia, Bolivia  se sumerge en un mar de revoluciones y guerras civiles durante más de cincuenta años. Esa constante agitación política que ha vivido a lo largo de su historia (revoluciones, golpes de estado, dictaduras, guerras civiles, guerras con países vecinos) la ha marcado indefectiblemente.
 Sus tierras han sido invadidas por casi todos sus vecinos limítrofes. Desde 1828, peleó frente a la invasión peruana; luego, en 1837 contra Argentina. Un año más tarde, en la batalla de Yungay con el Perú una vez más.
En 1879, la guerra que les marcaría el corazón, guerra del Pacífico, en la que pierde la salida al mar. Entre las guerras más importantes, cabe mencionar que también tuvo una guerra con el Brasil, que desembocó, como todas las anteriores y las siguientes, antes de su época democrática, en la pérdida de parte del territorio. En 1932, Bolivia vivió un nuevo conflicto sangriento contra Paraguay: la guerra del Chaco se extendió durante un periodo de tres años y, como siempre, produjo una significativa reducción de sus fronteras. Confinada a la mediterraneidad, la dolorosa experiencia del Chaco marcó cicatrices profundas en los jóvenes intelectuales que sobrevivieron a la campaña. Surge así una literatura de la angustia y la desesperación, una novela de la frustración y el fracaso.

 Muchos escritores tuvieron que emigrar o fueron ahogados por la convulsión interna. Sin embargo, en los últimos años la literatura de Bolivia se encuentra en un proceso de crecimiento, añadiéndose a los nombres canónicos como Adela Zamudio, Óscar Alfaro y Franz Tamayo, muchos otros de autores recientes.

LA NARRATIVA CONTEMPORANEA DE BOLIVIA
En líneas generales el punto de partida para la narrativa boliviana contemporánea podría surgir inmediatamente después de la guerra del Chaco de 1932.

Tiene seguidamente su significativo desarrollo durante la Revolución del 52 y en sus secuelas posteriores más escabrosas.

Otra etapa se genera como consecuencia de la Guerrilla del Che Guevara en Ñancahuazú y finalmente, la literatura del periodo de las dictaduras que se gesto en la clandestinidad, en el exilio y actualmente en el restablecimiento de la democracia.

El sacrificio inútil de toda una generación muerta en el holocausto de la miseria, el infierno de la naturaleza, la irresponsabilidad de militares y gobernantes se plasma en páginas de punzante realismo donde predomina la anécdota de los episodios de la guerra.
Lo grotesco, político, social, las dictaduras, el exilio, la resistencia popular, la lucha estudiantil y militante son los temas de predilección.

Y la gran ciudad con todas sus plagas de prostitución, corrupción, narcotráfico, drogadicción, miseria, alcoholismo, politiquería y negociados conservan un lugar preponderante en los motivos argumentales.


Céspedes: La Post-guerra y las ideas nacionalistas

Augusto Céspedes, (Cochabamba, 1904 /1997), periodista, escritor y político boliviano, uno de los escritores más significativos de la llamada «generación del Chaco» y de la revolución de 1952.
Céspedes obtuvo el título de abogado, pero comenzó a destacarse en su labor como periodista y columnista. Escribió para periódicos como El Diario y El Universal.

La Guerra del Chaco, entre Paraguay y Bolivia, se libró desde setiembre del año 1932 hasta junio de 1935, por el control del Chaco Boreal. La aridez y escasa población de ese territorio hizo que, desde la época colonial, nunca se definieran sus límites en cuanto a la dependencia política-administrativa. Recién después de que Bolivia perdió la salida al océano Pacífico, como consecuencia de la Guerra del Pacífico (1879), esa región adquirió un valor estratégico para ese país. La ocupación del Chaco Boreal era ahora necesaria para salir al río Paraguay y por esa vía tener acceso al océano Atlántico. Otra de las causas fue la supuesta existencia de petróleo en el subsuelo chaqueño según la Standard Oil, que ya los explotaba en Bolivia.
Fue la guerra más importante en el continente sudamericano durante el siglo XX. Bolivia movilizó, en los 3 años de duración, 250 000 soldados y Paraguay 150 000, que se enfrentaron en combates en los que hubo gran cantidad de bajas (60 000 bolivianos y 30 000 paraguayos), gran cantidad de heridos, mutilados y desaparecidos. Los distintos tipos de enfermedades, tanto físicas como psicológicas, la característica hostil del teatro de operaciones y la falta de agua y buena alimentación afectaron la salud de los sobrevivientes, a muchos de por vida.
La guerra consumió ingentes recursos económicos de ambos países, de por sí muy pobres. Años después de concluido el conflicto, se descubrió que no existían yacimientos petrolíferos, aparte de los que ya se habían descubierto en la pre-cordillera boliviana lindante con el Chaco.

