El tiempo y el espacio del taller de lectura plasmado para:



leer de diferentes maneras (por arriba, por abajo, entre líneas, a fondo, participando del texto, recreándolo),



dar cuenta de los procesos culturales en que surgen y son comprendidas o cuestionadas las obras literarias,



pensar (discutiendo, asombrándose, dejándose llevar por lo que los textos nos dicen -pero parece que no dijeran-),



y por sobre todas las cosas, y siempre, disfrutar de la buena literatura.








sábado, 10 de noviembre de 2012

Murakami: de atmósferas e imágenes


M
urakami despierta entusiasmos, pero también fobias.

En su país algunos lo acusan de querer "destruir la tradición japonesa" o de poner en duda a un clásico sagrado: Yukio Mishima, porque sencillamente a él no le gusta. Otros lo acusan de explotar demasiado la veta de la literatura pop. 

Minae Mizumura, escritora japonesa de mucho reconocimiento en su país, dijo en una entrevista:

"Sobre el éxito de Murakami tengo poco que decir. Tengo entendido que las traducciones europeas de sus libros se basan en la versión inglesa, que está muy editada y acortada respecto del original. Supongo que su editor inglés ha hecho un excelente trabajo, porque no conozco ningún intelectual japonés que se tome en serio los libros de Murakami."

Mientras tanto él aclara:

"Yo no quiero hacer un retrato de la sociedad japonesa. Escribo mis cosas personales, de lo que conozco, de la música, de la comida, de la cerveza que conozco, de los personajes que se me aparecen".

Nakata-san habla con los gatos-t_a_t_k_a.


Pertenece a una  generación de escritores influenciada por la literatura contemporánea norteamericana. Él mismo ha traducido a Tobias Wolff, Francis Scott Fitzgerald,  John Irving o Raymond Carver, a los que considera indudables maestros. 

Pero también pertenece a una sociedad en la que "una guía para suicidarse" lleva más de cien ediciones, en la que ya existe una palabra para hablar de la muerte por exceso de trabajo, por lo tanto el llamado "realismo mágico" que le adjudican por mezclar realidad y fantasía  en muchos de sus relatos,  parece evocar con paradójica coherencia la cotidianeidad maravillosa de la Colombia de Gabriel García Márquez


V
ayamos por partes.





Haruki Murakami nació en la ciudad de Kioto en 1949, y pasó gran parte de su infancia y adolescencia en Kobe y la zona de Kansai.

Decidió estudiar Literatura en Tokio, por lo que se trasladó a la capital, en una época  marcada por las manifestaciones de los jóvenes y grupos de la izquierda radical, a finales de los años sesenta. 

Estas manifestaciones trataban de seguir el espíritu del mayo del 68 y dar una mayor apertura a Japón, relajar el tenso capitalismo al que estaba sometida la población debido a la rápida recuperación tras la guerra. Pero para decepción de Murakami y muchos jóvenes, todo derivó en un mayor nacionalismo. 
Les dio la impresión de que todo el tumulto social no era más que afán de protagonismo de sus instigadores.

Tras la graduación y ya casado con su actual mujer,  el joven Murakami se negaba a seguir el modelo de vida de hombre casado japonés (trabajar en una compañía con un empleo tedioso pero bien remunerado) por lo que la pareja decidió abrir un bar de jazz. En esa época empezó a escribir, en los ratos libres que tenía al cerrar el bar por la noche.

Tras dos cortas novelas, optó por una historia de mayores aspiraciones en su tercer libro.

L
a caza del carnero salvaje

Fue la primera de sus novelas en traducirse al español, con la historia del imperialismo japonés. El protagonista deberá ir hasta Hokkaido (al norte de Japón) en busca de pistas sobre una foto en la que aparece un carnero (símbolo del mal). En la obra este mismo carnero encarna al espíritu imperialista japonés, culpable de las masacres perpetradas en el continente asiático por el pueblo nipón en los años treinta y cuarenta.

Con este libro Murakami es crítico con su propia historia y profundiza en las barbaridades cometidas por el ejército japonés (algo que ya trataría con más detalles en alguna novela posterior).  El carnero es un símbolo del desarrollo armamentístico de Japón a principios del siglo XX. 

Los carneros empezaron a llegar a Hokkaido desde el extranjero durante la era Meiji, ya que no existían en el archipiélago hasta entonces. Sin embargo, fueron abandonados a su suerte por el gobierno en pos del desarrollo económico y militar. El carnero es el símbolo, en la obra, de lo que Japón no debió dejar de lado.

E
ntre 1982 y 1988 publicó algunas historias cortas mientras escribía una obra más ambiciosa: El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas, por la cual ganó el prestigioso premio literario Tanizaki.


En esta novela  comienza a experimentar con la doble narración, tan común en sus obras posteriores: dos mundos diferentes, con dos distintos protagonistas, y los capítulos que van alternando las narraciones de uno y otro, hasta que vamos viendo cómo esos mundos están conectados de alguna manera.



Su siguiente novela resultó un best seller: Tokio Blues (Norwegian Wood).

En ella, Haruki Murakami sugiere que no sólo es posible distraerse o resignarse al dolor de la existencia. El protagonista, Watanabé, llega a esta conclusión: Ni la verdad ni la sinceridad, ni la fuerza, ni el cariño son capaces de curar esta tristeza. Lo único que puede hacerse es cruzar ese dolor esperando aprender algo de él, aunque todo lo que uno haya aprendido no le sirva de nada la próxima vez que la tristeza lo visite de improvisto.



Si en La caza del carnero salvaje criticaba el colonialismo y la ultraderecha japoneses, más tarde, en Dance Dance Dance hace lo mismo con el capitalismo salvaje en el que se vio enfrascado Japón durante la década de los ochenta, en plena burbuja económica. 
Murakami critica el aburrimiento y la comodidad en la que se sumergió la sociedad japonesa y lo que supone vivir en una comunidad dominada por los medios de comunicación.


D
e 1990 a 1999

Al sur de la frontera, al oeste del sol. No es de las más aplaudidas, pero empieza a aparecer lo mejor de Murakami: la intercalación de historias breves pero reflexivas, con gran carga emocional e imágenes muy potentes. Y ese efecto de lectura que consigue a través de no saber si estamos presenciando actos reales de los protagonistas, o bien solo las exposiciones de cómo se ven entre ellos...

Critica la monotonía del hipercapitalismo japonés (como en su novela anterior). Y aparece el tema de la soledad, también recurrente,  que los protagonistas deben soportar por el statu quo imperante, buscando en la comodidad económica el foco de la felicidad, y el vacío que les genera.

Crónica del pájaro que da cuerda al mundo

Esta novela nos lleva a otro viaje por la época colonialista japonesa. Critica la irrelevante aceptación de los políticos de los años noventa por las masacres cometidas por el ejército. Los medios de comunicación japoneses, y la tradicional clase literaria japonesa, reaccionaron con ira y justificaron su desagrado al carácter poco refinado de sus obras.

1995, año nefasto: Un terrible terremoto dejó sin vida a seis mil personas, y el metro de Tokio sufrió un ataque terrorista con gas sarín,  con una decena de víctimas pero enormes  secuelas psicológicas en una sociedad que todavía no había digerido el estallido de la burbuja de finales de los ochenta. El ataque terrorista supondría para los japoneses el derrumbe de una mentalidad que les hizo reconsiderar la opinión que tenían de su país.

Fueron precisamente estos daños psicológicos los que llevaron a Murakami a enfrascarse en un proyecto de investigación sobre el ataque terrorista de la secta religiosa Aum Shinrikyö, que culminaría en dos volúmenes, conocidos por el nombre de Underground. El primero sería una recopilación de entrevistas a los damnificados, y el segundo a los mismos miembros de la secta.


D
esde 2002 hasta hoy.


Kafka en la orilla y un éxito de ventas,  con la consolidación definitiva del autor.

Murakami recupera el estilo de doble narración que utilizó en El fin del mundo, aunque esta vez la historia no se desarrolla en dos mundos paralelos como en aquella, sino que las dos narraciones tienen lugar en el mismo mundo (onírico o real).

Una serie de acontecimientos llevará  al quinceañero Kafka Tamura a huir de su casa, junto con la voz de su alter ego,  “el joven llamado Cuervo” (ese nombre tiene que ver con la convicción de que Kafka quiere decir “cuervo” en checo) y lo llevará hasta Shikoku. Pero Kafka no es un protagonista quinceañero para lectores adolescentes: es el desarraigo del mundo, el exilio de la sociedad.  

Por otra parte, alternándose con la historia de Kafka, tenemos a Nakata, un anciano con problemas mentales, que huye de la policía por un asesinato que supuestamente ha cometido, y que por otra parte ha recibido el don de hablar con los gatos después de un inexplicable coma colectivo.


Las dos partes del libro, que se van alternando, están rigurosamente diferenciadas por la forma de narración: los capítulos de Kafka están escritos en primera persona y en presente, mientras que los de Nakata lo están en tercera, y pasado. Y entre ambas una trama delirante, pero muchas veces conmovedora.



1Q84: Los dos personajes principales están unidos por un mismo pasado y un único destino, ensombrecido por la continua presencia de una secta.

El planteamiento, excelente en los dos primeros libros;  una historia de intriga plagada de denuncias sociales: el maltrato infantil, el fanatismo religioso, la soledad contemporánea (tema recurrente), las consecuencias de los engaños… Un thriller a lo Murakami.

El  ritmo de la narración decae  en el tercer libro,  con datos superfluos,  y la acción lenta..., todo podría haberse resumido en menos capítulos.


S
  auce Ciego, Mujer Dormida

Recopilación de cuentos escritos por Murakami entre 1981 y 2005.



Con Murakami lo mejor que puede pasar, aunque no siempre sucede, es  que si la magia se pone en marcha, el lector va con él a ese mundo en el que parece que no ocurre nada y sin embargo, pasa todo.

Casi todos los cuentos de esta antología contienen un enigma central. Digamos que el enigma es el eje a partir del cual se va construyendo la narración, sin el cual no habría nada. Pero el enigma suele adoptar la forma de:

  • un encuentro repentino con lo extraño,
  • un golpe de irrealidad,
  • un desbaratamiento del orden de las cosas.
Pero no es lo importante del cuento; para Haruki Murakami explicar lo sucedido no tendría la más mínima gracia: lo extraño dejaría de ser extraño y se tornaría normal, y el pozo convenientemente explorado dejaría de ser una buena metáfora. 

