El tiempo y el espacio del taller de lectura plasmado para:



leer de diferentes maneras (por arriba, por abajo, entre líneas, a fondo, participando del texto, recreándolo),



dar cuenta de los procesos culturales en que surgen y son comprendidas o cuestionadas las obras literarias,



pensar (discutiendo, asombrándose, dejándose llevar por lo que los textos nos dicen -pero parece que no dijeran-),



y por sobre todas las cosas, y siempre, disfrutar de la buena literatura.








sábado, 3 de diciembre de 2011

NNA: Andrés Neuman



Andrés Neuman nació en 1977 en Buenos Aires, ciudad donde pasó su infancia. Hijo de músicos argentinos emigrados, terminó de crecer en Granada, en cuya universidad fue profesor de literatura hispanoamericana. Actualmente es columnista en la Revista Ñ del diario Clarín (Argentina) y el suplemento cultural del diario Abc (España). Escribe regularmente en su blog Microrréplicas, considerado uno de los mejores blogs literarios en español según una encuesta de El Cultural de El Mundo. Mediante una votación convocada por el Hay Festival, formó parte de la lista Bogotá-39 entre los nuevos autores más destacados de Latinoamérica. Más tarde fue seleccionado por la revista británica Granta entre Los 22 mejores narradores jóvenes en español.



A los 22 años publicó su primera novela, Bariloche (Anagrama, 1999, reeditada en bolsillo en 2008), que fue Finalista del Premio Herralde y elegida entre las revelaciones del año por El Cultural. Sus siguientes novelas fueron La vida en las ventanas (Espasa, 2002), la autoficción familiar Una vez Argentina (Anagrama, 2003, nuevamente Finalista del Premio Herralde) y El viajero del siglo (Alfaguara, 2009), que obtuvo elPremio Alfaguara, el Premio Tormenta y el Premio de la Crítica, otorgado por la Asociación Española de Críticos Literarios. Esta novela fue votada entre las 5 mejores del año en lengua española por los críticos de El País yEl Mundo, figuró entre los libros del año en los principales diarios holandeses, NRC Handelsblad y De Volkskrant, y quedó finalista del Premio Rómulo Gallegos. Traducida a 10 lenguas, actualmente está siendo publicada en Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia, Italia, Brasil, China,Holanda, Polonia, Egipto, Portugal y Eslovenia.

Es también autor de los libros de cuentos El que espera (Anagrama, 2000), El último minuto (Espasa, 2001, reeditado por Páginas de Espuma, 2007), Alumbramiento (Páginas de Espuma, 2006) y Hacerse el muerto (Páginas de Espuma, 2011). El volumen El fin de la lectura (Estruendomudo, Lima; y Cuneta, Santiago de Chile, 2011) recopila una selección de sus relatos. Neuman ha desarrollado una intensa labor de estudio y divulgación de la narrativa breve. Sus libros de cuentos incluyen apéndices teóricos sobre el género y es el coordinador de Pequeñas Resistencias, serie de antologías sobre el cuento actual en lengua española (Páginas de Espuma, 2002-2010). Cabe destacar además su prólogo a los Cuentos de amor de locura y de muerte, de Horacio Quiroga (Menoscuarto, 2004).

Como poeta ha publicado los poemarios Métodos de la noche (Hiperión, 1998), El jugador de billar (Pre-Textos, 2000), El tobogán (Hiperión, 2002, Premio Hiperión), La canción del antílope (Pre-Textos, 2003) y Mística abajo (Acantilado, 2008), así como la colección de haikus urbanos Gotas negras (Plurabelle, 2003, reeditado por Berenice, 2007) y los Sonetos del extraño (Cuadernos del Vigía, 2007). Todos los poemarios anteriores, revisados y con dos libros inéditos, fueron reunidos en el volumen Década. Poesía 1997-2007 (Acantilado, 2008). El libro-disco Alguien al otro lado (La Veleta, Comares, 2011) ofrece una breve antología de sus poemas, musicados y cantados por Juan Trova. Sus poemarios más recientes son Patio de locos (Estruendomudo, Lima; Textofilia, México DF, 2011) y No sé por qué (Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2011).