Al finalizar la guerra, Céspedes publicó Sangre de mestizos (1936), una colección de relatos cuyo argumento gira en torno a la temática de la guerra del Chaco. La narrativa de Sangre de mestizos, es utilizada por Céspedes para mostrar el extremo de barbarie al que se había llevado a la sociedad boliviana, en función de los intereses de las minorías elitistas. Céspedes identificó al mestizo como el nuevo ciudadano boliviano, que asumió su identidad luego de enfrentar su realidad en la guerra.
El relato más célebre de Sangre de Mestizos probablemente sea "El pozo", el cuento que trabajaremos, y es una metáfora sobre la inutilidad absoluta de la guerra, lo absurdo del conflicto que moviliza a miles de personas que no saben por lo que mueren. En este y otros relatos Céspedes describe el desencuentro entre el boliviano y el territorio en el que combate: hostil y ajeno, de un calor sofocante y panorama inhóspito. "El pozo" ha sido considerado como uno de los mejores cuentos de la literatura boliviana, publicado en varias antologías.






Bolivia actual.

En la actualidad hay una nueva generación  –escritores nacidos en las décadas del setenta y el ochenta– que  se ha iniciado con obras prometedoras, con muchas perspectivas para colocar a Bolivia en un lugar más relevante en el panorama de la literatura latinoamericana. Podemos señalar a Gabriel Chávez Casazola, Juan Pablo Piñeiro, Rodrigo Hasbún (Cochabamba, 1981), Maximiliano Barrientos (Santa Cruz, 1979) y Giovanna Rivero (Santa Cruz, 1972).
 ¿Existe algún tema literario boliviano por excelencia?  Giovanna Rivero dice en una entrevista:
 Existió, pero creo que ha ido mutando en los últimos años. La mina fue el gran tema de fines del Siglo XIX y comienzos del XX, y todavía ha tenido sus remanentes en narrativas como la de Edmundo Paz Soldán y la mía propia. Pienso en el cuento "Azurduy", de Paz Soldán, que retrata al minero desde la mirada urbana, pero que de todas maneras retoma uno de los arquetipos bolivianos centrales, fuertemente descriptivos de la colonia. Sin embargo, el minero ha mutado hacia otros personajes que también viven "bajo tierra", respirando oxígeno viciado, personajes saenzianos, casi góticos... Detectives andinos, aparapitas, vampiros híbridos, solitarios jóvenes cruceños que nacen marcados, mujeres profundamente solas... Actualmente, ¿cuál es el tema? Por suerte no existe "el tema", en singular, y no quiero caer en una respuesta fácil que apele a lo universal como la omni explicación de todo, pero creo que en Bolivia el deseo por narrar individualidades desmarcadas de las macroestructuras (locales) es relativamente nuevo. Habrá que ver si esa dirección de la flecha se interrumpe con un proceso político altamente homogeneizador.

El relato de migración.
Dice Josefina Ludmer en Aquí América Latina: “Los relatos de migración de sudamericanos al primer mundo cuentan una travesía radical: el pasaje de la nación a la lengua. Pueden narrar un exilio político, económico, universitario, para seguir a su pareja, para escapar de la policía, etc. En los relatos latinoamericanos la primera discriminación es la lingüística: los inmigrantes universitarios trabajan con la lengua y sufren la diferencia lingüística.
En la caída y el relato de migración, en el camino de la nación a la lengua, los sujetos sufren la experiencia a veces trágica de convertirse en nadie o en otro: en el latino, el hispano, el sudaca, el bolita. El emigrado latinoamericano sería entonces, paradojalmente, uno de los sujetos nacionales de la globalización. Porque está desnacionalizado y desterritorializado puede ser un representante de lo nacional latinoamericano hoy.”

Giovanna Rivero.