Lo que le importa, en realidad, es:
  • la reacción de los personajes,
  • el comentario individual
  • y en ocasiones, el comentario social.
Para Murakami el retrato de los seres que habitan su mundo, y la evolución del mundo que lo ha dejado en ese estado, importan más que los sucesos concretos de la narración.
Muchos de los temas habituales del fantástico occidental  aparecen en este libro:
  • el mundo especular
  • pesadillas kafkianas
  • monstruos similares a nosotros
  • fantasmas
  • animales parlantes
  • cuentos extraños
  • predestinación
  • maldiciones y terror 
·        En cuanto a los cuentos, los más antiguos son los más indescifrables y enigmáticos. De un aire sumamente onírico y surrealista, parecen trozos de sueños a los que les faltan muchas piezas, (por ejemplo “La tragedia de la mina de carbón de Nueva York” o “El cuchillo de caza”). Sin embargo, a medida que avanzan los años sus cuentos se van depurando y van resultando más comprensibles y maduros.

 “La chica del cumpleaños”. La ambigüedad puesta en el otorgamiento de un deseo que nunca es explicitado, porque el propósito del cuento es diferente. La habilidad está precisamente en usar como materia prima lo  no  expresado.

En “El folclore de nuestra generación: prehistoria del estadio avanzado del capitalismo” se cuenta una historia de amor. Lo extraño es realmente lo cotidiano que se sale de lo habitual. Los detalles de la relación se cuentan mientras se repasa la historia reciente de Japón.

Y algo similar sucede con “Tony Takitani”, donde Murakami teje detalles adicionales alrededor de la figura y peripecias vitales del protagonista -la historia de su padre, músico de jazz, o la historia final de la ayudante-, narrando no sólo su conmovedora historia sino también la historia del desarrollo de su país.

En "Los gatos antropófagos", el cuento se abre con la noticia en Atenas de tres gatos que vivían con una anciana en un ambiente, y una vez muerta ella, los gatos hambrientos la devoran. La noticia es leída por el protagonista, y la trama se complica con evocaciones y pérdidas.
El tema del instinto animal y su capacidad de supervivencia, está presente.  Además, el tema de los gatos es recurrente en los relatos y novelas  de Murakami, ya que  funcionan como un artilugio;  sirve como: 

• Móvil (para una búsqueda, física, o interior… del destino).
• Nexo entre personajes. (Los personajes, a  través de la búsqueda del gato, por ejemplo, se van vinculando.)
• Completan a los personajes, en el sentido de que les muestra la parte instintiva que muchas veces queda relegada por la parte consciente o racional.

Hanalei Bay” y “El mono de Shinagawa”. Los dos demuestran gran habilidad para narrar complejas y profundas emociones bajo una superficie de tranquilidad a pesar de lo terrible de las circunstancias. El segundo ofrece además una trama surrealista que, a pesar de lo que se podría pensar, no reduce la tragedia de lo sucedido sino que la hace más evidente.

En “El hombre de hielo”  lo extraño es claramente lo extraño y los cuentos entran directamente en terrenos casi de ciencia ficción. Es la historia de amor de una mujer con un hombre de hielo. Tan de hielo, que acaban todos viviendo en el polo.

Y “Conito”, con  un sorprendente estallido de humor, parodiando el mundo literario japonés, (a veces Murakami incluso parece parodiarse a sí mismo).

A pesar de todo, uno de los aspectos más llamativos de estos cuentos es la casi omnipresencia de un tema adicional, que sirve de acompañamiento al principal. No siempre está presente con la misma intensidad, pero anda por allí: la escritura, el paso de la imaginación al papel. Lo habitual es que el narrador sea un escritor que está luchando por contar la historia de la mejor forma: es decir, modificándola para que sea más verdadera, aunque no más real. Pero en otras ocasiones, adopta una forma mucho más compleja.

Maestro en la creación de atmósferas, Murakami introduce en estos relatos no sólo elementos fantásticos y oníricos, donde mezcla con ambigüedad el sueño y la vigilia, sino que crea personajes inolvidables, enfrentados al dolor, al amor, a la sexualidad, rendidos ante la belleza o necesitados de afecto, pero siempre vulnerables. Y a veces con ese soplo de mono no aware, mixtura de nostalgia y belleza, de la que hablábamos en la clase pasada.

Fuentes consultadas:
Iván Fernández Balbuena
http://www.letraslibres.com/revista/libros/murakami


sábado, 27 de octubre de 2012

Akutagawa, Mishima y Kawabata

E
n Japón existe una sensibilidad estética muy particular, bastante  indefinible para la percepción occidental, pero que sin embargo  se puede vislumbrar ante cualquier expresión artística japonesa. 

La denominan mono no aware, y se relaciona con el sereno sentimiento de nostalgia ante la transitoriedad de la belleza, que veremos, en mayor o menor medida,  en los autores que abordaremos: Akutagawa, Mishima, Kawabata, y posteriormente, Murakami.



Según el mono no aware, es el sentido de “la compasión por las cosas”, como  por una flor que cae, la cual consideran más hermosa que otra en pleno apogeo. El árbol del cerezo o sakura, ícono nacional, es el epítome de esta concepción de la belleza como una experiencia transitoria, ya que sus hermosas flores duran apenas una semana.

Es un concepto estético que empezó a evolucionar en la era Heian (de 794 a 1185, cuando la capital estaba en Kioto), y puede atribuirse a la influencia del Budismo Zen en el siglo XII, una filosofía y práctica espiritual que influyó profundamente en todos los aspectos de la cultura japonesa, pero sobre todo en el arte y la religión. El aware es el sentir humano, despojado de toda creencia religiosa y de todo patrón ético y moral. Es la piedad que sentimos cuando escuchamos o vemos cualquier acontecimiento. 

En el siglo XVIII un estudioso de la antigua cultura y literatura japonesa, Motoori Norinaga, creó el término para designar esa sensibilidad particular de “aflicción en el sufrimiento” que formaba la esencia de la literatura japonesa. Norinaga, experto en estudios clásicos y  líder de un movimiento de renacimiento nacionalista,  se centró en el estudio de los antiguos textos japoneses para redescubrir los valores intrínsecos de la vida japonesa. En su obra, especialmente se refiere al Cuento de Genji (Genji Monogatari) y Hojas de Myriad (Man'yōshū), la más antigua colección de poemas japoneses, como ejemplos de obras escritas que eran ejemplos de mono no aware .

"Murasaki Shikibu mirando a la luna en busca de inspiración"
Wabi-sabi: otro concepto estético que empezó a desarrollarse a partir del budismo zen y que impregna cada valor artístico. Todo tiene una extraña sensación que los occidentales solemos definir como “muy zen”, porque partimos de otra concepción de lo hermoso regida por la idea de perfección de los griegos... 

Precisamente el wabi-sabi es lo contrario: hacer de la imperfección, la asimetría y los pequeños detalles el germen de la belleza. Para los japoneses,  la idea de belleza radica en lo hermosamente imperfecto. Es la austeridad hecha felicidad. Por lo que no tiene en apariencia nada de valor por fuera pero en su interior esconde un valor supremo. 




El wabi-sabi parte de tres realidades naturales:
  • nada dura,
  • nada está completado,
  • y nada es perfecto.
Este concepto alcanza su esplendor en las artes japonesas más conocidas en occidente: el sadö (camino o ceremonia del té), el ikebana, los haiku,  (breves poemas que con la mínima cantidad de palabras tratan de expresar el máximo de cosas), los jardines zen, las ceremonias en las artes marciales... Todo con la misma estética austera, de movimientos lentos y silencio…

Aunque en la literatura moderna estos dos valores no están tan marcados, se perciben ciertos vestigios en las novelas más recientes. Todos los autores que trabajaremos, inclusive los más actuales como el premio nobel Yasunari Kawabata, y Murakami,  recurren a estos recursos estéticos en muchas de sus obras.

Breve historia: de shogunatos y samuráis.

En la historia de Japón, con un complejo sistema feudal desde sus inicios, se observa la figura del samurái, que  data desde el siglo X, la cual se fortaleció al concluir las Guerras Genpei a finales del siglo XII, cuando fue instituido un gobierno militar bajo la figura del shōgun. El budismo fue llevado a Japón desde China durante el siglo VI y desde ese momento se expandió por todo el archipiélago. Durante la época de los samuráis existían diversas variantes o sectas de esta misma filosofía, aunque la mayoría de los guerreros optaron por el budismo de tipo Zen. El Zen enseña a sus seguidores a buscar la iluminación y salvación a través de la meditación, la cual se conseguía con mucha disciplina. 

"Espectro de Okiku", de Yoshitoshi Tsukioka
Dado que el objetivo final de esta filosofía es buscar la armonía espiritual, la cual lleva a un «fluir entre la vida y la muerte», muchos guerreros se sintieron identificados y atraídos hacia ella. De ahí el origen del Seppuku: un aspecto al que se daba mucha importancia era el anhelo de morir por su señor o por su causa, por medio de un suicidio ritual que era visto en la sociedad japonesa de la época con gran respeto y admiración.

El rango militar del  shōgun,  título histórico concedido directamente por el emperador, quien depositaba la autoridad en cada shōgun para gobernar en su nombre. Ya durante el siglo XII y hasta 1868 el shōgun se constituyó como el gobernante de facto de todo el país. por lo cual el Emperador de Japón quedó a su sombra como apenas un espectador de la situación política del país.

Existieron diferentes períodos de acuerdo a la familia gobernante, y mencionaremos a los que aparecerán en los textos.

Uno fue el Período Heian, considerado el último de la época clásica de la historia japonesa, entre los años 794 a 1185,  en el que la capital era Kioto. Es el período de la historia japonesa en que el Confucionismo y otras influencias alcanzaron su punto máximo, siendo la cumbre de la corte imperial japonesa,  y muy destacado por su arte, en especial la poesía y la literatura. Heian significa "paz y tranquilidad" en japonés.

El período Edo, también conocido como período Tokugawa, implica una división de la historia de Japón, que se extiende desde 24 de marzo de 1603 hasta 3 de mayo de 1868. Este período finalizó con la restauración del gobierno imperial por parte del 15º y último shōgun, Yoshinobu Tokugawa. El fin del período Edo también se caracteriza por el comienzo del período imperial.

Por entonces la mayoría de los samurái perdieron la posesión directa de las tierras y se les plantearon dos opciones: dejar las armas y convertirse en campesinos o trasladarse a la ciudad principal de su feudo y convertirse en sirvientes a sueldo del daimyō, (el soberano feudal más poderoso quien era líder de los clanes, también llamados "señores"; era usualmente  el líder militar que un shōgun o regente seleccionaba).  Los individuos no tenían ningún derecho legal, y solo la familia era la entidad legal más pequeña contemplada, por lo que mantener el estatus y privilegio de la familia tenía una gran importancia en todos los niveles de la sociedad.

