El tiempo y el espacio del taller de lectura plasmado para:



leer de diferentes maneras (por arriba, por abajo, entre líneas, a fondo, participando del texto, recreándolo),



dar cuenta de los procesos culturales en que surgen y son comprendidas o cuestionadas las obras literarias,



pensar (discutiendo, asombrándose, dejándose llevar por lo que los textos nos dicen -pero parece que no dijeran-),



y por sobre todas las cosas, y siempre, disfrutar de la buena literatura.








domingo, 5 de agosto de 2012

El "desdoblamiento" del Caribe y Centroamérica: desde el exilio.



Y
a estamos terminando el recorrido literario por América Latina. Para esta semana nos queda América Central y el Caribe, y lo enfocaremos desde la literatura de los últimos años, en donde veremos similares constantes pero también particularidades precisas.

Concretamente trabajaremos con algunos autores noveles de Puerto Rico, República Dominicana, Panamá, El Salvador y Costa Rica.


Primero, un poco de historia.

Como ya hemos visto, en el siglo XIX, con la llegada de la imprenta, la creación de una prensa nativa y de sociedades económicas y ateneos culturales, se desarrolló una clase intelectual “criolla” que empezó a cuestionar sus relaciones coloniales y a crear conciencia nacional a través de su producción literaria. 

En el Caribe hispano, entre las obras más importantes de la época se encuentran El Gíbaro del puertorriqueño Manuel Alonso, Enriquillo del dominicano Manuel de Jesús Galván. En Trinidad, por otro lado, aparecieron Warner Arundell del escritor anglojudío E. L. Joseph y Emmanuel Appadocca por Michel Maxwell Philip, novelas pertenecientes al Bildungsroman y  escritas con el propósito de legitimar grupos étnicos, raciales o sociales que hasta el momento se habían visto oprimidos por la elite blanca hacendada y de reclamar superioridad sobre la civilización colonizadora.

En otras palabras, se fue creando una conciencia nacionalista por parte de grupos intelectuales “criollos”, pero en una relación adversa a la metrópolis y a otros grupos minoritarios, como los de la India en Trinidad, que no pertenecían a la incipiente burguesía nativa.

No obstante, se puede vislumbrar dentro de la literatura caribeña un canon ideológicamente "postesclavista" que utiliza estructuras de la narrativa del esclavo o abolicionista, como la voz negra,  para investigar el pasado y ubicar esa misma voz dentro del contexto social y cultural del sistema de plantación.

Según George Handley -en su estudio Postslavery Literatures in the Americas (2000)-, esta literatura autoconscientemente arguye, mediante historias familiares, que la amnesia causada por la esclavitud no había sido resuelta por las emergentes culturas nacionales. 

Por el contrario, dicho nacionalismo incipiente, con el propósito de mantener y consolidar el poder social de las clases dirigentes, muchas veces había evadido el sincretismo y el caos genético característico de las culturas de plantación. Por lo tanto, esta escritura sobre genealogías intenta reconstruir los lazos familiares que fueron rotos por el sistema esclavista al igual que pone de relieve los legados de la esclavitud que todavía persisten en las economías y en los discursos sobre raza y nacionalismo del Caribe.

 Entre los escritores que Handley destaca se encuentran Jean Rhys de la isla de Dominica (Wide Sargasso Sea), Alejo Carpentier de Cuba (El siglo de las luces) y Rosario Ferré de Puerto Rico (Maldito amor), entre otros escritores estadounidenses como William Faulkner y Toni Morrison, que han escrito sobre la cultura de las plantaciones en el sur de los Estados Unidos y en los cuales la crítica ha percibido una extensión ideológica del Caribe.

Esta concepción del "desdoblamiento" del Caribe fuera de sus bordes geográficos por la crítica poscolonial ha enfatizado el carácter exílico o diaspórico de su literatura. Por razones históricas, lo que se denomina como cultura caribeña ha tenido repetidamente sus bases en desplazamientos de distintos grupos étnicos o raciales: desde los arahuacos y caribes que subieron por el Orinoco y se desplazaron por las islas; los españoles que dejaron atrás la península y conquistan las islas; los demás europeos que les siguieron a los españoles en la colonización; los africanos, quienes fueron capturados y extraídos de su continente para trabajar en las plantaciones que los europeos establecieron.

También estaban los indios, chinos, portugueses e irlandeses que fueron traídos para trabajar en esas mismas plantaciones tras la abolición de la esclavitud; los estadounidenses que llegaron a fines del siglo XIX en su proceso de expansión para tomar las antiguas colonias españolas e intervenir en las nuevas repúblicas; las migraciones en masa de afrocaribeños entre 1880 y 1920 hacia América Latina por la alta tasa de desempleo combinada con el dominio imperialista de los Estados Unidos y sus compañías fruteras;
los viajes de los isleños intelectuales a las grandes ciudades de sus respectivas metrópolis; las oleadas migratorias de puertorriqueños empobrecidos a los Estados Unidos en las décadas de los veinte y cincuenta durante procesos de "modernización";
el exilio político y económico de los cubanos a Puerto Rico, Nueva York y Miami en diferentes oleadas tras la Revolución y sus ramificaciones hemisféricas; el exilio económico de los dominicanos a Puerto Rico tras el colapso de la dictadura de Trujillo; la diáspora de los intelectuales haitianos durante las dictaduras de los Duvalier…

 En fin, por estos hechos, en la segunda mitad del siglo XX, la historiografía literaria ha considerado el exilio o diáspora como el nexo fundacional entre los nacionalismos caribeños y sus literaturas. 

El Caribe ha sido reconfigurado por la crítica como una "idea cultural" más que una región actual; es decir, como indica Alison Donnell en su historia literaria caribeña del siglo XX: "es un espacio híbrido, dislocado, móvil, atractivo a las demandas de la teoría poscolonial y sus alianzas a subjetividades migratorias y sus escrituras".

Fuente consultada: Hugo M. Viera Colón, 6/3/2012, en  
http://www.enciclopediapr.org/esp/article.cfm?ref=11092801&page=5



G
lobalización y literatura en América Central (y a grandes rasgos, también en el mundo).





Actualmente se observa en todo el mundo que la producción de textos experimentales que adoptan procedimientos de las vanguardias históricas (como la descontextualización, la sustracción, la parodia, el sinsentido, la puesta en cuestión de la autoridad narrativa, la irracionalidad, la ausencia de linealidad, la fragmentación, la cita apócrifa, la utilización de gráficos y fotografías, la reescritura y la intertextualidad) tiene como resultado la constitución de una vanguardia sin programa político, una vanguardia afirmativa de los valores dominantes, de los que emergen las convenciones literarias cuyo dios es el mercado.

Aunque no todos se rigen por esos parámetros, es la mayoría la que marca la pauta y si el mercado solicita cierto tipo de textos (o, en muchos casos, satura los stands), no es una característica individualizada sino general la que nos va llevando al momento actual.

Seguiremos el análisis de Magda Zavala, catedrática costarricense contemporánea, que aborda la relación entre  globalización y literatura, en un intento nuestro de  profundizar en las claves del panorama literario contemporáneo, y en las causas del cambio de estas literaturas,  tradicionalmente sensibles al contexto y a los conflictos, que empiezan a perder esa capacidad de anclaje y denuncia para adaptarse más a un entorno que descifra otro tipo de cuestiones. Discutiremos las diferentes opiniones que produzca esta lectura y sus reflexiones, para  ver de qué manera refutar, o no, todas estas problemáticas.

En América Central de la posguerra, los sorpresivos cambios de la vida económica y política en la segunda mitad del S. XX, con su correlato en el plano de la cultura, la llamada “tercera revolución tecnológica” ha impactado el arte de diversas maneras. 
Trataremos de interpretar los caminos mediante los cuales se manifiesta este nuevo momento de la vida social en América Central, y consecuentemente, identificar cómo se concibe y organiza la producción de lo literario en este período.

En el ámbito internacional al acabar la década de 1970 colapsan los supuestos que habían sustentando los diferentes movimientos artísticos durante las etapas anteriores de la modernidad: la resistencia, automarginación y crítica del campo artístico frente al mercado.

La globalización llega (económica y discursivamente) a América Central cuando se sostenían guerras populares contra dictaduras ancestrales, contra al neocolonialismo que se expresaba por distintas vías (desde el asistencialismo, hasta las invasiones) y por el derecho a la autodeterminación. 
Estas guerras quedaron truncas por una “pacificación” muy discutible que eliminó los sujetos populares del escenario y dejó instalados los ejércitos y las cabezas políticas tradicionales en cada país.


El corolario de toda esta situación es un desorden decepcionado en los sectores populares que se empobrecen, pierden derroteros, abonan la mendicidad y la delincuencia en las ciudades o se deciden por la migración (hacia Costa Rica en el caso de los nicaragüenses y hacia los Estados Unidos, en toda América Central).

Mientras, los sectores gobernantes muestran uno de sus peores momentos, en cuanto a que pierden capacidad de respuesta autónoma frente a los organismos internacionales y los países regentes de la globalización y se dedican, en mucho, a promover privatizaciones aceleradas.

En América Central de la posguerra ha habido cambios sustanciales en el campo literario. Durante el período de conflicto, la ruptura ideológica determinó la existencia de campos literarios opuestos, con sus agentes e instituciones propios, dentro de una misma nación. 

En ese período, todavía escasamente estudiado desde el punto de vista de la teoría de la institución literaria, derechas e izquierdas establecían cada cual su propio canon, sus instituciones de apoyo y sus redes de alianzas internacionales. En estas condiciones, los conflictos y la lucha por las posiciones eran prácticas cotidianas. Igualmente, el desarrollo de solidaridades y alianzas.