Giovanna Rivero nació en 1972 en Santa Cruz de la Sierra, pero ha viajado para estudiar por Bolivia y también a los Estados Unidos. Dice “Yo siempre viajo con mi "ajayu". El problema es que a veces lo dejo olvidado en esas nuevas ciudades y me cuesta un montón regresar, volver a adaptarme”. El ajayu, para la cultura aymara, es el principal de los 'espíritus' que tiene el hombre. Está relacionado con la conciencia, con el razonamiento y también con la fuerza vital.
Ha escrito una novela y varios libros de cuentos, entre los que se destacan Contraluna (2005) y Sangre dulce (2006). En sus cuentos los personajes están siempre poseídos por pasiones extremas y deambulan por el mundo expresándose con fuerza: hay olores intensos y la sangre nunca está muy lejos de la superficie. Más que la ironía, abunda el sarcasmo, el humor negro. Puede haber algún golpe de efecto al final, pero éste nunca es gratuito. 


La mujer como un ser que no sólo ama sino que es también capaz de desear con más fuerza que los hombres es un tema hace rato presente en la literatura latinoamericana. A la narrativa boliviana le ha costado liberarse de sus represiones; le han faltado más voces como la de Rivero. En su obra, el deseo se expresa en la pulsión sin ambages de la carne. Esto le ha valido la crítica de algunos que aceptan esas expresiones cuando se trata de un escritor, pero las encuentran “chocarreras” si quien las escribe es una mujer. Lo irónico de esta lectura tan tradicional está asumido en la escritura de Rivero: ella sabe que esos críticos están condenados a rechazarla. En la constante lucha entre los sexos que aparece en su narrativa, la tibieza masculina poco puede ante el exceso femenino. Los hombres y las mujeres están destinados a desencontrarse: son más las cosas que los separan que las que los unen. No es que no quieran entenderse: lo que ocurre es que no pueden.

Trabajaremos cuentos de Giovanna, de su libro Tukzon: historias colaterales. Postmoderna, con elementos de la crónica periodista, la ciencia ficción, el ensayo, la ficción tautológica, la narrativa de Rivero es a ratos sarcástica, a ratos nihilista, pero también tierna y comprometida con las luchas de los desfavorecidos pero de una nueva manera, sin las ingenuidad de las generaciones anteriores.

El estilo de Rivero es de un fluido ritmo punzante, mezclando descripciones y observaciones filosóficas con una soltura admirable. Los cuentos de Tukzon van, de a poco, armando una novela: la historia de una periodista de una revista freak, a la que se le ha pedido escribir una reportaje sobre los "coyotes". Tukzon transcurre en un Estados Unidos en el que el futuro ya es el presente: no es un libro de ciencia ficción, pero sí uno sobre, entre otras cosas, el impacto del imaginario de la ciencia ficción en la vida cotidiana.

Nada en este libro de choques de culturas es casual. El título, por ejemplo, tiene una explicación rebelde: "Escribo Tukzón para no olvidar cómo no se pronuncia. Las extranjeras tenemos líos con esa pronunciación. De hecho, quieren que nos comamos la K. Por eso mismo escupo la K". Los textos se desplazan por algunos de los paisajes más emblemáticos de los Estados Unidos -Miami, New York, el Sur, el Midwest--, y aparecen, en frecuente colisión, policías y polizontes, presidentes e inmigrantes ilegales, escritoras becadas y jóvenes extraviadas. Los personajes extrañísimos se suceden sin descanso, y todos tienen una razón de existir más que justificada: el agente H., Ariadna Némesis, o la adolescente que muere en el atentado a las Torres Gemelas y luego, desde otra vida, nos cuenta cómo fue que ocurrió lo que ocurrió: "Mientras volaba pensaba en mamá y en cómo ella no quería que yo fuese con Sue o Amber a tocar el saxo o la guitarra, según cómo se iba rasgando el día, en la azotea de la Torre Sur, donde nos turnábamos con un par de argentinos que bailaban tango, una música tristísima que quizás fue lo que atrajo tanta mala suerte". 


Y para finalizar, aquí va un poema de Óscar Cerruto, poeta, periodista y diplomático (1912/1981), que vivió en Buenos Aires desde 1942 hasta 1946 trabajando en la embajada boliviana de Argentina. Durante su estancia en el país tanto su pensamiento político como literario cambiaron radicalmente, tanto así, que muchos de sus cuentos publicados en Buenos Aires tratan sobre cotidianeidades de la clase alta boliviana.