El período imperialista. Con la llegada al poder de los Meiji después de 250 años de aislamiento,  los escritores gozaron de cierta libertad para escribir. Hubo evolución en el aspecto lingüístico, se simplificó la estructura del lenguaje japonés y se agregaron palabras para designar ideas tan comunes en Occidente como deporte o derechos humanos. Esto gracias a la disposición del país a aprender del mundo occidental, siendo los escritores los principales promotores de la comunicación entre la cultura japonesa y la ciencia occidental. Pero también, cabe agregar,  ese mismo espíritu imperialista fue el responsable de las masacres perpetradas en el continente asiático durante los años treinta y cuarenta, con un claro afán colonialista y un enorme desarrollo armamentístico.

De esta época leeremos a Akutawa.

Segunda Guerra Mundial.
Inmediatamente después de que Hiroshima y Nagasaki fueran bombardeadas por EE. UU., Japón se rindió, pero  en el transcurso de unos años y mediante muchos cambios sociales y políticos, comenzaron a resurgir llegando a ser lo que son en la actualidad.

Esos cambios sociales, políticos e ideológicos, dieron pie al surgimiento de una nueva generación de escritores: Masuji Shintarō, Ishihara, Seicho Matsumoto , aunque de todos ellos hay dos que destacan por sobre los demás: se trata de Dazai Osamu y Yukio Mishima.

Vanguardias
Se considera este período a partir de los Juegos Olímpicos de Tokio en 1964, fecha que marca la apertura de Japón al mundo, logrando un cambio de mentalidad, más cosmopolita y conforme, demasiado quizás, a la mentalidad capitalista (como veremos en la próxima clase con el Japón contemporáneo), ya que también este cambio produjo consecuencias, como la llegada de la monotonía personificada del hipercapitalismo japonés.
Entre los escritores de estos tiempos podemos mencionar a Kenzaburo Oe, segundo autor japonés en obtener el premio Nobel de Literatura en 1994. Otros escritores destacados son Shusaku Endo, Kōbō Abe, y el más conocido de todos fuera de Japón: Murakami.

Fuentes consultadas
Claves y textos de la literatura japonesa: Una introducción, por el traductor español y profesor en Literatura japonesa, Carlos Rubio. Editorial Cátedra, 2007.
http://japonbungaku.blogspot.com.ar



A
kutagawa (1892 - 1927), escritor perteneciente a la generación denominada "neo-realista" que surgió a finales de la Primera Guerra Mundial; sus obras, en su mayoría cuentos, reflejan su interés por la vida del Japón feudal. 

Cuando Akutagawa nacía hacía más de dos décadas que se había restablecido la unidad imperial, lo que implicó el derrumbe del tradicional sistema feudal de clanes y de señores o daimyos bajo la autoridad de un shogun.

El Cuento de Genji, de Yoshio Okada
Ryūnosuke Akutagawa nació en Tokio, Japón, y fue hijo único de Toshizo Niibara. Debido a la enfermedad (al parecer una psicosis) de su madre, que murió en 1902, fue adoptado por el hermano mayor de ésta, Michiaki Akutagawa. Su tía política le atormentó durante toda la infancia diciéndole que padecía de la misma enfermedad que su madre; esto le traumatizó y le signó como escritor atormentado. En 1910 ingresó a la Escuela Superior de Tokio. Sus compañeros de estudio fueron Kan Kikuchi, Masao Kume, Yuzo Yamamoto, Bunmei Tsuchiya, y otros que llegarían a ser escritores célebres.

En 1913 comenzó sus estudios en el Departamento de Literatura Inglesa de la Facultad de Letras de la Universidad Imperial de Tokio. Con el grupo formado por Kikuchi, Yamamoto, Toyoshima, Tsuchiya y otros, editó al año siguiente la revista Shinshicho (Tercera Época), en la que publicó traducciones de obras de William Butler Yeats y Anatole France, y sus primeros cuentos: "Vejez" y "La muerte de un joven".

En 1915 publicó "Rashōmon" (donde describe la decadencia de las tradiciones japonesas acompañada por la angustia existencial de los protagonistas) y otro cuento en la revista Teikoku Bungaku ("Literatura Imperial") de la Universidad Imperial de Tokio. Frecuentó la casa del escritor Natsume Sōseki, quien ejercería en él una notable influencia. En 1916, publica "La nariz", mereciendo elogios de Natsume. 

En 1917 publicó sus dos primeros libros de cuentos. En 1918 se casó con Fumi Tsukamoto. Ingresó en el periódico de Osaka. Publicó "El biombo del infierno", "La muerte del mártir", "Asesinato de la era Meiji", "La muerte del poeta Basho" y otros cuentos. Al año siguiente viaja a Nagasaki con Kan Kikuchi para estudiar el cristianismo japonés y publica cuentos con ese tema (Nagasaki era una ciudad que había tenía a la mayoría de su población japonesa practicante fiel del catolicismo).

Sigue publicando y comienza a  mostrar cambios en su estilo.

Hacia 1926 enfermó gravemente y padecería crisis nerviosas: alucinaciones visuales y angustia. Va menguando su producción literaria, sin embargo los principales méritos son la originalidad y las logradas expresiones de lo emocional: "Ilusión", "Kappa" (una sarcástica sátira social parcialmente fabulada basándose en los animales de la mitología popular japonesa llamados kappa), "Los engranajes" (breve pero intenso relato autobiográfico en el cual describe sus pesadillas y anticipa la idea del suicidio). Hasta que finalmente ese mismo año se suicidó ingiriendo veronal.

La alucinación vivida como una pérdida de su fuerza animal, aunado a la perturbación por la posibilidad de heredar la enfermedad mental de su madre, le exigen una salida y un alivio: el suicidio, sin culpabilidad. Cerca de la muerte voluntaria, el escritor sentirá que le es devuelto un vivo sentido de la belleza. Esto no puede desentenderse del trasfondo tradicional de la muerte como rito y acto estético en la historia japonesa del seppuku, la muerte reparadora de la deshonra del samurai.

En 1935 su amigo de toda la vida Kan Kikuchi estableció el premio literario de mayor prestigio en Japón, el Premio Akutagawa, en su honor.



R
ashomon, En el bosque, y el cine de Akira Kurosawa.



En el estilo de Akutagawa hay sobriedad y economía del lenguaje,  pero a  través de la forma concisa corren energías primitivas y muy fuertes.  Muchos de sus personajes actúan dominados por fuerzas pasionales, que los acercan a esa energía primaria, ese placer que también busca esquivar el dolor o la angustia.

Ejemplo de esto son los personajes de los relatos Rashomon y En el bosque, a través de los cuales el cineasta Kurosawa les da vida en 1950 en su famosa película, Rashomon.

En una sola narración fílmica, une ambos relatos. En la versión del cineasta japonés, Rashomon, lugar de un templo en ruinas, sirve como refugio de una tormenta para un monje budista, un leñador y un vagabundo. Allí, el leñador recrea la muerte de un señor feudal y la violación de su esposa. Pero Rashomon, en la versión de Kurosawa, no sólo es el lugar para el recuerdo del hecho recreado sino también para la meditación o reflexión filosófica sobre la existencia humana. Bajo la lluvia constante, el leñador rememora el núcleo narrativo central de En el bosque, la ya referida muerte de un aristócrata y la violación de su esposa.

En el film, la reconstrucción de un mismo hecho desde diversos puntos de vista y constantemente hacia el  pasado se ejecuta mediante una intensa aplicación de la técnica del flashback.


En el bosque. Veamos en primer lugar lo  específico del relato del escritor Akutawa.

En el bosque ocurre un hecho: lo seguro es que hay un hombre muerto pero permanece en la incertidumbre cómo se produjo esa muerte. El fallecido es Takehito Kanazawa, el señor feudal, que marchaba junto con su esposa, Masago. El relato se construye sobre un conjunto de voces y miradas que se entretejen para ofrecer su propio punto de vista sobre lo ocurrido.

La primera voz es de un leñador que responde al interrogatorio de un oficial de investigaciones de la policía, Kebushi. El leñador atestigua que llegó en busca de madera hasta un paraje de bambúes y coníferas desmirriadas donde  encontró al muerto. Ve hojas de bambúes apisonadas, señal quizá de una fuerte resistencia antes de lo que seguramente fue un asesinato.

Un monje budista es la segunda voz que agrega elementos para la reconstrucción de lo indeterminado. A mediodía, en el camino vio a un hombre de a pie que sostenía la rienda de un caballo, un alazán de crines cortadas sobre el que cabalgaba una mujer velada y con kimono. El hombre tenía un sable, arco, y un carcaj con flechas.

Un soplón o informante ofrece después su testimonio. Asegura haber capturado a Tajomaru, un famoso ladrón. El bandido estaba desplomado sobre el puente, y parecía haberse caído de un caballo. Lo encontró con las armas que habían pertenecido a Kanazawa, y junto  al caballo. Estas evidencias comprometen a Tajomaru, lo incriminan como el asesino.

La cuarta voz pertenece a la madre de Masago, quien destaca la cualidades de su hija (lealtad, valentía, pureza, no conoció a otro hombre más que a Takehito).

El testimonio de Tajomaru: El bandido confirma que se encontró en el bosque con la pareja. Al pasar la mujer, el viento descorrió su velo y pudo entonces ver su belleza surgiendo  el deseo de poseer a la mujer. Pero este personaje negará haber cometido tal crimen: ideó un truco para alejarlo,  con la promesa de llevarlo hasta una tumba abandonada con preciosos tesoros como armas que le podía vender; hasta que  sorprendiéndolo lo ató con una cuerda a un árbol. Llevó luego a la mujer hasta el lugar pero Masago lo atacó con un puñal, aunque después ella se termina entregando y  le suplica que la llevara con ella, ya que era necesaria la muerte de su esposo para lavar su deshonra. Tajomaru liberó al hombre. Combatieron. Al cabo de la vigésimo tercer arremetida le perforó el pecho. Mientras tanto, la mujer aprovechó para escapar.

Testimonio de Masago desde el templo de Kiyomizu, donde se refugia después de la muerte de su esposo. Ella asegura que  luego de ceder al acto de intimidad forzada, se acercó a su esposo pero la inquietó ante su mirada glacial, de incriminación, el odio y desprecio. La mujer entonces concibió la muertes de ambos, dado que éste contempló su acto deshonroso y él mismo le pide la muerte. Lo mata así a él, pero cuando ella quiere suicidarse no lo logra y por eso durante la declaración pide comprensión: ¿qué podría haber hecho una mujer violada y caída en la desgracia?