En la actualidad, los escritores buscan menos ser reconocidos por sus pares en un país, o varios, de la región y cada vez más figurar a escala internacional, por lo menos en el circuito metropolitano que consume literatura en español. Los escritores ya no son más autoridades intelectuales, sino que se asemejan, de manera sorprendente, a las estrellas del espectáculo masivo, en una sociedad que se define cada vez más por someter la realidad a los espectáculos y por crear realidades, por lo tanto, espectaculares, que se manifiestan en escenarios selectos.

Si se ubica un lector en las vías cibernéticas, no importa donde viva; desde cualquier punto es testigo de múltiples espectáculos, preparados para cualquier observador con un perfil capaz de acceder a ellos y de descifrarlos.


L
a globalización y los hechos literarios
La internacionalización enfática de los mercados y el desarrollo de una tecnología informativa de largo alcance, permite una más amplia circulación de bienes, contradictoriamente, en un circuito selecto, pero de composición cultural heterogénea.

En este nuevo período de la cultura, cambian las necesidades y perspectivas de la vida literaria también en América Central, probablemente de manera similar a lo que ocurre en otras latitudes de América Latina y en los países con condiciones próximas en la vida cultural, política y económica. 

Ahora los mercados literarios metropolitanos promueven la selección del canon y de modelos estéticos representativos en las distintas artes, invirtiendo por primera vez, de manera evidente y celebrada, la dinámica de consagración que ahora es de afuera del Estado nación hacia adentro.

Al respecto, indica Óscar Alvarez, extendiendo la observación a América Latina: “El éxito literario ya no depende solamente de la calidad del texto, sino también de las técnicas de mercadeo y publicidad, así como de la capacidad “maquiavélica” del escritor y de sus promotores para capturar premios literarios, que se convierten en un medio de aumentar las ventas.(...) Si bien la crítica siempre fue el lado más débil de la literatura latinoamericana, ahora simplemente dejó de existir. Fue sustituida por la reseña periodística, el elogio, el ataque o la simple publicidad (Alvarez, 2000: 250)”.

En este período, el mercado ha logrado vencer gran parte de la resistencia histórica que tuvieron los artistas y escritores en la modernidad. Indudablemente, las leyes de la economía predeterminan hoy de manera más directa los modelos de escritura, producción del libro y procesos de circulación de lo literario, que se acogen en parte a los moldes productivos de la literatura de los medios de comunicación masiva o literatura industrial, al decir de Bourdieu, y se desproblematiza en sus contenidos.

Para tener un lugar en la literatura de los países metropolitanos, y ya no en los campos literarios de cada país en particular, que parecerán ahora demasiado estrechos y sin interés para los autores, los escritores buscan transformar su escritura o la proyección de su imagen, de acuerdo con las recomendaciones de los especialistas del mercadeo; asimismo, se preocupa por acudir a asesores que lo ayuden a identificar matrices temáticas y técnicas que le aseguren viabilidad en el mercado y acceso a premios internacionales.

A la caza de oportunidades, un buen grupo de escritores parece deponer ideales, propósitos íntimos, necesidades sociales, dolores y denuncias, o asumir solo aquellos que cuentan con una recepción favorable de antemano. 
Es de suponer, por ejemplo, que está bien visto denunciar el machismo y la contaminación del medio ambiente, pero no así, mostrar al mundo el trasiego de órganos, la prostitución infantil, las contradicciones de una pacificación en que los acuerdos jamás terminan de llegar a real término, el etnocidio y el crecimiento desmesurado de la delincuencia, indicador de mayores desigualdades sociales. Por otra parte, para decepción de aquellos escritores que defienden el arte por el arte, tampoco la escritura de la vanguardia estética tiene oportunidad.

Por lo tanto, es posible apreciar en el panorama literario del presente en la región sectores que tienden a separarse cada vez más, entre quienes producen una literatura de pretensión cosmopolita, de tendencia posmoderna u otra, en la perspectiva del mercado, y quienes restan valor a la difusión transnacionalizada y continúan creando una literatura de urgencia, que tiene ahora menos posibilidades de ver la luz editorial. 
Y hay quienes también siguen intentando la síntesis entre ambos, expectativas que tienen sobre todo los nuevos sujetos de la literatura regional.

En este contexto, un sector importante del arte, y del campo artístico, renuncia a la marginalidad activa y denunciante que había marcado el período anterior y desea aprovechar las posibilidades individuales que ofrece el mundo internacionalizado.



G
lobalización literaria.

En lo literario, la globalización se expresa de diversas maneras: en el lenguaje y los temas de la escritura; en los sujetos sociales que tienen ventaja y poder para aprovechar las nuevas alternativas de producción, en las instituciones promotoras y sus funciones, en los “habitus” y metas de los escritores, en los sitios desde donde se escribe, en el nexo cada vez más estrecho entre cibernética y literatura.

Es posible reconocer en la literatura centroamericana de hoy, las siguientes tendencias que parecen ser formas de adecuación al nuevo momento:

  • Eco o elusión del contexto.
El mercado internacional requiere ciertos temas y repele otros. En concreto, le interesa la generalidad, a lo sumo, los universales humanos o las grandes reivindicaciones, y no así la especificidad cultural y la literatura de problematización.

En América Central, la literatura fuertemente politizada de las décadas de 1970 y 1980 quedó atrás hacia el fin del siglo XX, aunque sigue publicándose literatura testimonial.

Es sabido que interesan a las empresas editoriales metropolitanas los escritores que representan, con su práctica en el campo literario y su escritura, las expectativas que el lector cosmopolita tiene sobre la literatura latinoamericana. 
En el caso de García Márquez, su correspondencia con el realismo mágico; en Jorge Amado el exotismo criollo y la exuberancia; en Vargas Llosa la ingeniería narrativa puesta al servicio de la novela histórica, tan cotizada en los medios de comunicación. 

En Centroamérica, se ha venido desarrollando una importante producción de literatura histórica. 

Luego de Asturias, no hubo un movimiento de realismo mágico importante, como sí lo ha habido de novela histórica, especialmente, en Nicaragua (Sergio Ramírez, Julio Valle Castillo, Ricardo Pasos...).En Costa Rica, destacan los textos de la escritora chilena radicada en Costa Rica, Tatiana Lobo, del dramaturgo Daniel Gallegos y de José León Sánchez.

De manera simultánea, empiezan a quedar atrás los temas políticos del presente.

Entre La mujer habitada (1998) y Sofía de los presagios (1992), de Gioconda Belli, existe una distancia significativa en el orden de la escritura y sus intenciones. Mientras la primera se asienta en los conflictos políticos del pasado remoto y los propios de la segunda mitad del siglo XX en Nicaragua, la segunda novela los ignora casi por completo. El tema político vuelve a cobrar vigencia cuando se le ve con distancia, en memorias y otros relatos autobiográficos, tal y como ocurre en El país bajo mi piel (2001) de Belli. Un salto cualitativo ha ocurrido.

·         Balance entre las tendencias estéticas.

La dinámica de la vida cultural salvadoreña de hoy, según dicen sus escritores, enseña que las divergencias del pasado no terminaron al acabar el conflicto bélico. 

Posteriormente, mediante actividades literarias y otras, se ha rescatado en El Salvador el testimonio de colectividades deprimidas (varias asociaciones de mujeres promueven concursos de testimonios con el propósito de grabar en la memoria del país lo que la historia oficial busca olvidar).

Los escritores que se encuentran en esta tarea asumen que la superación de la guerra no se da con un simple olvido colectivo, con la desmemoria, sino con la evaluación ponderada y ética de las causas que llevaron a la violencia política.

Algo similar sucede en Nicaragua, donde es claro el interés de los escritores jóvenes por evaluar la literatura del período sandinista y señalar sus distancias y cuestionamientos.  
             
  • Literatura de la nación en crisis
Un fenómeno nuevo en la literatura centroamericana de la última década es la aparición de una literatura de repudio de la patria (por cierto, en ocasiones equiparada con la madre) que se manifiesta sobre todo en novela.

Son parte de una serie de textos que se expresan en el período de la globalización y parecen responder, en cierta medida, a sus expectativas culturales, en lo relativo a la identificación de los individuos con una patria originaria.

  • Crítica y espectáculo literario.
La aparición de escritores estrellas, con una difusión espectacular, hace que los críticos cedan al espejismo y se ocupen casi exclusivamente de ellos. Queda en el olvido un amplio espectro de escritores, entre los que abundan los que corresponden a minorías étnicas, mujeres, grupos que reivindican opciones eróticas diversas, sectores alternativos y otros. De este modo, la crítica es también víctima y cómplice de las estrategias de publicidad literaria.

Lejos de buscar en la realidad las distintas series textuales, correspondientes a las distintas esferas al inicio mencionadas, y de proponer con rigurosidad, la delimitación de conjuntos de textos, de acuerdo con sus proximidades estéticas y otras, sin ceder a las exclusiones y olvidos voluntarios e involuntarios, la crítica parece simplemente avalar y refrendar la obra que le señalan las empresas y la publicidad literaria.

  • Literatura y cibernética.
La literatura cibernetizada empieza a aparecer en América Central, sobre todo con las experiencias que proponen los escritores centroamericanos que viven en los Estados Unidos. Para ellos, la posibilidad de una escritura virtual, con recursos de la alta tecnología fue más temprano una realidad accesible; no sucede del mismo modo para los escritores que producen desde la región. En la actualidad, empiezan a aparecer librerías virtuales y cada vez más escritores instalan su página web, con el propósito de vencer la invisibilización.