Cantar

Mi patria tiene montañas,                                        
no mar.
Olas de trigo y trigales,
no mar.
Espuma azul los pinares,
no mar.
Cielos de esmalte fundido,
no mar.
Y el coro ronco del viento
sin mar.  





lunes, 2 de abril de 2012

Juan Rulfo, siempre. Y Arreola.


El periodista polaco Ryszard Kapuscinski decía que para comprender un país no bastaba con diarios y noticiarios. Había que ir a los novelistas e incluso poetas jóvenes. Por eso hemos analizado a algunos de ellos, los contemporáneos, pero hoy les daremos lugar  a dos de los escritores clásicos de México: a Arreola, pero por sobre todas las cosas, a Rulfo.

Carlos Monsiváis, en  EL CUENTO EN MÉXICO 1934-1984, afirmaba:
“Los primeros cuentos de Rulfo y Arreola anuncian y ejemplifican una literatura distinta, ajena a las reacciones sentimentales, al compromiso inmediato, a la declamación interna. En los cuarentas se precisará la importancia de Rulfo (El llano en llamas y Pedro Páramo) y de Arreola (Confabularlo y Varia Invención), estableciendo sus diversas (y unificables) ideas del cuento: un espacio narrativo autónomo, que crea su propio público, que solicita el complemento de una interpretación (inteligente, que no funda su destreza en trucos, finales efectistas, chantajes, complicidades). Si la modernidad es la meta suprema, también el ánimo inaugural, debe aplicarse al  cuento. Será imposible escribir de una vida rural ensoñadora después de Juan Rulfo; se deberá replantear el sentido de la prosa perfecta después de Juan José Arreola.”

Fotografía perteneciente a Juan Rulfo.



Juan Rulfo. (1917/1986)
Qué decir de Rulfo, qué agregar…Bautizado como Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno (Sayula, Jalisco, 1917 - México, D. F., 1986), perteneciente a la llamada generación del 52,  su reputación se asienta en dos pequeños libros: El llano en llamas, compuesto de diecisiete pequeños relatos y publicado en 1953, y la novela Pedro Páramo, publicada en 1955.
Quedó huérfano de padre a los siete años, cuatro años después falleció su madre; vivió con su abuela, y  posteriormente en un orfanato de Guadalajara. Ya en 1934 comienza a escribir sus trabajos literarios y a colaborar en la revista América.
A partir de 1946 se dedicó también a la labor fotográfica. En 1947 se casó con Clara Angelina Aparicio Reyes, con quien tuvo cuatro hijos. De 1954 a 1957 fue colaborador de la Comisión del Papaloapan y editor en el Instituto Nacional Indigenista en la Ciudad de México.
Obtuvo innumerables premios. Recibió el Premio Xavier Villaurrutia en 1956 por su novela Pedro Páramo. Fue ganador del Premio Nacional de Literatura por el gobierno federal de México en 1970. En 1974 viajó a Europa para participar en el Congreso de Estudiantes de la Universidad de Varsovia. Fue invitado a integrarse a la comitiva presidencial viajando por Alemania, Checoslovaquia, Austria y Francia. El 9 de julio de 1976, fue elegido miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, tomó posesión de la silla XXXV el 25 de septiembre de 1980. Finalmente,  Rulfo ganó el Premio Príncipe de Asturias de España en 1983.

Pedro Páramo, de Rulfo.
Durante mucho tiempo Rulfo tuvo una única novela publicada, Pedro Páramo. Esta obra tuvo una larga gestación. Rulfo sostuvo que concibió la primera idea de la novela antes de cumplir los treinta años, y ya en dos cartas dirigidas en 1947 a su novia Clara Aparicio se refiere a esta obra bajo el nombre de Una estrella junto a la luna, diciendo que le daba algún trabajo. Posteriormente, también declaró que los cuentos de El llano en llamas fueron en parte una manera de aproximarse a su novela. En la última etapa de la escritura de ésta cambia el nombre en Los murmullos, un título que muestra una aparente inspiración de la novela Las palmeras salvajes / If I Forget Thee, Jerusalem de William Faulkner, aunque él siempre reconoció la influencia de la literatura irlandesa y en particular de la novela Gente independiente, de Halldór Laxness, islandés.  La novela fue traducida a varios idiomas: alemán, sueco, inglés, francés, italiano, polaco, noruego, finlandés.
Pedro Páramo fue muy valorada por autores como Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez,  Susan Sontag, entre otros, como una de las mejores obras de la literatura universal.