Y el testimonio final: el del propio muerto. Tahekito habla a través de una médium. Atado al árbol, el esposo contempló la actitud favorable de la mujer hacia el requerimiento amoroso de Tajomaru, con lo cual la amargura empezó a carcomerlo. La mujer entonces exigió su muerte para que nadie pudiese atestiguar su traición y su entrega a otro hombre. Ante ese pedido horroroso, el propio bandido se ofreció a matar la mujer pero ella, asustada, escapó hacia  el bosque mientras el ladrón la perseguía. Takehito pudo entonces liberarse de la cuerda. Observó el puñal que había dejado abandonado su esposa y con él se da una muerte digna para concederse el olvido en el otro mundo.

La técnica de las  miradas o testimonios múltiples de En el bosque proceden de la empleada por Robert Browning en The ring in a book (1868), además de que nos hace recordar a Mientras yo agonizo, de William Faulkner. Y también a Señorita Cora, de Julio Cortázar en su volumen de cuentos Todos los fuegos el fuego.

Ante los diversos testimonios, el relato apela a la intervención del propio lector. Éste debería tomar partido respecto a qué versión de los hechos le parece que se ajusta más a la verdad. La diversidad de versiones puede sugerir que la verdad no es unívoca:  se construye por una parte de realidad de los distintos testimonios.

O, tal vez, como propone la adaptación de Kurosawa: "todos mienten". Todos deben ocultar algo. Por tanto lo que se dice como la verdad es un medio para tapar la propia culpabilidad. 

Todos tendrían un interés para distorsionar la verdad. O para referirla a medias, para así, en definitiva, darle prioridad a la mentira como estrategia de preservación de la imagen más favorable al propio ego.

La fragilidad de la vida separada de la verdad quizá es expresada por el monje budista luego de atestiguar el paso de la pareja que marchaba hacia la desgracia. El monje no podía prever el destino, no podía anticipar lo que ocurriría. Porque la vida es límite. Y porque "…En verdad la vida humana es como el rocío o como un relámpago…". Entonces, el núcleo real de la vida, su verdad, se diluye. El monje asume la fuga de una verdad incapturable: "Lo lamento...no encuentro palabras para expresarlo".

En el bosque del relato de Akutagawa hay disoluciones pero  también hay un posible mostrarse. El mostrarse de que el hombre actúa desde las fuerzas del instinto, que quiere, o necesita, escapar del dolor o la angustia.

Rashomon.

En este otro relato, un sirviente de samurai ha sido despedido y llega hasta la puerta de un templo en ruinas, llamado Rashomon, cerca de  Kyoto. Múltiples calamidades, terremotos, incendios, tifones, han desolado este lugar del Japón en la época Heian.

La época Heian vive en un sueño de belleza y refinamientos de la corte que no aseguran ninguna felicidad para las gentes del pueblo de la región de Kyoto. Parte de la población, hastiada y desesperada, destruye imágenes del Buda, y otros objetos de culto. que se venden en las calles como leña. En el templo abandonado los ladrones convierten el lugar en depósito de cadáveres.
El sirviente de samurai piensa en cómo sobrevivir,  quizás en convertirse en ladrón para superar el hambre, pero sabiendo que  podría terminar mal, arrojado en una zanja  o entre los cadáveres ocultos en las ruinas. Entretanto ve  a alguien merodeando entre los cadáveres, una vieja que roba los cabellos de una mujer muerta para hacer pelucas.

La vieja se convierte para el sirviente de samurai en un reflejo del mal. Por eso la acosa, la amenaza con su espada, para que le aclare qué es lo que hace entre el montón de cadáveres. La mujer se autojustifica: los mechones de cabellos podrían salvarla del hambre. Arranca entonces los pelos de la cabeza de una mujer que, en vida, hacía pasar carne de víbora por carne de pescado y la vendía a los guardianes imperiales. “No tengo otro remedio, si quiero seguir viviendo. Si ella llegara a saber lo que le hago, posiblemente me lo perdonaría".

La experiencia del encuentro con la vieja produce un inesperado cambio en el sirviente de samurai, deja de ser persona dubitativa para actuar sin vacilación. Roba la peluca de la vieja. Se pierde luego en "la noche negra y muda". Su destino posterior se disuelve en la bruma de lo incierto.

El sirviente de samurai pertenece al mundo feudal y guerrero del medioevo japonés. El samurai debe someterse a un código ético estricto, el bushido, "el camino del guerrero". Una tradición en la que el ejercicio de las armas y el vínculo con un señor feudal o daimyo no son, en principio, sólo una situación de goce de privilegios, sino un sendero de autorrealización ética. El bushido entonces propone siete virtudes esenciales: rectitud, coraje, benevolencia, respeto, honestidad, honor y lealtad.

Pero en el cuento aparece  precisamente la decadencia de esa aspiración ideal. A los samuráis les llega la tentación del enriquecimiento por el comercio que, en el Japón de la era Tokugawa, es visto como el más bajo escalón de la pirámide social. El sirviente de samurai finalmente es dominado por el apremio de la necesidad. Rasmahon de Akutagawa podría ser leído entonces como el conflicto entre la ética ideal y el poder oscuro y previo de la demanda instintiva de supervivencia.

En Akutagawa, la fuerza primaria, distinta de la armonía de la racionalidad, siempre triunfa. La fuerza animal vence a los principios superiores de la razón, y de los valores abstractos, aunque revele el costado más sórdido del hombre. Y cuando esta fuerza se suspende, para el escritor japonés, es momento de preparar la muerte.

Fuente citada: AKUTAGAWA: LA FUERZA ANIMAL Y LA OTRA MUERTE. Literatura y muerte en el autor de Rashomon, de Esteban Ierardo, en el marco de un curso de Cine y Literatura en La Facultad Libre de Rosario, en el 2009.




K
awabata, ( 1899-1972), escritor-novelista, fue el primer japonés en ganar el premio Nobel de Literatura en 1968.



Yasunari Kawabata en 1920 ingresa a la Universidad de Tokio en la carrera de Literatura en Lengua Inglesa, y un año después cambia a la de Literatura del Japón. 

Mientras cursaba la universidad se publica el sexto `Shinjicho` (literalmente, la nueva tendencia del pensamiento) donde publica algunos de sus trabajos, con lo que se abre el camino al mundo literario. En 1924 termina la universidad, y aparece el primer número de `Bungei-jidai` (Época del Arte Literario), una revista de un grupo de intelectuales al que pertenecía. Esta publicación reunía a nuevos y prometedores literatos que al escribir utilizaban un estilo (el `Shinkankaku-ha`, la nueva escuela de las sensaciones) donde la composición constaba en la aprehensión sensitiva de la realidad a la manera de los intelectuales. 

Debuta como escritor al publicarse La bailarina de Izu en 1927, alcanzando la consagración en Japón diez años más tarde con País de nieve. Recibe la medalla Goethe en Frankfurt en 1959. Gana el Nobel de literatura en 1968, y da el discurso de nombre `Del hermoso Japón, su yo`.

Yoshitoshi Emon
Aunque las circunstancias de su muerte no están totalmente claras, se cree que se suicida inhalando gas tres años después. Sus libros más conocidos en Occidente son El país de la nieve, La casa de las bellas durmientes y El maestro de Go.

Estilo.

Sus relatos son incisivos, líricos y profundos.
Según él mismo, la esencia de su arte debe ser buscada en la serie de historias cortas a las que llamó `historias en la palma de la mano` escrita a lo largo de su vida.

Como soñadas, intensamente atmosféricas, por momentos autobiográficas y otras veces fantásticas, estas historias reflejan el concentrado interés del autor japonés por la miniatura, el fragmento de argumentos reducidos a lo esencial y la escritura relámpago. Conviven la soledad, el amor, el paso del tiempo, los rituales y la muerte.

Hay cargas intensas de profundidad psicológica en los personajes, anécdotas narradas con extrema sencillez, ambientaciones embebidas de un esteticismo capaz de remitirnos a la relectura, pero también una penetrante visión de la naturaleza humana.
Anclado en la contemplación, una de las tradiciones orientales por antonomasia, Kawabata utiliza la mayor cantidad de recursos que posee el curioso sobre las cosas sencillas que suceden alrededor y dentro de los ciudadanos, y entonces concentra su penetración, indagando de manera detallista en los gestos, en las miradas, en aquellas pequeñas situaciones que se suscitan, en tanto dos o más personas entran en juego para relacionarse, y así lo escribe, economizando palabras, como si después de la observación dedicara gran parte de su tiempo creativo para elegir  las que relatará.

Pero a pesar  de la intensa observación en los relatos, Kawabata no sólo estaba interesado en la textura, y en la percepción visual que pudiera conseguir a través de sus construcciones literarias para contemplar el bello y a veces terrible espectáculo que pudiera ofrecer tanto la naturaleza como los seres humanos, porque por otro lado, ofrece la idea fundamental de Lao Tse (fundador del taoísmo): el principio del universo en el que confluyen una serie de opuestos como la vida y la muerte, el bien y el mal, el todo y la nada, desde donde se derivan dos conceptos contrapuestos pero a la vez complementarios, no puede vivir el uno sin el otro: el hombre y la mujer, la tierra y el cielo.


Y, sobre todo, está la mirada aguda y recreadora en detalles existenciales de mujeres jóvenes, casi niñas, como si hubiera en él una suerte de obsesión por penetrar el alma femenina. Como veremos en  La casa de las bellas durmientes.




M
ishima (1925/1970).





Yukio Mishima nació en Tokio en una familia de buena posición económica. Estudió leyes y luego, pese a la oposición paterna, se dedicó a la literatura.

Pasó los primeros años de su infancia bajo la sombra de su abuela, Natsu, que se lo llevó y lo separó de su familia inmediata durante varios años. Natsu provenía de una familia vinculada a los samurai de la era Tokugawa , y mantuvo aspiraciones aristocráticas  aún después de casarse con el abuelo de Mishima, un burócrata que había hecho su fortuna en las fronteras coloniales. 

Tenía mal carácter y tendencia a la violencia, incluso con salidas mórbidas cercanas a la locura que serán posteriormente retratadas en algunos escritos de Mishima. Algunos biógrafos opinan que Natsu favoreció la fascinación de Mishima por la muerte. Ella leía francés y alemán, y tenía un exquisito gusto por el teatro Kabuki.

Aunque su padre le había prohibido escribir ninguna historia más, Mishima continuó escribiendo en secreto cada noche, apoyado y protegido por su madre Shizue, quien era siempre la primera en leer cada nueva historia. Después de la escuela, su padre, que simpatizaba con los nazis, no le permitiría ejercer una carrera de escritor, y en lugar de ello le obligó a estudiar Ley alemana.

Mishima, de Tanadori-Yokoo
Todo el bosque en flor (1944) fue un impacto editorial tras el cual llegó Confesiones de una máscara (1949) de carácter autobiográfico que lo reveló un narrador exquisito.