El uso de las vías virtuales le permite al escritor aspirar a una circulación sin libro impreso a escala internacional. Sin embargo, el escaso desarrollo de la tecnología en América Central, presagia a esos escritores una recepción limitada entre los suyos, si solo usa esta vía, y una todavía poco predecible difusión en otras latitudes, en que su nombre es desconocido.

La presencia de consorcios editoriales en América Central es uno de los rasgos que más dinamizan el presente de la región y se convierte en el medio por el cual los escritores creen posible conquistar el mercado mundial.

  • Consorcios editoriales y escritores.
Quizás, el aspecto más relevante de la vida literaria mundial del nuevo período es la producción mercantil del escritor desde las empresas editoriales transnacionalizadas. Como nunca antes, las editoriales son condición de producción, reconocimiento y consagración de los escritores. Ellas concentran todo un amplio proceso que antes tenían en sus manos diversos sujetos sociales: los talleres literarios y la academia, los cenáculos, las editoriales locales y regionales y los críticos.”

Fuentes consultadas: 


A
utores que trabajaremos.






Yolanda Arroyo Pizarro
Puerto Rico:
  • Yolanda Arroyo Pizarro (1970)
  • Pedro Cabiya (1971)
República Dominicana:
  • Junot Díaz (1969)
  • Ariadna Vázquez (1977)
Panamá:
  • Carlos Wynter (1971)
El Salvador:
  • Claudia Hernández (1975)  
  • Georgina Vanegas (1983)
Costa Rica:
  • David Cruz (1982)

Junot Díaz


sábado, 21 de julio de 2012

Guatemala


G
uatemala, (del náhuatl Quauhtlemallan,  «lugar de muchos árboles»), cuna de la civilización maya, y portadora de un destino signado por las dictaduras,  hoy en día se la conoce como el corazón del mundo Maya, donde más de cuatro millones de descendientes continúan hablando idiomas que descienden de ese rico tronco cultural. 


Como siempre, veremos algo del contexto histórico y social  en que se desenvuelve la región, para entender las claves y constantes que luego la literatura trabajará como materia narrativa.



A  la llegada de los españoles a su territorio, en 1524, los mayas se encontraban divididos en un buen número de señoríos o ciudades-estado pertenecientes a diferentes  grupos, como los Ki'che', los Kakchikel, los Mames, Pokomames, y Tz'utujil. Estas ciudades luchaban entre sí, lo cual fue aprovechado por los españoles para lograr la conquista, con relativa facilidad.

En 1676  se funda La Universidad de San Carlos de Guatemala, la tercera universidad fundada en América, donde estudiaron muchas figuras importantes del país, entre ellos Fray Francisco Ximénez, descubridor del manuscrito Popol Vuh, quien además lo tradujo al castellano.
Ya a comienzos del Siglo XIX, el llamado reino de Guatemala desapareció como unidad, y fue sustituido por dos provincias: la Provincia de Guatemala, que comprendía el territorio de Chiapas, El Salvador, Guatemala y Honduras, y la Provincia de Nicaragua y Costa Rica, hasta que hacia 1821 terminaron segregándose.

Cuando finalmente logran la independencia de España, el poder estaba en manos de movimientos elitistas, por lo tanto esa emancipación  no supuso una mejora de las condiciones generales de vida del pueblo guatemalteco; la élite económica de la región logra que arranque el ciclo de  las dictaduras:
·         en 1854 la de Carrera,
·         en 1898  la de Manuel Estrada Cabrera (22 años en el poder),  
·         y en 1931 la del general Jorge Ubico Castañeda, hasta 1944: un siglo entero bajo dictaduras.


A comienzos del Siglo XX, exactamente en  1901, entra en escena  la United Fruit Company (actualmente Compañía de Desarrollo Bananero de Guatemala, S.A., conocida en Guatemala como Bandegua), la cual comenzó a volverse la fuerza principal (tanto política, como económica), durante la larga presidencia dictatorial de Estrada Cabrera. El gobierno se subordinaba a menudo a intereses de la Compañía.


Revolución de 1944.

En 1944, un grupo de oficiales militares disidentes, estudiantes, y profesionales liberales, llamados los "Revolucionarios de Octubre", derrocaron al gobierno de Federico Ponce Vaides, sustituyéndolo por una junta militar que poco después convocó elecciones libres y democráticas, ganadas por el profesor y escritor Dr. Juan José Arévalo Bermejo, quien acababa de regresar de Argentina, donde se encontraba exiliado.  Su proyecto, una reforma agraria que buscaría aumentar la productividad de las tierras y el nivel de vida de los campesinos, fracasó porque atacaba de forma frontal y en base a expropiaciones a la United Fruit Company. La multinacional buscó la ayuda del presidente Eisenhower, todo lo cual resulta en  el golpe de estado de 1954. Le siguen años de guerra civil, sabotajes económicos, ataques armados, donde  las comunidades indígenas fueron las más afectadas: un genocidio con más de 250.000 víctimas mortales, el desplazamiento de 450.000 campesinos, obligados a refugiarse en México; la masacre de grupos de indígenas...

Democracia.

Finalmente, y con toda esa historia a cuestas, desde  1996 Guatemala ha sido gobernada por gobiernos democráticos ininterrumpidos desde sus inicios. Los mayas y las demás etnias originarias de la región siguen siendo discriminadas económica y culturalmente, sólo tienen derecho a recibir una asignatura en sus propios idiomas.
En fin, creo que nos quedamos sin aliento: siempre la misma historia circular  que ha condenado a América Latina...



L
os escritores canónicos.





Miguel Ángel Asturias (1899-1974): desde El Señor Presidente a La trilogía de la república de la banana.

Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1967.
Asturias, nació y se crió en Guatemala, aunque vivió una parte importante de su vida adulta en el extranjero. Durante su primera instancia en París en la década de 1920, estudió antropología y mitología indígena, se asoció con el movimiento surrealista, así como con otros futuros escritores de América Latina, tales como Arturo Uslar Pietri y el cubano Alejo Carpentier. Como tal, fue un importante precursor del boom latinoamericano de los años 1960 y 1970.

En El Señor Presidente, una de sus novelas más famosas, Asturias describe la vida bajo una dictadura despiadada. Su oposición muy pública a la dictadura le llevó al exilio, y tuve que pasar gran parte de su vida el exterior, en América del Sur y en Europa. El libro Hombres de maíz, que se describe a veces como su obra maestra, es una defensa de la cultura maya. Asturias  sintetiza su amplio conocimiento de las creencias mayas con sus convicciones políticas, para canalizarlos hacia una vida de compromiso y solidaridad.

A pesar de su posición relativamente privilegiada, el padre de Asturias, en calidad de juez, se opuso a la dictadura de Manuel Estrada Cabrera, y perdió su trabajo. En 1905, la familia se vio obligada a trasladarse a la ciudad de Salamá, la capital del departamento de Baja Verapaz, donde Miguel Ángel Asturias vivió en la granja de sus abuelos. Fue aquí que Asturias por primera vez entró en contacto con la población indígena de Guatemala; su niñera, Lola Reyes, era una joven indígena que le contaba historias, mitos y leyendas de su cultura, que más tarde tendrían una gran influencia en su obra. 

Más tarde regresó con su familia a los suburbios de la Ciudad de Guatemala, y  desde estudiante comenzó a escribir: realizó el primer borrador de una historia que más tarde se convertiría en la novela El Señor Presidente. Se recibió de abogado, y   tomó un papel activo en el derrocamiento de la dictadura de Estrada Cabrera.
La tesis universitaria de Asturias, "El problema social del indio", fue publicada en 1923 y viajó a Europa, donde estudió etnología en la Sorbona (Universidad de París), y se convirtió en un surrealista dedicado bajo la influencia del poeta y teórico de la literatura francesa, André Breton.
Durante este tiempo desarrolló una profunda preocupación por la cultura maya y en 1925 comenzó con la traducción al español del Popol Vuh, el texto sagrado de los mayas, un proyecto al que se dedicó durante 40 años. En 1930 publicó su primera novela Leyendas de Guatemala.
Cuando Asturias regresó a su país natal en 1933, tuvo su primer encuentro con el dictador Jorge Ubico y su régimen que no iba a tolerar sus ideales políticos.

Asturias vivió en exilio en Buenos Aires y Chile. Después de uno de los tantos  cambios de gobierno en Argentina, una vez más tuvo que buscar un nuevo hogar, y se trasladó a Europa. Mientras vivía en el exilio en Génova su reputación como autor creció con la publicación de su novela Mulata de Tal (1963).

En 1966  le fue devuelta su ciudadanía guatemalteca y fue nombrado como embajador en Francia, donde se desempeñó hasta 1970, ocupando una residencia permanente en París.
Asturias pasó sus últimos años en Madrid, donde murió en 1974. Está enterrado en el cementerio de Père Lachaise en París.
Novelista y poeta del realismo mágico, influido en sus orígenes por el realismo, muy pronto se adentra en su campo predilecto: la mitología aborigen, la propia tierra, en el sentido de compromiso con los sinsabores de los campesinos sometidos al yugo colonialista, lo que se ve ya en los títulos de sus obras.