Es, finalmente, autor del libro de aforismos y microensayos El equilibrista (Acantilado, 2005), del libro de viajes por Latinoamérica Cómo viajar sin ver (Alfaguara, 2010) y de una traducción del Viaje de invierno, de Wilhelm Müller (Acantilado, 2003).

Fuente: andresneuman.com

La revista Granta y el canon literario.

Granta, refundada en 1979 a partir de una vieja cabecera de la Universidad de Cambridge, se convirtió pronto en un referente en las letras anglosajonas, pero alcanzó el estatus de mito cuando comenzó a lanzar sus listas de escritores para el futuro.
  • En 1983 la revista apostó a que ese futuro llevaría los nombres de un grupo de treintañeros llamados Ian McEwan, Martin Amis, Julian Barnes o Kazuo Ishiguro. Desde entonces ha habido listas granta cada 10 años. 
  • En la de 1993 aparecían, entre otros, Hanif Kureishi, Tibor Fisher y Ben Okri; y en la de 2003, Zadie Smith, Andrew O'Hagan y Monica Ali.
Como recordó Valerie Miles, codirectora junto a Aurelio Major de Granta en español, "es la primera vez que la revista propone una reunión de los mejores narradores jóvenes procedentes de una lengua distinta del inglés".  

Basta pensar en esa nómina, y en el hecho, como recordó Major, de que "los editores anglosajones ya no leen en otros idiomas" para calibrar la importancia de la traducción al inglés del número dedicado a los escritores en español. De la versión original, en la que cada elegido publica un texto inédito, se han impreso 10.000.



Uno de los seis miembros del jurado seleccionador -junto a los directores de la revista, el escritor argentino Edgardo Cozarinsky, la crítica española Mercedes Monmany e Isabel Hilton, corresponsal especializada en América Latina y China- fue el novelista Francisco Goldman, artífice de la publicación -y consagración- de la obra de Roberto Bolaño en Estados Unidos. 
El novelista chileno rompió la costumbre anglosajona de medir a cada nuevo escritor latinoamericano con Borges y García Márquez y, según Aurelio Major, la nueva generación ya no reacciona contra el boom de los años sesenta: "Forma parte del paisaje. Los jóvenes no tienen que matar al padre". Esa es una de las señas de identidad comunes a un grupo de autores que, en muchos casos, viven fuera de su país pero ya no por motivos políticos. "Son cosmopolitas, no siguen solo su propia tradición", apunta Miles. Por su parte, John Freeman, director de Granta en inglés, destaca -además de que "hablan mucho de sexo"- un experimentalismo y un riesgo formales que llamará la atención sobre todo en Estados Unidos: "Allí triunfa el realismo. Hay demasiados talleres de escritura, y eso termina por uniformar el estilo".
"No hemos pensado en cuotas, solo en el talento", repiten los autores de una selección en la que hay cinco mujeres -"el canon sigue siendo masculino", dice Elvira Navarro- y en la que son mayoría los narradores argentinos (ocho) y los españoles (seis). Sin negar el argumento de la calidad, el escritor hispanoargentino Andrés Neuman apunta también a la predisposición de los lectores: "Hay una tradición lectora que hace que a ciertas literaturas se les dispense una atención no necesariamente justa".

Los elegidos:
Argentina: Oliverio Coelho, Federico Falco, Matías Néspolo, Andrés Neuman, Paola Oloixarac, Patricio Pron, Lucía Puenzo, Samanta Schweblin.
España: Andrés Barba, Pablo Gutiérrez, Javier Montes, Elvira Navarro, Alberto Olmos, Sònia Hernández.
Perú: Santiago Roncagliolo, Carlos Yushimito del Valle.
Chile: Carlos Labbé, Alejandro Zambra.
Bolivia: Rodrigo Hasbún.
Colombia: Andrés Felipe Solano.
México: Antonio Ortuño.
Uruguay: Andrés Ressia Colino.