Nieve de primavera, Caballos desbocados, El templo del alba y La corrupción de un ángel son las cuatro novelas que integran el ciclo El Mar de la fertilidad, un intento de analizar la sociedad japonesa y que, en su conjunto, constituyen una especie de testamento ideológico del autor, que se rebelaba contra una sociedad para él sumida en la decadencia moral y espiritual.

Regresa a la ficción con El rumor de las olas (1954) y con Cinco no modernos (1956) aborda el teatro. Continúa con la novela El pabellón de oro (1956), El marino que perdió la gracia del mar (1963) y regresa al teatro con Madame de Sade (1969).

Fue propuesto para recibir el Premio Nobel en 1968, galardón que le fue negado por sus declaradas inclinaciones fascistas explicitadas en la Proclama del 25 de Noviembre que leyó en el cuartel que tomó durante su frustrada sublevación.

Precisamente el 25 de noviembre de 1970 junto a sus discípulos del grupo Sociedad del Escudo, (escudo contra la influencia para él mortal de Occidente, pero más particularmente de los vencedores de Japón durante la 2º guerra mundial),se quitó la vida por el rito Sepukku (hara-kiri) frente a las cámaras de televisión tras el intento de rebelión militar dirigido por él mismo. Ese día Mishima y cuatro miembros de la Tatenokai visitaron con un pretexto al comandante del cuartel general de Tokio de las Fuerzas de Autodefensa de Japón. 

Una vez dentro, procedieron a cercar con barricadas el despacho y ataron al comandante a su silla. Con un manifiesto preparado y pancartas que enumeraban sus peticiones, Mishima salió al balcón para dirigirse a los soldados reunidos abajo. Su discurso pretendía inspirarlos para que se alzaran, dieran un golpe de estado y devolvieran al Emperador a su legítimo lugar. Solo consiguió molestarlos y que le abuchearan y se mofaran de él. Como no fue capaz de hacerse oír, acabó con el discurso tras solo unos pocos minutos. Regresó a la oficina del comandante y cometió seppuku.

Mishima resume la contradicción puesta en evidencia en el apego a la tradición imperial y la realidad circundante de un Japón vencido en la guerra y sometido al dominio occidental.

Para algunos constituye el paradigma del autor maldito de la rebeldía de los sesenta y despierta curiosidad por su entrega a un ideal ejecutado sin apelación en su suicidio. Pero aunque su fin puede haber pretendido ser algún tipo de testamento, la naturaleza teatral de su suicidio, las poses en las fotografías para las que posó, ponen en tela de juicio ese acto, que ha estado rodeado de mucha especulación. 

Mishima debía haber sabido que su intento de golpe jamás podría haber tenido éxito y su biógrafo, traductor, y antiguo amigo John Nathan sugiere que fue solo un pretexto para el suicidio ritual con el cual tanto había soñado.



L
os siete puentes.


Desde un presente infeliz, tres geishas se proyectan a un futuro deseado. Para que sus deseos se cumplan deberán cruzar siete puentes de Tokio, sin pronunciar palabra. La superstición y la esperanza las guían, pero la vida a la cual están destinadas les da un golpe de realidad inevitable.



Su lectura puede dejar un interrogante.  Este texto, como muchos de los que ha escrito, evoca una clara belleza, serenidad; sus cuentos  denotan un profundo conocimiento de las emociones humanas.  Entonces, ¿cómo pudo Mishima al mismo tiempo adoptar ideas políticas tan terribles y agresivas? ¿Cómo convivían en él el poeta y el fascista?  


Quizás parte de la clave está en su apego a  los valores tradicionales del Japón del emperador: tiene como personajes principales a jóvenes dignos y sensibles, alertas de su situación, patriotas comprometidos con una ideología milenaria, tradicional, y defensores a ultranza de valores perdidos, como en este cuento.  Cree que la juventud de su país está en declive y eso lo aterra. Nunca admitió la derrota militar y cultural de Japón al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Y Mihima habla siempre de ese dolor, de cómo la esencia de su pueblo va desapareciendo.

Todo esto, unido a una enorme sensibilidad, con  propensión al estallido (como lo demuestra la violencia de su muerte), pueden intentar explicar no la ferocidad de sus ideas políticas, (porque no tienen justificación posible) sino de qué extraña manera, a veces, la belleza más plena viene de la mano de un  sufrimiento violento. El mismo que sintió durante toda su vida, y  lo llevó a terminar con todo. Y quizás, desde ese lugar, llegar a la irracionalidad absoluta. Ser japonés fue, para él, su muy particular manera de ser universal.



martes, 16 de octubre de 2012

Los adentros y afueras de China: Gao Xingjian, y Mo Yan


Lejano Oriente: Toda la tradición ancestral de una cultura que ideó conceptos como  los opuestos complementarios, la idea de cambio, la alternancia entre taoísmo y confucianismo; más  la marca indeleble de las dinastías, la revolución cultural,  la Literatura de las Cicatrices y  de la Vuelta a las raíces. Y entre todas esas claves,  Gao Xingjian, y Mo Yan, ambos premios Nobel (uno en el exilio, el otro residente en China).


Mujer china-Pintura contemporánea de Xi'an Meilung


L




a  literatura de China se remonta a épocas remotas: tiene una historia de más de tres mil setecientos años, y algunas de sus obras más antiguas son textos clásicos que  se reeditan constantemente en todo el mundo, como  el Tao Te King o El arte de la guerra.

Durante siglos la literatura china ha sido no sólo una reflexión sobre la sociedad y la vida, sino que también ha tenido un fuerte contenido político: muchos de sus escritores eran altos funcionarios o filósofos que estudiaban y proponían nuevas formas de gobierno para China.

La idea de los ciclos, tan bien plasmada entre las bases filosóficas y metafísicas del taoísmo, les permitían entender, por un lado,  la búsqueda del camino hacia la sabiduría (el Tao) a través de la observación de la naturaleza. La felicidad humana, de acuerdo a los taoístas, se lograba cuando los humanos seguían el orden natural, actuando espontáneamente y confiando en sus conocimientos intuitivos.No sólo creían que el flujo y el cambio eran características esenciales de la naturaleza, sino que también existen patrones constantes en aquellos cambios que pueden ser observados por los humanos.

Por eso mismo, por otro lado, aceptaban lo opuesto de épocas en las que regía la moral confuciana, con sus valores arcaicos basados en el verticalismo de la jerarquía monárquica y familiar, típicamente patriarcal a la que Lao-Tse (a quien se le atribuye la creación del Tao Te Ching, obra esencial del taoísmo, en el siglo VI a.C), se opone rotundamente.
Ambas tendencias de pensamiento representan polos opuestos en la filosofía china, y reconocidos sinólogos como Richard Wilhelm, Joseph Needham e Iñaki Idoeta dejan constancia de ello.


Narraciones y dinastías
La narración tradicional china de la historia se basa en el llamado ciclo dinástico, mediante el cual los acontecimientos históricos se explican como el resultado de sucesivas dinastías de reyes y emperadores que pasan por etapas alternas de auge y declive. 
Entender a las dinastías es de mucha importancia, ya que la historia china está claramente marcada por pocas familias con gran poderío económico social que se hicieron del liderazgo de esta extensión por centenares de años. 

Así, cada una de ellas generó grandes cambios en los aspectos sociales, geográficos y culturales según la concepción política y filosófica que la definía. En términos generales, las distintas dinastías chinas supieron hacerse del poder por largos períodos debido al convencimiento desde los primeros vestigios de las monarquías de los reyes de poseer derechos divinos otorgados por los dioses para llevar al pueblo por el buen camino.
El desarrollo de las dinastías se vio tanto en la época de monarquías en China así como en su época imperial. Realizando un análisis estadístico en donde se ve esta importancia dinástica para el país se ve analizando que en los 3774 años de historia, casi 3677 años corresponden a dominios de las distintas dinastías. Es decir más de un 97% primaron las dinastías en el desarrollo del país.

V
eamos el orden cronológico de la historia de las dinastías: la primera conocida es la dinastía Shang, vigente entre los siglos XVI a XI a.C, y las sucesivas a lo largo del tiempo son Zhou, Qin, Ming, Han, Wei del Norte, Zhou del Norte, Tang, Song y Yuan, siendo la última la dinastía Qing, que rige entre los años 1644 a 1911 d.C.

En cada una de ellas hay poesía, canciones populares, dramas satíricos, pero especialmente en las dinastías Ming y Qing aparecen varias novelas de renombre, como la Crónica de los tres reinos de Luo Guanzhong, A la orilla del agua de Shi Nai´an, la Peregrinación al Oeste de Wu Cheng´en y el Sueño de las mansiones rojas de Cao Xueqin.

Sin embargo llegó un momento en que la tradición de las dinastías representó un lastre para la era moderna.
Durante el siglo XIX los Qing entraron en claro declive, debido a las innumerables rebeliones internas y a la presión de las potencias coloniales, que aprovechaban la debilidad del Gobierno para conseguir tratados comerciales muy favorables para los intereses occidentales.

En este sentido cabe destacar las dos Guerras del Opio (1839 – 1842 / 1856 – 1860).

El Reino Unido había intentado compensar su deficitaria balanza comercial con China mediante masivas exportaciones de opio procedentes de sus colonias en India. La adicción a esta sustancia se convirtió en un verdadero problema de salud pública en China –algunas estimaciones afirman que un cuarto de la población estaba enganchada- y Pekín prohibió su comercio, lo que provocó la declaración de guerra británica. Los ejércitos de Su Majestad barrieron a las fuerzas imperiales, forzando tratados de paz humillantes para los chinos, que en la práctica permitían a las potencias occidentales hacer y deshacer a su antojo en el país, además de ceder Hong Kong a Gran Bretaña.


De esta manera el orden imperial se fue socavando, y fue finalmente derrotado. El último emperador fue P'u-yi, quien se vio obligado a renunciar a su título en 1924, cuando tenía 16 años de edad.
En 1949 los comunistas llegaron al poder en China.

L
iteratura contemporánea china

El Movimiento Cultural por la Nueva Democracia, iniciado en la década 20 del siglo XX, llevaba desde su principio el pensamiento antiimperialista y antifeudal. Los autores progresistas representados por Lu Xun, iniciaron la literatura moderna de China. La verdadera historia de A Q de Lu Xun, La Diosa de Guo Moruo, Medianoche de Mao Dun, Familia, Primavera y Otoño de Ba Jin, El muchacho de ricksha de Lao She y La tempestad y La salida del sol de Cao Yu, son obras excelentes de ese período.