Publica Leyendas de Guatemala (1930) en torno a mitos y leyendas nativos y mestizos. En su célebre novela El señor Presidente (1946) retrata a un típico dictador latinoamericano, formando parte de la llamada novela hispanoamericana de la dictadura, como también lo hicieron: 

  • Valle Inclán (España) en Tirano Banderas, una caricatura feroz y esperpéntica de don Santos Banderas, despótico presidente de un país imaginario de América Latina.
  • García Márquez (Colombia) en El otoño del patriarca
  • Roa Bastos (Paraguay)  en Yo el supremo
  • Alejo Carpentier (Cuba), en El recurso del método 
  • Vargas Llosa (Perú), en La fiesta del chivo.
El Señor Presidente es una de muchas novelas que exploran la vida bajo un dictador de América Latina y, de hecho, ha sido proclamada por algunos como la primera novela real, al explorar el tema de la dictadura. 

El libro también ha sido llamado un estudio del miedo, porque el miedo es el clima en el que se desarrolla: examina la forma en que el mal se extiende hacia abajo desde un poderoso líder político, por las calles y en las casas de los ciudadanos. Muchos temas, como la justicia y el amor, son objeto de burla en la novela, y escapar de la tiranía del dictador es que aparentemente imposible. Cada personaje en la novela se ve profundamente afectada por la dictadura y debe luchar para sobrevivir en una realidad aterradora. La historia comienza con la muerte accidental de un alto funcionario, el coronel Parrales Sonriente. El Presidente utiliza la muerte del coronel para deshacerse de dos hombres, cuando se decide a implicarles en el asesinato: sus tácticas son vistas como sádicas, ya que cree que su palabra es la ley que nadie debe de cuestionar.
Insistió en parecidos temas en sus siguientes obras, como en la polémica trilogía novelística conocida como "La trilogía de la república de la banana" que es conformada por: 

  • Viento fuerte (1950),
  • El Papa verde (1954)
  • y Los ojos de los enterrados (1960).

La trilogía bananera

Asturias escribió la trilogía épica sobre la explotación de los indígenas en las plantaciones bananeras. Esta trilogía se compone las  tres novelas mencionadas: Viento fuerte (1950), El Papa Verde (1954), y Los ojos de los enterrados (1960). Es un relato ficticio de los resultados del control extranjero sobre la industria bananera de América Central. Al principio, los volúmenes fueron solo publicados en Guatemala en pequeñas cantidades. Su crítica al control extranjero de la industria bananera y la forma en que los indígenas guatemaltecos fueron explotados, finalmente le valió el premio más alto de la Unión Soviética, el Premio Lenin de la Paz. Este reconocimiento marca Asturias como uno de los pocos autores reconocidos por sus obras literarias, tanto en el Occidente y el bloque comunista durante el período de la Guerra Fría.
Se  clasifica a Asturias como un autor "indigenista", junto con Rosario Castellanos y José María Arguedas, y se sostiene que estos tres escritores se vieron llevados a romper con el realismo, precisamente, debido a las limitaciones del género a la hora de representar al indígena.

Surrealismo y realismo mágico


El surrealismo tuvo una influencia importante en las obras de Asturias. Caracterizado por su exploración de la mente subconsciente, el género permitió Asturias a cruzar los límites de la fantasía y la realidad. Aunque las obras de Asturias fueron generalmente consideradas como precursores del realismo mágico, el autor vio muchas similitudes entre ambos géneros. Al discutir la idea del realismo mágico en sus obras, vincula el género explícitamente al surrealismo. Sin embargo, no utilizó el término para describir su propia obra. En cambio, lo usó en referencia a las historias mayas anteriores a la conquista de América por los europeos, historias como el Popol Vuh o los Anales de los Xahil

En una entrevista con su amigo y biógrafo Günter W. Lorenz, Asturias discute cómo estas historias encajan su punto de vista del realismo mágico y como se relacionan con el surrealismo, diciendo: "Entre el "real" y el "mágico" hay una tercera clase de realidad. Se trata de una fusión de lo visible y lo tangible, la alucinación y el sueño. Es similar a lo que los surrealistas alrededor de [André] Breton querían y es lo que podríamos llamar "realismo mágico". A pesar de que ambos géneros tienen mucho en común, a menudo se considera que el realismo mágico nació en América Latina.

En rigor, el primero en llamar a su arte “realismo mágico” fue el pintor alemán Franz Roh, en 1925, en París, y de él lo tomó Asturias.
Luego, la crítica lo atribuyó por igual a Rulfo, García Márquez y Carpentier, quien, en el prólogo de El reino de este mundo, habló de lo “real maravilloso” como un rasgo de la realidad histórica de América Latina.







A
ugusto Monterroso (1921 –2003)
Nació en Honduras pero desde muy chico su familia se trasladó a Guatemala, conocido por sus colecciones de relatos breves e hiperbreves. 





Nació en Honduras, sin embargo, a los 15 años su familia se estableció en Guatemala y desde 1944 fijó su residencia en México, al que se trasladó por motivos políticos.
Narrador y ensayista, empezó a publicar sus textos a partir de 1959, año en que se publica la primera edición de Obras completas (y otros cuentos), conjunto de incisivas narraciones donde comienzan a notarse los rasgos fundamentales de su narrativa:

  • una prosa concisa, breve, aparentemente sencilla que sin embargo está llena de referencias cultas,
  • así como un magistral manejo de la parodia, la caricatura y el humor negro.
Es considerado como uno de los maestros de la mini-ficción y, de forma breve, aborda temáticas complejas y fascinantes, con una provocadora visión del mundo en el universo y una narrativa que deleita a los lectores más exigentes, haciendo habitual la sustitución del nombre por el apócope.

 En El Dinosaurio, Monterroso escribe el relato más breve del mundo:
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.
(Hasta la aparición de El emigrante del mexicano Luis Felipe Lomelí, en 2005:
« ¿Olvida usted algo? -¡Ojalá! »)


Monterroso aseveró que "sus interpretaciones eran tan infinitas como el universo mismo". En 1970 ganó el premio Magda Donato, en 1975 el Premio Xavier Villaurrutia por Antología personal, y en 1988 le fue entregada la condecoración del Águila Azteca, por su aporte a la cultura de México. En 1997 el Ministerio de Cultura y Deportes de Guatemala le otorgó el Premio Nacional de Literatura "Miguel Ángel Asturias". En 2000 le fue concedido el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en reconocimiento a toda su carrera.

Guatemalteco de adopción y centroamericano por vocación, dedicó una buena parte de su vida a luchar contra la dictadura de su país.

En “Obras completas (y otros cuentos)”, “Mister Taylor” asistimos al nacimiento de un negocio de reducción de cabezas en un país latinoamericano y cómo el intento de mantener el éxito y la demanda estadounidense termina con la población del país.




L
os escritores contemporáneos.






Para comprender las claves de lectura entre los escritores contemporáneos, decía Diego Trelles Paz en el prólogo a El futuro no es nuestro, la antología que reúne a jóvenes escritores latinoamericanos e hispanohablantes:

Fuente: http://www.piedepagina.com/redux/04/08/2008/el-futuro-no-es-nuestro-2/

"No se habla aquí, desde luego, de una renuncia al pasado histórico como tema literario. En absoluto. Lo que ha cambiado es la forma y, ante todo, esa aspiración fundacional del narrador por legitimar, o deformar, un origen que, en nosotros, ya no existe. Ni las raíces ni las tradiciones, menos aún conceptos tan desfasados como la nacionalidad o la patria, limitan ahora nuestro pacto incondicional con la ficción. 
De la misma manera, ya no resulta descabellado o poco serio abordar estos mismos temas históricos (de próceres y dictadores, conflictos armados y revoluciones), con géneros antes menospreciados por su carácter formulaico y su arraigo popular, como el policial o la ciencia ficción. 
Quienes les abrieron la puerta con talento y desenfado, con carácter y un profundo amor por la literatura (sin mayúsculas), tienen nombre propio y son, casi por unanimidad entre los que integramos esta antología, autores de referencia. Menciono aquí, entre muchos otros que se me quedan en el tintero, a cinco escritores: Augusto Monterroso (1921-2003), Jorge Ibargüengoitia (1928-1983), Manuel Puig (1932-1990), Ricardo Piglia (1940) y Roberto Bolaño (1953-2003), y a dos escritoras: Clarice Lispector (1920-1977) y Diamela Eltit (1949)."


E
duardo Halfon  (Guatemala,1971)




Es un escritor de narrativa considerado como uno de los más destacados jóvenes autores nacidos en Latinoamérica. Estudió Ingeniería Industrial en la Universidad Estatal de Carolina del Norte, Estados Unidos. Durante ocho años, fue catedrático de Literatura en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, portugués, holandés, francés y serbio. En el 2007, mediante una votación convocada por el Hay Festival y Bogotá Capital Mundial del Libro, fue elegido entre los 39 mejores escritores latinoamericanos menores de 39 años, siendo incluido en la selección Bogotá39. En el 2008, su libro Clases de dibujo ganó el Premio Literario Café Bretón & Bodegas Olarra. Recientemente, en Cantabria, recibió el Premio de Novela Corta José María de Pereda por La pirueta, publicada en marzo del 2010 por Editorial Pre-Textos.

A continuación transcribimos parte de una entrevista que le hicieron a Halfon con motivo de la publicación de “Mañana nunca lo hablamos”, en El Periódico de Guatemala:

"La maestra que se esforzaba por cantar más alto para que los niños no escucharan las balas que estallaban afuera. Las maletas hechas a prisa porque el país ya era demasiado peligroso, invivible. Una secuestradora cuyos pasos se confunden con las teclas de la marimba. El soldado de rostro moreno y achinado. El guerrillero de rostro moreno y achinado. Son imágenes que se reflejan en el espejo donde Eduardo Halfon ve su niñez, el espejo de Guatemala, un espejo astillado, que ha reflejado lo mismo desde los años setenta.