Fotografía perteneciente a Juan Rulfo.

Veamos el análisis de Fernando Castaños, que  publica en 2004 “Locos, muertos y ánimas en Pedro Páramo: los lugares de sus voces como rasgos de identidad”, donde exhaustivamente contrapone la tesis de Carlos Fuentes acerca de los dos mundos de la novela, y cuestiona su inclusión en el realismo mágico.

“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo.”
En el comienzo de la novela ya surgen los dos enunciados en unidad como arte de un diálogo con el lector.
Aquí está: “me dijeron” y “me lo dijo”. Vemos, por la transposición pronominal, la correferencia forzada entre mi madre y ellos, que la madre del hablante es para él una figura que oscila entre la ausencia y la presencia. Volvemos a preguntarnos qué es Comala, este acá que hace al narrador vivir tan intensamente y mostrar de manera tan abrupta un recuerdo que acaso quería evitar o, al menos, quería evitar compartir. O ésta es la historia que el narrador quiere contar realmente y el primer enunciado era sólo una manera de empezar a hablar.
La frase del comienzo tiene ritmo poético: Sólo pudo haber sido producto de una selección cuidadosa de cada palabra, de cada sílaba. Sí cupiera alguna duda, tenemos la evidencia editorial. Los dos primeros fragmentos de la novela aparecieron con el título “Un cuento” en Las Letras Patrias y con el de “Los murmullos” en la Revista de Universidad de México en 1954es decir, antes de la publicación de todo el libro por el Fondo de Cultura Económica en 1955. En dicha versión de cuento corto, en el espacio que ahora ocupa “Vine a Comala” encontrábamos “Fui a Tuxcacuexco”; y en el de “acá”, estaba “allá”.
Además de estos cambios que son parte de una lista larga, la versión actual “presenta la supresión de palabras o frases en 18 ocasiones y la introducción de una o dos palabras en otras nueve.” Se ha dicho con razón que “todo ello evidencia un esfuerzo del autor en busca de
una mayor perfección”.

Las primeras dos líneas de Pedro Páramo, con sus palabras sencillas, con la secuencia desconcertante de sus frases, han llevado nuestra atención al habla y a lo hablado, a aquello de lo que se habla y a la manera en que leemos el habla, a las preocupaciones del hablante y a la forma en que su habla está escrita en la página. Y encontramos que este rápido y suave movimiento de nuestra mirada, que va de la historia a la palabra de la historia, y de ahí a la lectura de la palabra y de la historia, para regresar a la historia o a la palabra, anticipa un vaivén de la voluntad del narrador. Él cuenta que sin quererlo, o sin saber si lo quería o no, prometió a su madre ir a buscar a Pedro Páramo:
      Le apreté sus manos en señal de que lo haría, pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo.
Asíde duda en duda, pasaje tras pasaje, el texto de Pedro Páramo va construyendo una certeza: hay un mundo en Comala en el cual el destino y el azar se identifican porque allí la voluntad actúa en momentos que, más que formar tiempo, constituyen eternidad. En sus calles solitarias, como en los parajes secos y soleados que la rodean, lo que pasó después ocurre simultáneamente y lo que quizás hizo el arriero es lo que inevitablemente hará. Los acontecimientos se confunden porque no transcurren, están atrapados.
Ése es el mundo de las ánimas en pena, que andan buscando vivos que recen por ellas, un mundo en el que, lo advertirá el narrador, las palabras que se oyen no tienen sonido, no suenan, se sienten, “pero sin sonido, como las que se oyen durante los sueños”.
¿De qué otra manera sería comprensible que el narrador, al cruzar una bocacalle, haya visto “una señora envuelta en su rebozo que desapareció como si no existiera” y luego volvió a cruzarse frente a él ¿O que, como lo cuenta: “toqué la puerta; pero en falso. Mi mano se sacudió en el aire como si el aire la hubiera abierto”?