Con la fundación de la Nueva China en 1949, la literatura china entró a su período contemporáneo. En los primeros tiempos, las obras literarias reflejaban principalmente las luchas y sacrificios del pueblo chino en el período de la liberación, así como sus contribuciones en la construcción socialista de China.

Durante la Revolución cultural, la literatura sufrió graves perjuicios y presentó un cuadro de empobrecimiento, período que se prolongó hasta la reforma y apertura de 1978, donde la literatura recobró su vigor. Con Cicatriz de Lu Xinhua como principio, las obras siguientes reflejan la vida del pueblo en la "revolución cultural": La orquídea roja yulan al pie del gran muro de Cong Weixi, Arboles para la forestación de Zhang Xianliang, Poblado de Furong de Gu Hua y Habrá huracán esta noche de Liang Xiao-sheng.
Más contemporáneas son las obras llamadas "literatura de búsqueda de las raíces" como: Sorgo rojo del reciente premio Nobel de 2012, Mo Yan.

Los autores que trabajaremos serán Gao Xingjian, y Mo Yan. Pero para comprender ciertas claves de la cultura china, comenzaremos mencionando la renovación que propone Lu Sin.

L
u Sin  y la literatura revolucionaria

Lu Sin -o Lu Xun- (1881-1936), fue un defensor de la renovación cultural de su país, además de uno de los primeros escritores en dejar de utilizar el chino clásico. Adscrito a la Liga de Escritores de Izquierda –grupo muy cercano al Partido Comunista-, decide volver sobre algunos de los héroes más tradicionales de la cultura china, para utilizarlos como material de resistencia frente a la hegemonía que se venía desprendiendo de esas mismas tradiciones, y que a principios del siglo XX se convirtió en el principal obstáculo para la renovación social a la que aspiraba el comunismo. 

Esta era una literatura que seguía el camino de la tradición rusa, humanista, social y política, de gran fuerza en su momento, pero que resultó pronto asfixiada por la modernización autoritaria maoísta.

Sin embargo es interesante  la desmitificación de la cultura china que se propone Lu Sin en Antiguos Relatos Vueltos a Contar publicada en 1935, en el sentido de que expresa una revisión de la forma en la que se ocultó (tras el lenguaje de la leyenda), un inmenso conjunto de paradigmas que mantuvieron siempre muy marcada la distancia entre clases, despojando el papel histórico de las mayorías y restringiéndolo al dictamen de los sabios, los guerreros o los políticos.

Naturaleza, hombre y cosmovisión

Antiguos Relatos Vueltos a Contar reúne en total ocho textos que coinciden en la búsqueda de desenmascarar las formas de sometimiento mantenidas a través de la tradición. El lector va descubriendo cómo la frase de un “señor” puede pretender legitimar un esquema injusto, cómo la insistencia en valores y jerarquías del pasado es una estrategia de control y estancamiento, o cómo una guerra presuntamente nacional, las más de las veces sólo obedece a intereses personales.

La antología asume tres de las líneas más importantes de la tradición china:
  • ·         el mito,
  • ·         la leyenda,
  • ·         y los héroes.

El interés de Lu Sin es extraer de ellos  el punto de quiebre de la historia. Cuando habla de la naturaleza  se refiere a los procesos históricos que determinan ciertas formas de entendimiento; la naturaleza no es vista como una figura insuperable, sino como un estado objetivo frente al cual se ubican los personajes, quienes no satisfaciéndose con su sola comprensión, reconocen en ellos mismos el llamado histórico para transformarla.
Así, el hombre propuesto por Lu Sin es consciente de que hay una naturaleza que lo determina –el diluvio,  la guerra o el hambre-, pero que, por un lado, esa naturaleza es sólo un estado de la historia, no su fundamento y, por otro, que la naturaleza histórica siempre es superable cuando se descubren y denuncian las fuerzas político-sociales que mantienen su estado actual.

Hay todo tipo de pensamientos e ideologías: sabios que insisten en que la cultura es un privilegio de cierto grupo y que, por demás, ha encontrado en el pasado su más noble expresión; hay gobernantes de mirada cerrada que nunca piensan en lo que legitima socialmente una invasión o una guerra. Sin embargo, la fuerza re-creativa propuesta por Lu Sin está subrayada en el hombre inconforme, audaz y emancipado que hasta entonces se había mantenido como personaje secundario de la tradición china.

La rigidez del dogma, el arma de la tradición

La extensa historia de la China había desembocado a principios del siglo XX en una situación previsible: dirigida por unas cuantas dinastías, y mantenida por una reducida lista de sabios y guerreros, que la impusieron sobre el pueblo (con guerras  o discursos), todo aquello que unos pocos habían determinado como “tradición nacional”, era la norma.

Combatir el peso de las tradiciones, producto de siglos y siglos de tergiversaciones, era una tarea ardua. Muy difícilmente un ciudadano cualquiera podría consentir que la historia y costumbres con que había sido educado él, y antes de él, sus padres y demás antecesores, estuviese basado en un poder que pretendía apartarlo de las grandes decisiones.
Lu Sin decide así recontar las historias tradicionales de su país. Fue un trabajo que le tomó más de trece años –desde 1922- y que concluiría apenas un año antes de su muerte -1936-. Vuelve sobre lo que el pueblo chino consideraba como “suyo”, y pone en evidencia las situaciones y los escenarios que puedan colaborar a una apertura. Los temas que aborda son los siguientes:

1. Sobre la desmitificación de los dioses. El primer punto que considera es el del carácter de los dioses. Esta discusión es particularmente palpable: los designios de los dioses se muestran arbitrarios porque ante ellos el hombre nada puede y debe conformarse con su cumplimiento. Lu Sin se revela frente a este tipo de dominación y directamente lo denuncia. Como en el caso de Chuang-Tsi (quien se encuentra dialogando con la divinidad del destino, que intenta convencerlo de que sólo ella puede decidir sobre la vida y la muerte), en el cual el hombre contesta:

“Divinidad suprema, cometéis un error. En realidad, ¿se distingue la muerte de la vida? Yo, Chuang Chou, he soñado que me transformaba en mariposa, una mariposa que revoloteaba por aquí y por allá. Cuando desperté, era de nuevo Chuang Chou, abrumado de tareas. Y en el fondo me pregunto si es Chuang Chou quien ha soñado ser mariposa o la mariposa quien ha soñado ser Chuang Chou; es algo que aún no he puesto en claro. Del mismo modo puede uno preguntarse si este cráneo no está viviendo y si lo que se llama retorno a la vida no es, por el contrario, la muerte. Ruego al Dios Supremo que se muestre un poco conciliador; si los hombres deben ser comprensivos, no es obligatorio que los dioses manifiesten obstinación”.

 Es decir, puede ser que los dioses controlen ciertas fuerzas, pero lo hecho por el hombre tiene la misma validez que lo divino, porque tiene también el sello de la creación, y en ello ha puesto su libertad y paciencia.

2. Sobre la división de clases. La propuesta de Lu Sin para la superación de esas divisiones entre clases se ve en Contener al Diluvio, cuando China se encuentra completamente inundada, y nadie ha logrado encontrar una solución que restituya las condiciones naturales de la tierra. Así los hombres han optado por soportar como mejor pueden la situación: algunos viven en balsas –los más pobres-, comiendo algas y otras plantas acuáticas y, por su lado, los ricos y sabios se han instalado en lo alto de las montañas (el Monte de la Cultura), en donde reciben comida que viene por los aires y el agua desde muchas partes.

Varios comités del gobierno han visitado las poblaciones más afectadas y han concluido que, a pesar de las difíciles condiciones, resisten la situación, y empiezan a acostumbrarse. “Comen bien –dicen-, y se entretienen hablando fruslerías”. Es más, ante el obligado cierre de las universidades y centros culturales, la gente se vuelve cada día más estúpida. Solamente el exclusivo grupo que ha ido a vivir al “Monte de la Cultura” sigue leyendo y discutiendo sobre los asuntos humanos. Allí se utiliza el "OK" para asentir, se filosofa sobre la animalidad del hombre y sobre cómo los sabios valoran que la cultura es lo más vital de la nación, que ellos mismos son el alma de esa cultura, y que sin importar que los hombres pobres mueran, mientras subsista la cultura, China superará el horrible panorama del diluvio.

Sin embargo, en este mismo relato, y también en otros,  se muestra al hombre corriente que logra escapar del juego: en ellos, los personajes enfrentan el régimen sin importar las consecuencias, con tal de no legitimar con su silencio una condición injusta y peyorativa

3. Sobre la ruptura de la tradición. Existe un conjunto de normas y costumbres que el pueblo chino asume como respetables y necesarias. En contraste, Lu Sin observa que muchas de ellas encierran sólo un ánimo de control. Son muy frecuentes las referencias a la necesidad de superar los viejos discursos y prácticas, puesto que son estos los que impiden de manera más profunda la evolución del pensamiento y la transformación social.
En Contener al Diluvio, hay una posibilidad de superar la difícil situación que se ha cernido sobre China; se trata de la canalización propuesta por Yu. Él ha examinado juiciosamente la geografía de la región, pero la idea es mal acogida por parte de los sabios y gobernantes, quienes encuentran que con ella se rompe, por un lado, el método tradicional de afrontar el problema  a través de los diques y, por otro, la reputación de la familia de Yu, que siempre fue partidaria del uso de esos diques. No dispuestos a aceptar esta doble transgresión, encuentran en Yu una figura peligrosa. Lo que está en juego es el control de una situación -como el diluvio- que ha resultado bastante provechosa para la clase dominante; solucionarla sería quitarle sus privilegios, además de que con ese método se rompe con la tradición.

4. Sobre la guerra. Se discute en varios de los relatos de Lu Sin sobre el sentido de la guerra. En la mayoría de los casos lo que se propone es el reconocimiento de que casi siempre los enfrentamientos están basados en un interés personal que pretende declararse compartido, pero del que sólo resultan beneficios particulares. En especial, el relato Contra la Guerra muestra esta condición.

Aquí, donde antes se veían victorias de un reino sobre otro, ahora se puede ver solamente que muchos de sus antiguos guerreros fueron simples matones a sueldo, que se vendieron al mejor postor, o que combatieron engañados contra su propia gente y que, por esta razón, no son dignos de la veneración que hasta entonces recibieron.






L
a literatura china actual y sus contradicciones.

La literatura china moderna (como hemos visto con Lu Sin, pero también otros autores como Guo Moruo, Mao Dun, Lao She, Ba Jin, Shen Congen, Ya Dafu) llegó con la revolución, pero al mismo tiempo murió con ella. Eso explica el vacío registrado entre 1942 y el fin de la Revolución Cultural (1976). 