Algún color de más, alguna cara de menos, pero las imágenes siguen siendo las mismas. Nada cambia.

Eduardo Halfon convirtió ese espejo en palabras, en un libro de cuentos de apariencia simple, que a primera vista no parecen más que las anécdotas de un niño guatemalteco privilegiado, sobreprotegido. Pero visto de cerca, visto con los ojos de la experiencia propia, son estampas de la Historia. De la Historia de todos.

Este libro, Halfon lo escribió en un pueblo donde el único bar solo abre los domingos. Extrañamente fue en La Rioja española donde recuperó sus años de infancia, donde vio, otra vez, a ese niño al que muchas veces le dijeron “es muy tarde, mañana lo hablamos”, y fue de adulto cuando reparó en que “mañana nunca lo hablamos”. Y no lo hablamos hoy, ni lo hablamos ayer, porque la guerra es algo que quiere quedarse en silencio, por más que las palabras luchen. En esta entrevista, tratamos de hablar un poco de ayer y un poco de hoy, para darnos cuenta que el ruido de fondo siguen siendo las balas.

Este país es Dorian Gray, sigue casi igual que hace años. Solo en los libros de historia se ve que ha pasado el tiempo.

– No hemos visto un cambio real, el fracaso social que fue la guerra, realmente nada cambió y nada ha cambiado, y para que cambie se necesita algo mucho más profundo, una revolución de verdad que no ha sucedido en Guatemala. El libro se acerca a estos temas, pero para mí era muy importante acercarme a ellos a través de la infancia, no a través del ensayo o de mi edad actual, sino desde un punto de vista infantil. Son todas pequeñas anécdotas pero que se abren a una realidad mayor, a una realidad nacional o latinoamericana.

El niño descubre pronto la realidad guatemalteca, cuando encuentra que el soldado es indígena y el guerrillero también…

– Sí, y el papá no sabe qué contestarle. La realidad del país son esos dos mundos que rara vez se encuentran. Es un fenómeno que me espanta, estas dos realidades que no logran penetrarse. Estos cuentos son de un niño descubriendo poco a poco eso, enfrentándose con estas situaciones de una manera paulatina, sobreprotegida, vedada porque no se le quiere hablar de eso. La infancia como punto de partida de nosotros, donde todo empieza, donde todo se quiebra por primera vez. Donde surgen las primeras y más fuertes improntas, el acto creativo tiene mucho que ver con volver a esos momentos. 

El libro a veces parece una sesión de psicoanálisis de volver al pasado para curar el presente.

– Quizá no a nivel consciente y no intencionalmente. No busqué que pasara eso, pero a través de comprender tu infancia puedes comprender mejor tu entorno actual. La literatura funciona como una marcha atrás sin querer ser psicoanálisis. No es que la uses como autoayuda, como un bálsamo, no hay una intencionalidad de remendar algo, quizá de entenderlo nada más. Pero entender no significa curar, porque entender cómo fue este país en los años setenta es algo que duele, es patético decir que las cosas no cambian. No hay una curación real, es un entendimiento lleno de dolor.

Ese dolor se percibe en el libro. Sin embargo supongo que sus lectores en España no lo recibirán igual. Quizás haga falta haberlo vivido para sentirlo.

– Yo pienso que sí. El guatemalteco lo entiende desde dentro, especialmente los que lo vivimos, los que recordamos esa década tan turbulenta, tan llena de balas. Ahora quizás hay más balas pero son balas diferentes. En esa época eran balas mucho más sociales, políticas y mucho más constantes. Yo las recuerdo como que si nunca pararan."


R
onald Flores (Guatemala, 1973)





Ronald Flores es autor de los libros de cuentos El cuarto jinete (2000), y Errar la noche (2000); los ensayos Maíz y palabra (1999),  El vuelo cautivo (2004), La sonrisa irónica (2005) y Signos de fuego (2007), y las novelas Ultimo silencio (2001, traducida al inglés), The señores of Xiblablá (2003), Stripthesis (2004), Conjeturas del engaño (2004), Un paseo en primavera (2007), El informante nativo (2007) y La rebelión de los Zendales (2008). Su sitio web es: www.rolandflores.com .


Ronald Flores responde a un cuestionario publicado por Eterna Cadencia, que publicó la antología El futuro no es nuestro, donde se incluyen relatos suyos:


"¿A qué escritor de tu generación ves con mayor proyección?

Depende a qué le llames proyección. Si es presencia mediática, sería Santiago Roncagliolo. Si es la posibilidad de desplazarse fluidamente en Estados Unidos y América Latina, entre el inglés y el español, Daniel Alarcón. Si es por número de publicaciones, Andrés Neuman. Si es por la expectativa y el recibimiento generado por una sola novela, Junot Díaz. Si es políticamente correcta, Guadalupe Nettel. Si es como crítico lúcido y narrador destacado, Diego Trelles. Si es por su infinito amor a la literatura de culto pues, yo mismo (alguien tiene que creer en mí).

¿Cuál fue el último libro que te deslumbró?

El último fue la biografía autorizada de V.S. Naipaul que realizó Patrick French: The World is What It Is. Realmente me impactó en varios niveles significativos: literarios, personales, políticos, teóricos. Lo terminé hace un mes, aproximadamente, y he vuelto a releer fragmentos con frecuencia. En español, la novela Limón Blues de la centroamericana Ana Cristina Rossi, que leí hace más o menos un año. Me deslumbró la manera en que aborda la historia de Centro América, de las múltiples etnias que conviven en nuestra región, las historias de amores intercruzados, interétnicos.

Si el futuro no es nuestro, ¿de quién será?

Del lumpen violento, inculto, que gobernará todos los aspectos de la vida social. Ya lo ves en la cultura, como pequeñas mafias de ignorantes se apropian de los espacios para promoverse a sí mismos, como si se tratara simplemente de espectáculo y no de arte."




D
enise Phé-Funchal,  (Guatemala, 1977).



Creció rodeada de libros, arte y ese aire que sólo se puede respirar mientras se crece en el centro de la ciudad. Su formación como socióloga especializada en teoría de género y su interés en la sociología de la religión, le permiten sumergirse en la psique de sus personajes de una forma diferente, y brinda al lector un nuevo cariz de la relaciones que los humanos tenemos con nosotros mismos y con nuestra sexualidad. “Las Flores” es su primera novela. En 1993 ganó el tercer lugar en el concurso “Jóvenes que escriben” de la Fundación Paiz. Licenciada en Sociología y con estudios de postgrado en Estudios de género en Fundación Guatemala y la Universidad Autónoma de México. Actualmente cursa su Maestría en Psicología Social y violencia política en la Usac.



M
apa sonoro de la literatura actual en castellano
Por último, transcribimos una nota realizada en el diario El País, de España, cuando a fines de 2011 se llevó a cabo la la24ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), México, por iniciativa de Babelia, la revista cultural del diario español.


Ungar, Alemán, Herrera, Jeftanovic, Pérez Azaústre, Schweblin, Bortagaray, Halfon, Cortés, Lauer, Santos, Guerra, Centeno, Hasbun... Así de universales y mestizos suenan los escritores hispanohablantes que están trazando la cartografía de la literatura en castellano que será referencia mañana. Autores nuevos, emergentes o con buenas trayectorias poco conocidas a nivel panhispánico que esta semana crearán con sus voces un Mapa sonoro de la literatura actual en castellano. Son veinte escritores, uno por cada uno de los países hispanohablantes. Con ellos abriré cada día este especial Babelia en Guadalajara en  Papeles perdidos, a propósito de la24ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), México, que este fin de semana entregó su premio a la mexicana Margo Glantz, en la imagen, quien tendrá aquí un encuentro digital con los internautas.
Este Mapa sonoro tendrá cuatro áreas: Cuento, Poesía, Novela y Ensayo. Y el género con el que abrió este panorama es con el Cuento por dos motivos básicos: su gran tradición en América Latina y el gran momento que atraviesa en España, tanto por parte de autores como de lectores, gracias, también, al apoyo de pequeñas y medianas y, relativamente, nuevas editoriales.

Los encargados de empezar son el colombiano Antonio Ungar (Bogotá, 1974) autor de dos libros de cuentos y tres novelas, la última de las cuales, Tres ataúdes blancos, acaba de obtener el Premio Herralde, editado por Anagrama. La ecuatoriana Gabriela Alemán (1968) tiene tres libros de cuentos y dos novelas, la chilena Andrea Jeftanovic  (Santiago de Chile, 1970) ha escrito tres novelas (Escenario de Guerra es del año 2000 pero publicada ahora en España por la editorial Baladí) y varios libros de cuentos;  el guatemalteco Eduardo Halfon (Ciudad de Guatemala, 1971)  ha publicado nueve libros, sobre todo de cuentos, y este año obtuvo el Premio de Novela Corta José María de Pereda por La pirueta; y el paraguayo José Pérez Reyes (Asunción, 1972) ha publicado varios libros de cuentos. En un audio se puede escuchar el mapa sonoro del cuento contemporáneo en castellano, en el que Cada grupo de ellos analiza los diferentes géneros literarios:


Cuento

Antonio Ungar - Colombia
Gabriela Alemán - Ecuador
Andrea Jeftanovic - Chile
Eduardo Halfon - Guatemala
José Pérez Reyes - Paraguay

Poesía

Wendy Guerra - Cuba
Carlos Cortés - Costa Rica
Mirko Lauer - Perú
Joaquín Perez Azaústre - España

Ensayo

Mayra Santos - Puerto Rico
Miguel Huezo Mixco - El Salvador

Novela

Leopoldo Brizuela - Argentina






viernes, 6 de julio de 2012

Ay, Paraguay...