Fuente: El País, Madrid, 2/10/2010.



Y aquí van algunos poemas de Andrés Neuman, del volumen  El tobogán, Ed.Hiperión. Madrid, 2002.

(PALABRAS A UNA HIJA QUE NO TENGO)


Entornaré tus ojos si prometes soñarme.
Compréndeme, no es fácil velar por alguien siempre:
a veces necesito saber que tienes miedo.
Cuando sepas hablar, dame mi nombre;
diciéndome papá ya habrás hecho bastante.
En invierno no abrigues demasiado
tu cuerpo de princesa, más útil y más noble
es irse acostumbrando a resistir.
Acepta golosinas de los desconocidos
-no está el mundo como para negarse-,
pero apréndete esto en cuanto puedas:
más frecuente es lo amargo, o que te ignoren,
y no los caramelos.
Te enseñaré a leer fuera del aula,
y llegada la hora quiero que escribas mar
sobre los azulejos del pasillo.
Cuando por vez primera cruces la calle sola
sabrás que el riesgo y la velocidad
perseguirán tus días para siempre.
No creas que, en el fondo, no soy un optimista;
si no lo fuera, entonces no estarías allí
cuidando que te cuide como debo.
Como ves, desconfío
de quienes no veneran el asombro
de estar aquí, ahora.
Existe la alegría, pero duele;
tendrás que conseguirla.
Y cuando la consigas tendrás miedo. 





(LA PALABRA SIN PATRIA)


Desapareceremos
y ése es el sentido.
No basta, sin embargo, con callarla:
debemos detenernos para oírla.
Diré su nombre, entonces.
(¿Qué sucede?)
Hay un cerrojo negro en la conciencia
que vive resistiendo hasta la hora;
si se abre antes de tiempo, nos devora el vacío. 

La muerte es un idioma contra el que se ha nacido.
Aunque nadie jamás podrá enseñármelo,
no quiero llegar mudo hasta el final.
Nombrarla es la renuncia y es el éxito. 

Digo morir y soy
el primer extranjero de mi lengua.





(EL JARDINERO)


Aprendí con mi abuelo a plantar árboles.
Los sauces necesitan
más agua, Andrés, que tú
y sus raíces
al principio no son
demasiado profundas.
A veces crecen rápido
y otras veces se estancan en la tierra,
asustados del aire.


Hoy no existe ni abuelo ni país
ni tampoco ese niño, pero queda
aquel sauce encorvado al que -me digo-
Andrés, hay que cuidar,
estas raíces frágiles,
este miedo a la altura de la vida. 





(HALLAZGO DE LA LUZ)


Eres plácida y diurna; yo, noctámbulo
hasta la resistencia. Has preferido
dejar que el sueño selle la luz que guarda el ojo
mientras me atrincheraba en esta lucidez
de párpados hundidos. Ya respiras
como quien custodiase un secreto minúsculo.
Te vuelves: pasa página, más allá del balcón,
la luna llena. El piano del silencio
mantiene sus acordes. Entre sombras
salgo a buscar un jarro de aire fresco
y en tu pecho palpitan hermosos animales.
Caeré rendido cuando el sol se vuelva urgente;
tú despertarás pronto. En piel de sábana
moverás el calor. Yo buscaré cobijo
para mi madrugada. Acaso entonces
podamos encontrarnos, amada solamente,
en un amanecernos compartido.