Solo después del maoísmo aparece una literatura, que sigue siendo muy social y está enfocada a la narración de los sufrimientos de la época maoísta, la llamada "literatura de las cicatrices", representada por Yang Jian, Yu Luojin y otros. Estos autores muestran el mismo interés por encontrar un lenguaje nuevo y prueban un mayor dominio técnico en sus respectivos géneros.

Literatura de las cicatrices

La verdadera explosión literaria china se produce en los años ochenta, una primavera de gran creatividad, con una censura débil que va por detrás de los acontecimientos, en la que surgen tres generaciones de escritores con estilos y temas muy variados.

Hacia mediados de los noventa, en China, las exigencias del mercado se hicieron determinantes. La subordinación al mercado abrió posibilidades a la creación, pero también impuso el escribir para ganar dinero, para gustar al mercado global (occidental), o pensando en guiones del entretenimiento de masas para la televisión. Aparecieron autores, nacidos entre los sesenta y los ochenta, hijos de nuevos ricos muy occidentalizados, tentados por lo marginal, con nostalgia hacia un mundo con ideales y mayor libertad, que enfatizan "el lado negro" de la vida; Dai Lai, Guo Xiaolu ("La ciudad de piedra"), Han Han, Tian Yuan, Hu Fang... Al mismo tiempo otros autores continuaron en la tradición social que se encontraba, tanto en la época anterior como inmediatamente posterior al maoísmo, peleando con el "establishment" por el derecho a describir los problemas e injusticias de la nueva sociedad.


G
ao Xingjian (China, 1940) 



Gao Xingjian en una exposición de sus pinturas.


Nacido en la localidad de Ganzhou, de padre banquero y madre actriz, conoció los campos de reeducación y fue obligado a quemar manuscritos. Estudió Lengua Francesa en el Instituto de Lenguas Extranjeras de la Universidad de Pekín. Durante la Revolución Cultural, fue enviado seis años a trabajar como agricultor con el fin de ser “reeducado”, por haberse dedicado a la escritura. Tras ese periodo, trabajó en la Asociación de Escritores Chinos como traductor de francés, publicando su primera novela en 1978.

Fue contratado como guionista del Teatro Popular de las Artes de Pekín, donde en 1982 se representó su primera obra, La Señal de Alarma. Su segunda obra, La Estación de Autobuses, estrenada al año siguiente,  sigue a una pieza corta de Lu Xun, cuyo protagonista acababa poniéndose en la cola de una parada de autobuses. Así, se enlazaban el final de la obra de Lu Xun con el comienzo de La Estación de Autobuses. Esta obra, la más famosa de sus composiciones para teatro, tiene ciertas similitudes con Esperando a Godot,  la obra del teatro del absurdo, de Samuel Beckett con una trama que intencionalmente no tiene ningún hecho relevante y simboliza el tedio y la carencia de sentido de la vida humana.

Pero la "Campaña contra la Contaminación Intelectual" emprendida por el Gobierno chino a mediados de los años 1980, le causó problemas con la censura, y el estreno de su tercera obra, El Hombre Salvaje se pospuso hasta 1985. A partir de 1986 se prohibió la representación de sus obras nuevas.

Pintura de Gao Xingjian
Con esas obras, Xingjian se volvió uno de los blancos intelectuales preferidos de un régimen político cuyas autoridades consideraron como “los textos más perniciosos que se hayan publicado desde la creación de la República Popular”.

Los elementos introducidos por Xingjian constituían una mezcla  entre teatro local y elementos del teatro del absurdo (occidental). Pero para el régimen, cultura occidental y Gao Xingjian eran una misma cosa.
El autor de La parada no hacía sino “importar” los elementos más sucios de esa “contaminación cultural que conduce al pesimismo, a la falta de disciplina, la degeneración moral, a las inclinaciones mercenarias y al escepticismo frente al socialismo”
(pasaje textual del semanario Pekín Información).

En 1987 viaja a París y se queda viviendo allí. Ya no volvería a China. En Francia termina la novela La Montaña del Alma (1990), y allí reside en la actualidad con ciudadanía francesa. Si eligió esta vida de exilio “fue para tener la libertad de expresarme, sin obligaciones.” Su preferencia por la inventiva narrativa y el teatro no son ajenas a sus bases culturales: Xingjian tradujo al chino muchos autores surrealistas, entre los cuales su preferido fue Antonin Artaud.

Esta novela, La Montaña del Alma, escrita entre 1982 y 1989, relata la peregrinación de un etnólogo en la China septentrional durante la Revolución, en busca de culturas minoritarias, y sintetiza claramente la estética de Xingjian. Su personaje oscila entre el individuo y la masa, busca sus raíces, la paz interior y la libertad, pero el choque entre tradición y modernidad lo hará rebelar.


En el año 2000, se le concedió el Premio Nobel de Literatura, siendo el primer escritor chino en conseguirlo.
La noticia fue recibida con indignación por parte de las autoridades chinas, y los medios de comunicación de la China continental no informaron sobre la concesión del premio.

Xingjian utiliza técnicas narrativas muy distintas de las de los novelistas chinos, hasta el punto de que un editor de su país de origen llegó a decirle que no sabía escribir, pero no deja de inspirarse en la tradición de su país para hablar de su época.

Una caña de pescar para el abuelo
 
Leeremos dos relatos de este volumen, escritos entre 1983 y 1990, en los cuales las características más evidentes son:
  • ·         la presencia del monólogo interior-o flujo de conciencia-,
  • ·         el uso de la capacidad de evocación del lenguaje (muy sugerente en la lengua china, por su ambigüedad)
  • ·         y el deseo permanente de experimentación.

En todos ellos un suceso cotidiano provoca una reflexión profunda o una evocación de otros hechos. Además incluye sutilmente críticas a ciertos comportamientos de la sociedad china de su tiempo (internamiento en campos de reeducación, autoritarismo de la policía…) y apoya abiertamente la defensa de la naturaleza.

Xingjian sigue el estilo de la teoría del iceberg de Hemingway, jugando en sus relatos a ocultar cierta información vital para entender la historia, e impulsarla hacia delante.

El accidente narra una situación trágica, un accidente de tráfico, y a partir de él hace una radiografía de la sociedad china. Diferentes personajes de desigual procedencia opinan y reaccionan de manera distinta ante el mismo hecho: el accidente. Contiene diálogos llenos de humor y una reflexión final sobre el azar, el destino, la moral, la filosofía…

El calambre es la historia de un hombre que se zambulle en el mar y allí es sorprendido por un calambre que le dificulta el regreso a la orilla. En esta situación límite el protagonista deberá intentar dejar de lado sus reacciones y usar todo su pensamiento racional para intentar volver hasta la playa, mientras recuerdos de toda clase lo inundan, y se debate entre la vida y la muerte, como dos caras de la misma moneda.


L
iteratura de vuelta a las raíces





La literatura contemporánea china ha vuelto a mirar a aquella cultura tradicional que la revolución denostó. Una de esas grandes novelas que expresan esa nueva mirada es "Vida y muerte cansadas" de Mo Yan, el recientemente  ganador del premio Nobel, que describe las seis reencarnaciones budistas de un latifundista fusilado por los comunistas en 1949, que luego es caballo, vaca, burro y mono, antes de volver a ser persona en la China de la apertura, cuando su sexta reencarnación vuelve a acaparar tierra, una especie de regreso al origen en una situación completamente diferente. 

De Mo Yan, se han traducido varias novelas al castellano, entre ellas "Sorgo Rojo", popularizada por una de las mejores películas de Zhang Yimou, y la Balada del ajo.



M
o Yan (China, 1955) cuyo verdadero nombre es Guan Moye, reciente premio Nobel.

Proveniente de una familia de agricultores y campesinos, Mo Yan pertenece a la "generación perdida" de chinos que tuvo que dejar los estudios para trabajar en una fábrica durante la "Revolución Cultural" (1966-76) de Mao Zedong.

Más tarde se unió al Ejército Popular de Liberación, a la edad de veinte años, y comenzó a escribir cuando todavía era un soldado, en 1981, influido por escritores occidentales, en especial Gabriel García Márquez, Tolstoi y Faulkner, aunque se le conoce sobre todo como "el Kafka chino". Tres años después, se le dio un puesto de profesor en el Departamento de Literatura de la Academia Cultural del Ejército.

Dos años más tarde abandonó sus aspiraciones militares. Consiguió trabajo de editor en un periódico y escribió novelas como La tortura del sándalo (2001) y Rana (2009). Hace cuatro años publicó Las baladas del ajo, un retrato de la China rural. Sorgo rojo, el libro que lo lanzó a la fama, fue adaptado al cine por el director Zhang Yimou, película que se alzó con el Oso de Oro en Berlín en 1988.

En su libro Grandes pechos, amplias caderas hace un repaso, desde la mirada de una mujer, de la historia de la China del siglo XX. El contenido sexual de su obra causó tanta polémica en su país que el Ejército chino lo forzó a escribir una autocrítica y tuvo que retirar la obra del mercado.

Sus obras son en su mayoría de comentario social, y está fuertemente influenciado por la crítica política de Lu Xun y el realismo mágico de Gabriel García Márquez, por quien siente admiración. Pero en la obra de Mo Yan no nos encontramos con Macondo, sino con China. Es un retrato de la China rural, las historias populares, criticando a la sociedad, con humor negro y picante y con realismo mágico. El uso de imágenes deslumbrantes es complejo y a menudo violento. Mo Yan establece muchas de sus historias cercanas a su ciudad natal:  Gaomi, municipio en la provincia de Shandong.

Prolífico, Mo Yan escribió su última novela, La vida y la muerte me están desgastando en sólo 43 días. Compuso más de 500.000 caracteres contenidos en el manuscrito original en papel tradicional china con tinta y un pincel de sólo escritura.

Es el primer ciudadano con residencia en China en ganar el Premio Nobel, ya que  su compatriota  Gao Xingjian ya no reside allí.

Mo Yan, el escritor de la China real
“Busco siempre reflejar la realidad, sin remordimientos ni censuras, lo que veo y lo que siento” (Mo Yan).

Pintura contemporánea-Yag Peilin

Sus novelas muestran el sufrimiento de los más débiles de la sociedad china -las mujeres y los campesinos-, envueltos en un realismo a veces mágico, a veces aplastante, lleno a la vez de lirismo y de brutalidad.

Habla de la China que tan bien retrata, de su literatura, de su vida y sobre todo de su gran tesoro: su juventud en el campo, donde a pesar de las penurias vividas se enriqueció de la cultura popular.

Mo Yan es un pseudónimo que significa ‘no hable’ y se lo puso tras 20 años sin poder apenas expresarse. El escritor explica esta ironía:

"Llamarme Mo Yan es irónico, porque siempre he tenido tendencia a explicar muchas cosas, pero durante mi infancia no me dejaban. Eran momentos de mucha inestabilidad política, durante la Revolución Cultural, y la gente casi no hablaba para no equivocarse y no perjudicar a la familia.