D
entro de la literatura latinoamericana, las letras paraguayas han ocupado un lugar cargado de incógnitas, estigmas y estereotipos (“el pozo cultural”, “la isla periférica” y hasta “el país misterioso, lleno de naranjas y dictadores y bellos habitantes que hablan guaraní”) que sugieren aislamiento y marginalidad dentro del campo cultural latinoamericano.

Artesanía realizada por mujeres paraguayas.


Hay varios factores que influyeron para que no se conociera la literatura paraguaya más allá de sus fronteras:
  • ·         el aislacionismo perpetrado por el  gobierno de José Gaspar Rodríguez de Francia, a partir de 1816, dictador perpetuo durante 24 años, prohibiendo el ingreso y salida de personas  del país, cerrando la única escuela de educación superior, el colegio de San Carlos;
  • ·         el de sus sucesores, primero un sobrino de Francia, Carlos López, y luego su hijo, Francisco Solano López;

  • la Guerra de la Triple Alianza, en la cual Paraguay luchó contra Brasil, Uruguay y Argentina, apoyadas financieramente por el Reino Unido. Al finalizar la guerra  en 1871 Paraguay perdió gran parte de su  población: murieron cinco sextas partes del total. (Otros historiadores, como Felipe Pigna, ajustan estas cifras a  1.300.000 habitantes antes de la guerra, y de solo 300.000 después de la misma, -la mayoría sólo niños y mujeres-). También perdió  territorio (390 780 km²), y fue obligado a pagar una enorme indemnización de guerra: el préstamo recibido de Inglaterra debió saldarse con refinanciaciones llevando la suma a una exorbitante deuda. Consecuencias: tras la guerra, la industria se fue desvaneciendo por completo, la educación pública gratuita desapareció y las llamadas "estancias de la patria", que suministraban alimentos a la población, desaparecieron de igual manera. El ferrocarril y la línea de telégrafos fueron confiscadas como medio de pago a la deuda de guerra.
  • Entre los años de 1930 y 1940, las políticas paraguayas fueron definidas por la Guerra del Chaco contra Bolivia. La lucha entre los dos países mediterráneos por una salida al mar se complicó cuando hacia fines de la década del 20 se descubrió petróleo al oeste del Chaco. Mientras  la Standard Oil Company y la Royal Duth Shell se relamían, dos de los países más pobres de América Latina se aniquilaban mutuamente...
  • la Guerra Civil Paraguaya de 1947, dictaduras militares, y períodos de extrema inestabilidad política.
  • Y, finalmente, el cerrojo cultural que impuso la dictadura de Alfredo Stroessner desde 1954, y su larga noche de treinta años.
Por todo esto, Paraguay fue quedando aislada de la comunidad latinoamericana, y mundial.

Detalle de arte rupestre del cerro Jasuka Venda, de 5000 años de antigüedad.

La literatura paraguaya es una de las más desconocidas de Hispanoamérica. Sus escritores conocidos fuera de sus fronteras son escasos: el siglo XIX es un campo estéril en la creación literaria paraguaya por la  censura de la dictadura de Francia; en el siglo XX surgen las voces de Josefina Pla, Gabriel Casaccia, Elvio Romero, Rubén Bareiro Saguier y Augusto Roa Bastos (de quien nos dedicaremos extensamente, junto con los nuevos escritores de los últimos años).

Las historias de la literatura hispanoamericana no incluyen a autores nacidos con posterioridad a 1940. Su desconocimiento no implica, sin embargo, que no exista un corpus de obras que, por distintos motivos, no han trascendido fuera de las fronteras del país guaraní.



A
ugusto Roa Bastos (1917-2005)






Roa Bastos sufrió la historia de Paraguay en carne propia y la convirtió en literatura.

Nació el 13 de junio de 1917, hijo de una madre de origen portugués muy cultivada y de un mediano burgués muy severo y autoritario, gerente de una refinería de azúcar. Pasó su infancia en Iturbe, un pequeño pueblo de la región del Guairá y de cultura bilingüe guaraní-castellano, escenario de sus primeros relatos. De regreso a Asunción se formó en la lectura de clásicos franceses y de William Faulkner.

Trabaja en múltiples oficios y comienza a publicar en prensa. En 1944 formó parte del grupo Vy'a Raity ("El nido de la alegría" en guaraní), decisivo para la renovación poética y artística de Paraguay durante esa década. En 1945, invitado por el British Council, viaja a Gran Bretaña y Francia, y sus entrevistas y crónicas del final de la II Guerra Mundial se publican en el diario "El País" de Asunción.

En el año 1947, nada más regresar a Paraguay, las persecuciones desencadenadas por la dictadura militar, tras una breve primavera democrática, le obligan a huir a Buenos Aires iniciando un prolongado exilio.

En Argentina sobrevivió con todo tipo de oficios sin abandonar nunca su actividad literaria. El de cartero fue uno de sus favoritos. Más tarde, trabajó como guionista de cine, autor teatral, periodista y profesor de diversas universidades de América Latina.

En 1953 publica "El trueno entre las hojas", su primer libro de relatos, y en 1960 "Hijo de hombre", título que iniciaba su trilogía sobre el monoteísmo del poder. A éste le seguiría "Yo el Supremo", su obra maestra y una de las cumbres de la literatura castellana contemporánea; en la que narra la historia de José Gaspar Rodríguez Francia, dictador del Paraguay durante 26 años.

En 1976, al producirse el golpe de Estado en Argentina, es obligado a trasladarse a Francia, invitado por la Universidad de Toulouse, donde se desempeñó como profesor de Literatura Hispanoamericana y creó el curso de Lengua y Cultura Guaraní y el Taller de Creación y Práctica Literaria. Permaneció en dicha ciudad francesa hasta 1989, regresando a su país tras el derrocamiento del dictador Alfredo Stroessner, de quien fue crítico acérrimo. En 1982 fue privado de la ciudadanía paraguaya, mas en 1983 se le concedió la española.

Es miembro de honor de varias universidades hispanoamericanas, europeas y norteamericanas. Ha recibido prestigiosos premios y condecoraciones, destacan; el Concurso Internacional de Novelas Editorial Losada (1959) y el Premio de las Letras Memorial de América Latina (Brasil,1988).  En 1989 recibe el Premio Cervantes.

Más de veinte títulos, entre novelas, cuentos, obras de teatro y poesía, componen su obra, que ha sido traducida a 25 idiomas. Es uno de los grandes escritores latinoamericanos de este siglo.

Augusto Roa Bastos falleció en la misma ciudad en la que nació, Asunción, el 26 de abril de 2005, a los 87 años de edad.



Y
 o el Supremo (publicado en 1974): los temas del poder y del exilio.

Se alude a la representación ficcional de la dictadura de José Gaspar Rodríguez de Francia (1814-1840) como crítica a la de Alfredo Stroessner (1954-1989), que lanzó a Roa al exilio, primero en Buenos Aires y luego en Toulouse, durante la mayor parte de su vida. Si quedan aún algunos caracteres disponibles, se mencionan sus otras novelas, su premio Cervantes en 1989, o se señala su identificación raigal con la cultura paraguaya, escindida entre sus vertientes indígena e hispano-cristiana y diglósica entre el castellano y el guaraní.


Sin duda, con Yo el Supremo, su máxima contribución a la narrativa, Roa Bastos realizó un osado, innovador y sistemático desmontaje del mito del poder omnímodo, mostrando acuciosamente cómo quien pretende asumirlo va siendo proporcionalmente destruido en tanto ser humano y convertido en un monstruo incomunicado. 


Es, probablemente, la más compleja y lograda novela de la dictadura en Latinoamérica; lo que es bastante decir para quienes apreciamos El Señor Presidente, de Asturias; El recurso del método, de Carpentier; El otoño del patriarca, de García Márquez o La fiesta del chivo, de Vargas Llosa, entre las decenas de obras sobre el poder omnímodo y sus consecuencias, que tantas veces, entonces y ahora, ha estado presente en la vida política y en la novelística continental. Pero Yo el Supremo es mucho más que una novela histórica, que una novela de la dictadura, o que una novela de denuncia política.

El lenguaje, la comunicación, la escritura, la dificultad de acceder a la verdad de los hechos y de comunicarla impregnan sus páginas con similar intensidad. El conflicto entre lo hegemónico y lo insurreccional, entre el centro y la periferia no es sólo una batalla por el control del Estado, sino que se produce también entre las diversas voces y espacios textuales que pretenden monopolizar el sentido del texto novelesco total.

En otras palabras, la novela no sólo exhibe un combate por el poder autoritario, sino también por el poder autorial; esta obra elude la unidimensionalidad de relatar un acontecimiento ficticio para presentarse como movimiento permanente de textos que se desdoblan, dialogan, se invierten, se contraponen, confrontación intertextual que será, en definitiva el principal agente portador de la significación. Es un complejísimo experimento de intertextualidad y metaficción y también una exploración de la frontera entre historia y novela, del arquetipo del doble (YO / ÉL) y sus repercusiones míticas, psicológicas y estéticas, así como de los límites de la escritura y sus encuentros y desencuentros con la oralidad popular. Son estas otras vertientes de la construcción novelística de Roa las que mejor se conectan con el resto de su obra, para mostrar la consistencia de su producción ficcional (también ensayística, dramatúrgica y poética), a menudo centrada en la (im)posibilidad de captar la realidad y de expresarla a través de la voz y la escritura: eso que hemos llamado el dolor de la significación.