Comala es tres lugares:
  • el espacio confinado de un sepulcro,
  • un área extensa que abarca un pueblo abandonado y los latifundios de un cacique,
  • y una región indefinida cuyos sitios no son tales.
Nos dicen que en Comala tres tiempos dialogaban entre sí: el tiempo detenido del musitar, el tiempo cronológico del callar, y el tiempo sin tiempo del murmurar. Nos enseñan que la realidad de Comala, con sus tres mundos, era una.
Ahora bien, por el cuidado extremo de esa construcción, que se aprecia tanto en la sintaxis simple de Vine a Comala, como en la puntuación compleja, quizá habría que poner en duda también la clasificación de Pedro Páramo como texto del llamado “realismo mágico”. Esta designación nos habla de relatos de un mundo en el que convive lo extraordinario con lo trivial, y quizá nos sugiera dos mundos en convivencia, el de lo cotidiano y el de lo insólito.
Pero “realismo mágico” no hace justicia al arte de mostrar el derrumbamiento de la promesa de felicidad que fue Comala para Doña Doloritas, la madre de Juan Preciado. Esta clasificación deja fuera el contraste entre los tres mundos de Comala, y por ende no puede reflejar cómo
  • el rigor sigiloso de la muerte,
  • la ingravidez inconsecuente de la pena,
  • y la elusividad abrumadora del poder se conjugaron,
y al conjugarse secaron los sueños de las mujeres de la Media Luna y consumieron las ilusiones de sus hijos.”

Macario, de Rulfo.
La historia de un ser marginal, considerado loco por muchos, dominado por un hambre insaciable, confinado a un cuarto miserable por una madrina dominante y sólo comprendido por una compañera de infortunio. Esa es la historia. Macario, que es de los de abajo en esta vida, seguirá siendo de los de abajo para siempre en el infierno. 
Entonces se abre la siguiente lectura: Adentro, afuera; arriba, abajo parecen ser las coordenadas que dominan la vida de Macario. Siempre habrá un arriba y un abajo, un adentro y un afuera, un norte y un sur, un oriente y un occidente, un atrás y adelante, un centro y un entorno.

El hombre,de Rulfo .
La muerte, el amor, el odio, el miedo, la justicia y la injusticia son los elementos constitutivos de este cuento  de Juan Rulfo. Todos se entremezclan y confunden entre sí, conformando una mentalidad diferente en cada personaje. En el fondo es una misma manera de ver la realidad. Pero  ante todo, es una historia de honor.
 Es la maestría que caracteriza al autor lo que hace que, sin que sepamos cómo, nos encontremos en el complejo mundo mental de dos campesinos. Narrado éste con una no menos compleja estructura cuentística.
 La historia cuenta el recorrido que hacen dos hombres desde su propio pueblo hasta otro -aparentemente no lejano. Los personajes no logran concluir el periplo pues en el trayecto se resuelve el conflicto que provoca dicha excursión. Uno persigue al otro por asesino. Ambos lo son.
 Antes que la venganza, es el sentido del honor y el deber lo que desencadena esta serie de asesinatos. El perseguidor mató también por honor y deber. 
 Cuando hacemos un estudio cuidadoso de la estructura del cuento, encontramos hasta cuatro narradores diferentes.
  • El primero que interviene es un narrador omnisciente. Esto es, se ubica desde fuera de la historia y nos va dando el ambiente que rodea los acontecimientos, incluso, este narrador conoce todo lo que ha sucedido, lo que piensan los personajes protagonistas.
  • El segundo narrador es el perseguidor, deduce la conducta del asesino, su miedo; lo va siguiendo pacientemente, seguro de que lo encontrará y podrá matarlo; todas sus intervenciones están escritas entre comillas.
  • El tercer narrador en intervenir es el perseguido, sus expresiones son de miedo, está descalzo y frecuentemente alude a esta circunstancia; Rulfo deja también una marca gráfica, las intervenciones de este personaje se anotan con cursivas.
  • El cuarto narrador es el pastor que descubre el cadáver del perseguido y que termina de contar la historia. Esta cuarta voz se establece, también, como la primera, desde una perspectiva distanciada de los hechos, como si fuera la voz de un narrador heterodiegético. Su intervención es un monólogo dicho ante el "licenciado", para informarlo de su descubrimiento.
No presenciamos el asesinato sino que el cuento se interrumpe y se ubica en un tiempo futuro respecto de la acción principal. No se especifica cuánto tiempo transcurrió entre el asesinato y el monólogo del pastor. Pareciera que el autor comparte el pudor que tiene José Alcancía, el perseguido, ante la muerte. Una vez más en Rulfo la muerte se nos presenta mitificada al quedar velado el momento del asesinato. No podemos tener acceso al motivo que prometía revelarnos la historia. La muerte no sólo queda triunfante, sino que además se diviniza, ya que como a Moisés, nos está prohibido contemplar su rostro.