Hasta los cinco años tuve problemas de lenguaje, pero cuando empecé a hablar mis padres se asustaron y me recomendaron que me callara. Esto duró hasta los 20 años, por eso me puse este pseudónimo cuando empecé a escribir y ahora ya es mi nombre oficial. Supongo que todo esto habrá tenido una influencia en mis ganas de escribir, pero creo que habrá sido de un modo algo inconsciente."

La literatura épica de Mo Yan: Kafka, García Márquez y Faulkner

Hace ya unos años, en 2008, el escritor y crítico italiano Claudio Magris publicó en Il Corriere della Sera un artículo en el que menciona la reseña realizada por Goffredo Fofi dedicada a la versión italiana de Sorgo Rojo. 

Reflexiona sobre el filón narrativo “del Sur del mundo”, del que Faulkner fue su expresión más fuerte, junto con García Márquez (otro épico del Sur del mundo), así como Kafka se sitúa en el polo opuesto -saliendo de la vida para poder aferrarla y narrarla—como “máximo narrador del Norte del mundo”.

Dice Magris en dicho artículo: 
“Mo Yan proviene de un continente cultural, político y social, China, que es protagonista de la historia del mundo y vivió de una manera peculiar y extrema esa transición del pasado a la modernidad —transición todavía en proceso— que marca el destino humano global.

Mo Yan ha sabido estar a la altura de esta vital y destructiva riqueza de experiencia y por esto es uno de los más grandes escritores contemporáneos, capaz de absorber con absoluta originalidad la tarea del narrador, que es el de contar vicisitudes individuales en las que toma rostro la historia universal.

China, en sus últimos cien años, pero incluso en su muy reciente pasado o su fugaz presente, le proporciona a un escritor la posibilidad —y por lo tanto la necesidad— de escribir como un autor épico de la tradición y a la vez como un autor posmoderno, desde un remoto rincón de provincia y desde el centro del mundo. Mo Yan sabe atrapar esta seductora multiplicidad que también es presencia, a la vez, de tiempos históricos diferentes y sabe transformarla en lenguaje y en estilo, en una sangrienta, imaginativa, impredecible, plural y también concreta invención lingüística que restituye la totalidad del mundo.

Gaomi, la aldea en torno a la cual giran sus historias de sudor, de sangre, de esperma, de dolor, es, como otros lugares de la literatura de toda época, el universo.

Vivir en China ha sido, para su escritura, una fortuna, que lo ha preservado de esas “chinerías” tan frecuentes en los escritores exiliados, quizá inconscientemente inducidos a “hacerse” los chinos porque temen haber dejado de serlo y a acentuar su identidad hasta llegar al estereotipo.

Por otra parte, Mo Yan está enraizado en su mundo —incluso fundó el movimiento literario “En busca de raíces”— y está alejado de esos jóvenes autores chinos, incluso dotados, cuyas páginas escritas en Shanghai podrían muy bien provenir de Los Ángeles, ejemplo de una globalización que
 —si bien cada vez es menos peligrosa para un escritor, que el regresivo particularismo y la manía de identidad—, se arriesga a apisonar y a nivelar las diferencias. 

En los grandes frescos y en los breves cuentos de Mo Yan se encuentra la saga, no sólo  de una familia, sino de la historia china del siglo XX, representada con imparcialidad ideológica; se encuentra, como en el admirable Sorgo rojo,  sobre todo la guerra, en todo su devastador y punzante desasosiego, y se encuentra la terrible realidad de la China agraria, con su maldición arcaica y moderna, sus remolinos de brutalidad, soledad,  y crueldad —la sofocante limitación de la vida de familia y de pareja, la búsqueda del hijo varón y la consiguiente dureza de la condición femenina, los abortos, los infanticidios—. Una vez más es la gran literatura la que hace entender a fondo, con una radical humanidad ajena a ideologías y moralismos, una tremenda realidad.

Un lenguaje que nace junto al mundo que narra y que es reinventado como el de los grandes autores experimentales y, sin embargo, clásicamente comprensible, surtidor y originario como siempre es originaria toda experiencia fundacional del individuo, que sucede aquí y ahora pero también siempre. Aparte de Faulkner y Márquez, me viene a la mente otro gran creador épico, Guimaraes Rosa.

En este lenguaje torrencial y despiadado, envolvente, desbordante y preciso, muy audaz en las imágenes y en el ritmo, quien habla parece ser, en su totalidad, la vida, infinitamente variada e irregular, ignorante de esa sucesión temporal de la que tenemos necesidad para ilusionarnos que la dominamos.

Dos obsesiones dominan esta épica. Una es el sexo, inagotable, maniático y también magnánimo. La otra es la violencia, la ferocidad, la sangre, la crueldad de la existencia y de la guerra, que desembocan una en la otra. Pero también están el amor, la piedad, la ternura, especialmente en los inolvidables personajes femeninos.

Mo Yan, diría Kafka, es uno de esos grandes cuya lectura golpea como un puño y abre, con una desgarradura, un nuevo horizonte”.






'R
ana' (símbolo del poder de la mujer para engendrar vida en la cultura china)



La última novela de Mo Yan, titulada Rana (2009) narra la dolorosa y  extraña modernización del “municipio noroeste de Gaomi”, que Mo ha venido creando durante décadas sobre la base de su pueblo natal en la provincia de Shandong, en el este de China.

Ambientada en los años 50, bucea en las profundidades de una política de Estado que limita el número de nacimientos, implicando a todos los estratos de la sociedad en una medida que subordina el anhelo individual de felicidad al interés de la comunidad.

Mo Ya elige la forma epistolar para narrar la historia de Wan Xin, ginecóloga y comadrona que ha intervenido en infinidad de nacimiento. Su sobrino Wan Zu, que sueña con convertirse en autor dramático, recrea su historia en su correspondencia con el profesor japonés Gijin, un experto en literatura que le incita a buscar la poesía en lo más íntimo y cercano.

 (Aunque Mo niega que es Oe Kenzaburo, ganador del Premio Nobel de literatura en 1994 y que visitó el pueblo natal de Mo y conoció a su tía, el prototipo de “mi tía”, reconoció que se inspiró mucho de ese viaje).

Siguiendo sus consejos, Wan Zu se acerca a la figura de su tía, sin ignorar que la belleza a veces anida en lo terrible y que el espanto en ocasiones brota de la inocencia

La tensión y un claro humor negro emana  de personajes con nombres de órganos humanos, tales como Chen Bi (Nariz Chen) y su esposa Wang Dan (Vesícula Biliar Wang), Xiao Shangchun (Labio superior Xiao) y su hijo Xiachun (labio inferior).

El personaje principal, “mi tía” Wan Xin (corazón Wan), es presentada como un hada madrina en su juventud, porque era una partera moderna que dio a luz a cerca de diez mil bebés. Compasiva y comprometida con el bienestar de sus semejantes, luchará desde joven por la transformación de China en un país sin ofensivas desigualdades, pero la historia no repara en los sentimientos y cuando el gobierno impone la política del hijo único, la joven idealista se convertirá en la fiel ejecutora de una decisión que escarnece sus sentimientos y menosprecia sus logros. Afiliada al Partido Comunista en 1955, Wan Xi se alejará cada vez más de sí misma. Después de ayudar a nacer a miles de  niños, sus esfuerzos se centrarán en impedir que las familias que ya han engendrado un hijo, incrementen su prole con un segundo. Así el personaje se va transmutando en una encarnación demoníaca, mientras cae sobre sus hombros la responsabilidad de hacer cumplir la ley, una decisión difícil para la nación más poblada del mundo.

La descripción de las tres muertes que provoca en la búsqueda de mujeres embarazadas errantes es tan sorprendente que su huida de un ejército de ranas vengativas no es nada en comparación. El proceso de deshumanización de Wan Xi refleja el potencial destructivo de las ideologías, sin ocultar el conflicto permanente entre las emociones subjetivas y las necesidades colectivas. 

En la cultura china, la rana simboliza el poder de la mujer para engendrar vida. Wan Xin procede de esa tradición, pero los acontecimientos históricos destruirán ese potencial benefactor, acercando su trabajo a un umbral que recuerda las políticas eugenésicas del nazismo. “Mi tía” más adelante intenta expiar sus crímenes, dando vida a bebés de cerámica que se venden como recuerdos para los turistas ávidos por descendencia.

Pero la delgada línea de la moral se vuelve borrosa nuevamente cuando ayuda a su sobrino Ke Dou (Renacuajo, el narrador de la historia) y su esposa infértil a tener un bebé gracias a una madre sustituta.

Mo Yan finaliza la novela con un cambio de género. La ambición literaria del narrador se ha consumado y la peripecia de Wan Xi se convierte en una pieza teatral firmada por Renacuajo.

El sobrino de la Rana restituye el poder de la vida mediante la ironía y la creación artística, donde lo formal sólo es el soporte de una visión ética del ser humano. 
No es extraño que la última página celebre un nuevo nacimiento y ensalce la maternidad como la experiencia que nos revela la trascendencia del otro. Sin concesión al pesimismo, Mo Yan no oculta su confianza en un porvenir donde la vida pueda desplegarse, sin sufrir el acoso de las ideologías.

La última parte de la novela claramente se inspiró en eventos sociales, tales como un incendio en una fábrica de juguetes que mató y desfiguró a cientos de trabajadoras migrantes, y a las madres sustitutas clandestinas que sirven a los ricos y poderosos.

Medita sobre la deshumanización y la impotencia del individuo contra el poder, en un contexto de lucha entre las convicciones personales y las necesidades colectivas. Mo Yan no escribe novelas líricas, sino introspectivas, donde el estudio psicológico prevalece sobre el estilo.
Se le ha comparado con Kafka por su forma de describir la impotencia del ser humano frente al poder, pero sus novelas no se caracterizan por lo metafórico y simbólico, sino por el análisis histórico y político.

Se asocia a Mo Yan con el realismo mágico de García Márquez. De hecho, el autor ha reconocido muchas similitudes entre la percepción de lo real en la China rural y la asombrosa imaginación de los pueblos latinoamericanos, donde no se discrimina entre mito y experiencia.

Sin embargo, Mo Yan está más cerca de Rabelais que del universo premoral de Macondo. Rabelais prefigura las innovaciones de Rulfo, aunque sin ese trasfondo trágico del alma mexicana, hundida en un fatalismo negro que recuerda la España de Solana. Rulfo desecha lo grotesco, la crueldad y la inmundicia. En cambio Mo Yan los incorpora.