El empeño de  sus personajes, tanto en sus mejores cuentos ("Moriencia", "Bajo el puente", "Nonato", "Él y el otro", "Contar un cuento", "Lucha hasta el alba") como en varias de sus novelas desde Hijo de hombre (en ambas versiones de 1960 y 1983) hasta El fiscal (1993) y Contravida (1995), forma una trayectoria literaria donde el narrador asume en carne propia lo que sus personajes viven en la ficción.

Y uno de los escenarios donde se dio con mayor insistencia la persecución de ese ideal utópico fue el intento de oralizar la escritura, de "hacer sonar" la lengua escrita con las cadencias de la lengua popular, tan propio del proyecto transculturador que compartió con altas figuras de las letras latinoamericanas como Juan Rulfo, José María Arguedas o Joao Guimaraes Rosa.

En un revelador ensayo titulado " Una cultura oral", expresa este particular sufrimiento, o dolor de la significación, con las siguientes palabras:
Arte campesino-Máscaras de Kambá Ra´ngá.


De lo que se trata finalmente es [...] de intentar establecer creativamente en los textos literarios escritos en castellano y en guaraní un movimiento de genuina intercomunicación: hacer pasar a la escritura naturalmente, sin forcejeos artificiales y retóricos, la entonación de la oralidad.
Esto supone una tarea creativa de resemantización del guaraní, no la restauración de una hipotética pureza de la lengua vernácula, que es también una abstracción idealista. Para los escritores que escriben en castellano, se plantea la misma necesidad de hacer "pasar a la escritura" la entonación oral y coloquial del otro hemisferio vivo pero en constante deterioro que es el guaraní popular paraguayo.

Por lo que nos muestran varias de sus novelas posteriores, como El Fiscal y sobre todo Contravida, la más lograda de sus varias novelas de la última década, Roa Bastos comparte en buena medida este difícil destino de exiliado cultural que no cesa de trabajar para reintegrarse a sus fuentes populares, del escritor que lucha por lograr la utopía rulfiana de "escribir como se habla", de escuchar atentamente y dejarse impregnar, antes de escribir, por el texto oral constituyente de la tradición popular.

Fuente: Carlos Pacheco,  Roa Bastos y el dolor de la significación, Universidad Simón Bolívar.



L
ucha hasta el alba.

Para encontrar las pistas de abordaje del texto, observemos los siguientes tres aspectos:



1-Según la Biblia, Jacob y Esaú representan la lucha entre el Bien y el Mal (¿se acuerda alguno de la misma intertextualidad relacionada con este tema, en la serie Lost?). 

Jacob y Esaú eran  hijos mellizos de Isaac y Rebeca. Durante el embarazo, los niños "luchaban" dentro de ella (Génesis 25:22). Cuando Rebeca le consultó a Dios el porqué de la lucha, recibió el anuncio de que dos naciones, muy distintas entre ellas, estaban formándose en su vientre, y que el mayor serviría al menor. Rebeca siempre recordó estas palabras. 

De hecho, ella siempre favoreció a Jacob (sencillo o puro, en el sentido de la perfecta sencillez, que yacía en la tienda lo cual, interpretado por eruditos bíblicos, es una señal de ser alguien muy estudioso).  Entretanto, su padre, Isaac, siempre favoreció a Esaú, el otro hijo mellizo, quien era un hombre de campo, y un gran cazador. Pero parece que Yavé también prefería a Jacob...




2. La madre de Roa Bastos le leía la Biblia en guaraní. Cuando Roa en la adolescencia escribe Lucha hasta el alba, (su primer cuento, fundador de la dualidad narrativa, perdido durante más de 30 años y redescubierto en 1968),  viene a ser una re-escritura del Génesis, concretamente una inversión del mito de Jacob, o sea que otra vez asoma la figura del doble, infundida por las lecturas de la madre, con otras oposiciones:

  • ·         la oralidad de la historia contada
  • ·         y la re-escritura de aquella oralidad por ejemplo, o las figuras de los Gemelos.

Es más, el cuento consta de dos movimientos, antes y después de salir de casa, con parejo cambio de la instancia narradora, primero un narrador homodiegético, (el chico que se cuenta a sí mismo), y luego una « instancia globalizadora » que incluye dos enfoques, uno interno y otro externo.

Por si fuera poco, el chico al luchar con el Ángel fusiona con él, se vuelve Jacob, o sea que pasa de « escribir sobre Jacob a ser Jacob ». No obstante le cuesta la vida y  parece que varias muertes condicionan esta obra :
·         la del padre castrador,
·         la de Dios,
·         la de la madre protectora e infusora de la palabra
·         y finalmente la suya.




Al finalizar la Lucha, dos tiempos y dos espacios se superponen, fusionan la luz y la noche, y el personaje vuelve a integrar el panorama paraguayo, opuesto al de la Biblia , en un boliche, borracho…

3- PRÓLOGO (del mismo Roa Bastos a sus Seis cuentos, publicado en 1978, donde aparece por primera vez Lucha hasta el alba, escrito en su adolescencia):


“Este cuento, el primero que escribí, quedó perdido y olvidado durante más de una treintena de años. Durante esos años de amnesia, de seguro no inocente, dudé incluso que lo hubiese escrito alguna vez. Llegué a pensar que el tal cuento no fuese más que una nebulosa de proyecto literario: la paráfrasis del texto bíblico sobre la lucha nocturna de Jacob, que yo prefería entre todos los que mi madre leía por las noches y que invariablemente comentaba en guaraní, reinventándolos a veces en un tiempo más cercano y con personajes conocidos.

Cuando hacia 1968 comencé a compilar YO EL SUPREMO, encontré el cuento esfumado entre las páginas del TRATADO DE LA PINTURA, de LEONARDO DA VINCI, libro que yo aprecio particularmente y que me enseñó a ver el sentido del mundo como un vasto jeroglífico en movimiento pero cuyos signos son tal vez indescifrables.

El hallazgo del viejo manuscrito me produjo quizás el mismo pavor que debí sufrir cuando intenté transcribir tales fantasmagorías en esos amarillentos papeles con membrete del ingenio azucarero donde trabajaba mi padre como modesto empleado de la administración; papeles que yo robaba y en los que escribía a la luz de un frasco lleno de luciérnagas, la lámpara secreta de mi infancia.

El manuscrito roto, casi ilegible y al que le faltaban dos páginas, representó para mí la prueba de un doble parricidio, al menos simbólico; cuerpo del delito más que cuento; vestigio de una pesadilla más que de una historia vivida. La prueba, además, de que los relatos en que predominan los elementos autobiográficos idealizados o sentimentalizados son irremediablemente falsos puesto que surgen del amor propio o de la autocompasión que son los elementos más distorsionadores de toda faena artística.

He aquí el texto restaurado: punto de referencia inicial de una obra, de una vida, que no han sabido eludir una y otra vez los mismos errores; curiosidad museográfica, al fin, para coleccionistas de estas nimiedades.”

A. R. B.
Toulouse, 1978.


L
a excavación
Para  analizar este cuento de Roa Bastos, vamos a considerar un texto  de Eduardo Galeano, quien reflexionó sobre la Guerra del Chaco e hizo la analogía entre este relato y el del boliviano Augusto Céspedes, (que ya hemos trabajado en el taller), con su estilo tan propio.


Guerra del Chaco-1933

LA GUERRA DEL CHACO (1933).

por Eduardo Galeano - Memoria del Fuego 3 (1986)    

"10 de mayo de 1933: Paraguay le declara la guerra a Bolivia


Están en guerra Bolivia y el Paraguay. Los dos pueblos más pobres de América del Sur, los que no tienen mar, los más vencidos y despojados, se aniquilan mutuamente por un pedazo de mapa. 

Escondidas entre los pliegues de ambas banderas, la Standard Oil Company y la Royal Dutch Shell disputan el posible petróleo del Chaco. Metidos en la guerra, paraguayos y bolivianos están obligados a odiarse en nombre de una tierra que no aman, que nadie ama: el Chaco es un desierto gris, habitado por espinas y serpientes, sin un pájaro cantor ni una huella de gente. Todo tiene sed en este mundo de espanto. Las mariposas se apiñan, desesperadas, sobre las pocas gotas de agua. 

Los bolivianos vienen de la heladera al horno: han sido arrancados de las cumbres de los Andes y arrojados a estos calcinados matorrales. Aquí mueren de bala, pero más mueren de sed. Nubes de moscas y mosquitos persiguen a los soldados, que agachan la cabeza y trotando embisten a través de la maraña, a marchas forzadas, contra las líneas enemigas. De un lado y del otro, el pueblo descalzo es la carne de cañón que paga los errores de los oficiales. Los esclavos del patrón feudal y del cura rural mueren de uniforme, al servicio de la imperial angurria. Habla uno de los soldados bolivianos que marcha hacia la muerte. No dice nada sobre la gloria, nada sobre la patria. Dice, resollando: - Maldita sea la hora en que nací hombre.