Diles que no me maten, de Rulfo.
La historia de "Diles que no me maten", es una historia de la tierra. Es la tragedia humana, y en ese sentido se convierte en un canto desesperado por la vida, que irremediablemente se convierte en una elegía de la muerte. A diferencia del cuento anterior, los motivos de la muerte se diluyen o pasan a segundo término.  

Fotografía perteneciente a Juan Rulfo.

El cuento narra los avatares de un campesino, Juvencio Nava, que se ve obligado a huir durante toda su vida por haber matado a su compadre, Lupe Terreros, que a su vez había negado la pastura para los animales de aquél. Al poco tiempo de estos hechos muere la mujer de don Lupe. Quedan vivos solos los dos pequeños hijos de éste.
Es la tragedia humana la que nos habla a través del cuento; la tragedia ante la angustia que provoca al hombre la desaparición del mundo: fenecer. De ahí deriva la universalidad de la literatura de Rulfo, ya que sus temas y la forma como los trata, aunque se ubiquen en un lugar y un tiempo determinados, reflejan preocupaciones y sentimientos que son de toda la humanidad. Aún así, existen matices propios que distinguen las tragedias de los personajes de Rulfo, es decir del campesino mexicano.
 En dichos personajes, todas las posibilidades de tener una razón para qué existir se han perdido; los motivos del ser del hombre rulfiano se reducen a vivir en sí. Como en el cuento anterior, la muerte se mitifica y diviniza, aunque por otra vía. En "Diles que no me maten" el sentenciado no puede mirar a su ejecutor; no tiene acceso, no sólo para verlo, sino para hablarle.
Fuente: Ramón Moreno Rodríguez, en La muerte en dos cuentos de Juan Rulfo.

Juan José Arreola (1918-2001)
Arreola, de una inteligencia profunda y lúdica, jugaba con los conceptos, con las situaciones, utilizando símbolos, parodiando. Amaba los textos breves y significativos. Su prosa es de estilo clásico y depurado, muy barroco, muy culto, y con todos los estereotipos presentes de un México de los años ´50. En la narrativa de Arreola el absurdo, lo fantástico, lo alegórico se unen en estructuras entretejidas de ironía y simbolismo. En su literatura fantástica deja entrever por las fisuras que la realidad ofrece un mundo más terrible. Permite que la realidad deje de ser para que signifique. Como en "El guardagujas", horrible y festiva caricatura de una realidad nacional sin rumbo, donde la crítica ha querido ver las huellas de Kafka. Puede ser que el absurdo y la aceptación monocorde del destino, la falta de sorpresa y de reacción ante una realidad que rebasa y destruye, están presentes, pero, dicen, probablemente Kafka nos angustia  y Arreola nos hace sonreír. Construyó alegorías universales de la vida mexicana, como veremos en el análisis de tres de sus cuentos.

El rinoceronte, Eva y Pueblerina.
Haremos referencia a sus rasgos de estilo, las voces del relato y el discurso implícito, en cuanto a las relaciones conceptuales y formales. Sobre todo trabajaremos cómo está presentada la historia, qué modalidad de enunciación adopta el hecho narrativo, cómo Arreola trabaja la metáfora y la ironía implícita. Pero fundamentalmente veremos su manejo de la prosa, que puede resultar excesivamente barroca en la actualidad en cuanto a su valor formal, pero no así en la condensación de su escritura y en ese dejo kafkiano por la metamorfosis que afecta a los personajes centrales, metamorfosis que puede ser aparente, sugerente, y que Arreola la  encuentra implícita en el hombre de su época. Manifestaciones bestiales que tienen que ver con el México de esos años, (incluso las elipsis relativas a la sexualidad),  y con ese  narrador reticente que no quiere decir nada de manera directa.