Céspedes

Contará Augusto Céspedes, del lado boliviano, la patética epopeya. Un pelotón de soldados empieza a excavar un pozo, a pico y pala en busca de agua. Ya se ha evaporado lo poco que llovió y no hay nada de agua por donde se mire o se ande. A los doce metros, los perseguidores del agua encuentran barro líquido. Pero después, a los treinta metros, a los cuarenta y cinco, la polea sube baldes de arena cada vez más seca. Los soldados continúan excavando, día tras día, atados al pozo, pozo adentro, boca de arena cada vez más honda, cada vez más muda; y cuando los paraguayos, también acosados por la sed, se lanzan al asalto, los bolivianos mueren defendiendo el pozo, como si tuviera agua.

Roa Bastos

Contará Augusto Roa Bastos, del lado paraguayo, la patética epopeya. También él hablará de los pozos convertidos en fosas, y del gentío de muertos, y de los vivos que sólo se distinguen de los muertos porque se mueven, pero se mueven como borrachos que han olvidado el camino de su casa. Él acompañara a los soldados perdidos, que no tienen ni una gota de agua para perder en lágrimas.

1935 Camino de Villamontes a Boyuibe. Después de noventa mil muertos

Después de noventa mil muertos, acaba la guerra del Chaco. Tres años ha durado la guerra, desde que paraguayos y bolivianos cruzaron las primeras balas en un caserío llamado Masamaclay -que en lengua de indios significa lugar donde pelearon dos hermanos. Al mediodía llega al frente la noticia. Callan los cañones. Se incorporan los soldados, muy de a poco, y van emergiendo de las trincheras. Los haraposos fantasmas, ciegos de sol, caminan a los tumbos por campos de nadie hasta que quedan frente a frente el regimiento Santa Cruz, de Bolivia, y el regimiento Toledo, del Paraguay: los restos, los jirones. Las órdenes recién recibidas prohíben hablar con quien era enemigo hasta hace un rato. Solo está permitida la venia militar; y así se saludan. Pero alguien lanza el primer alarido y ya no hay quien pare la algarabía. Los soldados rompen la formación, arrojan las gorras y las armas al aire y corren en tropel, los paraguayos hacia los bolivianos, los bolivianos hacia los paraguayos, bien abiertos los brazos, gritando, cantando, llorando, y abrazándose ruedan por la arena caliente."
Eduardo Galeano.





L
os escritores contemporáneos.





Decía Nicolas G. Recoaro en el suplemento literario Radar, de Página 12, en 2008 (obviamente, antes del último golpe de este año, cuando Lugo todavía ejercía su mandato constitucional):

 “Pese a los mañosos esfuerzos de la senil esfera ligada a la elite tradicional, la literatura paraguaya muestra que late al calor de los nuevos tiempos que vive el país. Un Paraguay no tan misterioso y gobernado por un cura tercermundista, con más soja transgénica que naranjas, más mafiosos ligados al Partido Colorado que dictadores, y con una población variopinta que espera la reforma agraria y que hace del trauma de la diglosia terreno fértil para el jopará (lengua híbrida que nace de la mezcla del guaraní con el castellano). Al final, el pozo no estaba tan vacío.”

Cristino Bogado (Asunción, 1967)


Fundador y colaborador de diversas publicaciones, hoy al frente de Jakembó Editores y del blog Kurupi (www.kurupi.blogspot.com). Publicó La Copa de Satana (2002), Dandy Ante el Vértigo (2004), Punk desperezamiento (2007), Jugo Loco. Ultima antología de poesía paraguaya(2007), Perro prole (2008), El chongo de Roa Bastos (2008).

El chongo de Roa Bastos. El relato de Cristino Bogado  narra un reality show literario, una parodia de la construcción del canon artístico a manera de un sistema hereditario de privilegios monacales. La gloria efímera y siempre ficticia de las condecoraciones literarias que, tras breves paréntesis, luego vomitan restituyendo todo el fracaso y la indiferencia con copia autenticada incluida. 


Esta novela causó un impacto tan importante que, poco  más tarde, se publicó una antología de narrativa contemporánea de Paraguay  (editada por Santiago Arcos, y con los escritores e investigadores argentinos  Sergio Di Nucci, Nicolás García Recoaro y Alfredo Grieco y Bavio, como encargados de la selección de los autores), llamada Los chongos de Roa Bastos, en directa alusión al relato de Bogado. 

Reúne a nueve autores, en su mayoría, menores de 40 años; es decir, hijos directos de la larga dictadura de Alfredo Stroessner, entre 1954 y 1989, a quien ellos llaman el "Tiranosaurio". Ellos son: Cristino Bogado, Nicolás Granada, Montserrat Alvarez, Domingo Aguilera, Javier Viveros, José Pérez Reyes, Damián Cabrera, Edgar Pou y Douglas Diegues.





Pero ni ese mote ni el título del libro -que admite una filiación aunque también, un goce de la clandestinidad- son la única irreverencia de estos muchachos (en la antología sólo se incluye una chica). En esas páginas se entreveran el castellano, el portuñol, el jopara, el guaraní. Crean una lengua nueva que une estos relatos, mucho más que una tradición literaria o una visión del mundo compartida.

(Nota lingüística: Yopará o jopará es una palabra en idioma guaraní que significa mezclado. Este término es muy utilizado en Paraguay para designar generalmente un dialecto resultante de la mezcla del español con el guaraní.  Su etimología parece ser una metátesis del gentilicio y adjetivo paraguayo.)

Respecto del interrogante sobre si Roa Bastos sigue siendo una referencia, responden que
sí, porque después de la dictadura pasó a ser ícono de la libertad de expresión de la intelectualidad paraguaya. Además, ganó el Cervantes de manera paralela a la caída de Stroessner. Sin embargo, aunque tiene mucho valor por su visibilidad, no lo ven necesariamente  como el máximo escritor de su país.


Sobre el tema  de la diglosia paraguaya (la cual lleva aparejada la sugestión mutua de ambos idiomas, por lo que  hay que distinguir entre el español estándar, el español paraguayo, el guaraní paraguayo, el guaraniete y el yopará), observan que  Roa se  siente identificado con la literatura oral guaraní pero “él nunca escribió en guaraní, quizás no porque no haya querido sino porque si no perdía posibilidad de que su literatura se publicara a nivel internacional”. El Premio Roa Bastos de Novela que organiza Alfaguara, por ejemplo, establece que no se puede escribir en guaraní.

Hace unos años, el  escritor argentino Pedro Mairal dijo: "Mi generación no tuvo que matar a sus padres literarios porque ya los habían matado o silenciado los militares. Mucha gente nacida alrededor de los '70 no tuvo padres literarios sino abuelos como Borges, Cortázar, Bioy, Arlt. Y uno con los abuelos no tiene conflictos". Es decir, cada país tiene sus propias sombras y las dictaduras son un eje común que también atraviesa el panorama cultural.

A esta cita de Mairal responden con otra,  de Roberto Bolaño, quien decía que “la gran literatura del siglo XX la escribieron en Argentina. Porque acá están Cortázar, Arlt, Borges”. Para los jóvenes escritores paraguayos hay una Buenos Aires creada por la escrituras de estos maestros, mítica, quizás un poco hegemónica en el sentido de que también colonizó el imaginario literario de ellos.

Agregan que el vínculo con la dictadura del Tiranosaurio es ineludible porque fue muy larga. Inclusive hoy hay entre ciertos sectores nostalgias fuertes, no masivas pero cada vez más explícitas. Hace un tiempo salieron unas calcomanías que decían "Era feliz y no lo sabía" y agregaban entre paréntesis 1954-1989(...)

Como en el libro hay una mixtura lingüística muy rica, se les pregunta si es reflejo de hibridaciones sociales, a lo que contestan que en verdad, no dejan de ser experimentos literarios. Es decir, en la sociedad las mezclas no son tan amables. De Ciudad del Este, donde vive Damián Cabrera (nacido en Asunción en 1984), este escritor dice que no es un paraíso multicultural donde todos viven armónicamente. Hay hostilidades a veces sutiles, hay mezclas posibles y mezclas que no logran llegar a nada. Por ejemplo, hay colectividades inmigrantes que no se relacionan con el resto de la ciudadanía a no ser desde una forma colonial. A las comunidades migrantes en el Alto Paraná, de origen germánico o germano brasileño, se les llama "colonia" y no es agradable para vivir porque hay discriminación. Muchos jóvenes migraron. Antes, a Buenos Aires y ahora, a España.

Javier Viveros (nacido en Asunción en 1977) afirma: Yo creo que es falso eso que dice Tolstoi de "pinta tu aldea y pintarás el mundo". El ser humano es el mismo en todo lugar pero la cultura determina modos distintos de ver las cosas. Estoy escribiendo cuentos de temas africanos y aun así sigue siendo literatura paraguaya, porque lo hago desde una visión latinoamericana. Es decir, lo lingüístico es una marca que evidencia lo complejo de la relación entre una visión del mundo y la forma de expresarlo.

Fuente: http://tiempo.infonews.com/notas/los-chongos-de-roa-bastos, artículo de Ivana Romero, en 2011.


Temáticas comunes:

La idea es presentar una imagen de un Paraguay que no es ni rural ni urbano; ni moderno ni tradicional; ni dictatorial ni igualitario; donde las viejas creencias populares sobreviven en medio de los fetiches de la cultura del consumo y de la cachaca. 


Coexisten desde la mirada de un mafioso a la desaparición del mundo rural, o la fusión de realismo mágico con la crítica del agronegocio, (una especie de nuevo feudalismo), pasando por la sátira social y la denuncia política directa de una confusa y ecléctica realidad nacional.





Autores que trabajaremos: Cristino Bogado y José Pérez Reyes.