sábado, 12 de noviembre de 2011

Nueva Narrativa Argentina



En esta última etapa del año del taller empezaremos a asomarnos a la Nueva Narrativa Argentina, a raíz de las inquietudes que teníamos sobre el tema, a las antologías aparecidas en los últimos tiempos, y al entusiasmo generado por las reflexiones del libro Los prisioneros de la torre, publicado por Elsa Drucaroff, (Emecé), en el que se dispuso a analizar cuáles son los efectos que la dictadura militar produjo sobre la nueva narrativa argentina.
La autora elabora series y estudia las diferentes “manchas temáticas” que recorren las obras publicadas hasta 2007 de los escritores nacidos a partir  de 1960. Al tiempo que da cuenta del estado del arte, Drucaroff se ocupa de derribar el mítico enfrentamiento entre “babélicos” y “planetarios”, avanza sobre las razones de la disociación entre los escritores y el público lector, y discute con Beatriz Sarlo, a quien señala como una de las personas que abusa de la “crítica patovica” y lee mal a los jóvenes escritores.

Plantea que “la literatura, con la coartada de la ficción, de construir un mundo que no se juzga en una relación de referencia con el mundo real, permite experimentar con cosas que no serían tan fáciles de hacer. En la literatura uno puede preguntarse cualquier cosa sin límites éticos, políticos, ni siquiera lógicos. ¿Con qué se experimenta en la narrativa de la postdictadura? La respuesta que doy es sesgada: desde mi respuesta, que no pretende ser única, se experimenta con la elaboración de los traumas argentinos de un pasado relativamente reciente que recién ahora empieza a procesarse. Pero yo propongo una lectura, no creo que sea la única lectura. La literatura no es sólo un laboratorio: son muchos. Podría haber habido otras respuestas para el mismo recorte. Después de todo, yo llamo “narrativas de postdictadura” y lo justifico, pero es un recorte como cualquiera.”


Haciendo memoria. Babel y la Biblioteca del Sur. La ironía de los derrotados y los que llegan después.
Cuando de los setenta todavía no se había podido hablar, porque no se los podía pensar, aparecen en los años 90, dos grupos nucleados en torno a una editorial y a una revista cultural, y comienza a advertirse que  hay una nueva mirada, diferente a  las de quienes llegaron a la conciencia política después de la dictadura, y no con el sueño socialista.
Los  grupos eran:
  • de un lado el de los autores que publicaban en la colección de Editorial Planeta (dirigida por Juan Forn), como Rodrigo Fresán,
  • y del otro  quienes se nucleaban en torno a la revista Babel (por ejemplo, Sergio Chejfec, Luis Chitarroni, Sergio Bizzio, Alan Pauls),  
Comienzan las diferencias en cuanto a que unos son más experimentalistas, y los otros son escritores de mercado, que tienen obras apolíticas, a pesar de que van cambiando con el tiempo sus posturas (admitidas o no), pero lo cierto es que algo está cambiando: a veces son mencionados como prueba de una literatura que tiende a la insensibilidad social, el acriticismo y la frivolidad, o que aburre porque está escrita para el gueto de expertos en teoría literaria. Hablan en presente, como si el tiempo se hubiera congelado y eso siguiera siendo lo único que hay.

Sigue diciendo Drucaroff: “Sin embargo es con los que nacieron alrededor de los 70 en la Argentina, quienes tienen para contar cosas demasiado diferentes de las que, por ejemplo, podemos contar quienes fuimos adolescentes o jóvenes cuando ellos nacían. Comienzan a aparecer antologías de nuevos escritores argentinos. Los suplementos culturales ya preguntan por la producción actual y algunas editoriales poderosas dan espacios. Después de la crisis de 2001 surgen muchos pequeños sellos, revistas como Mil Mamuts o La Mujer de mi Vida dedican sus páginas a esta literatura.


La característica más distintiva de la NNA pasa por la entonación. La entonación es eso que más conecta el lenguaje con las vísceras, el cuerpo, el contexto inmediato, la valoración o actitud ante lo que nos rodea. Gritar, susurrar, acusar, quejarse, ordenar, proclamar, denunciar, explicar, dudar, bromear, ponerse serio, todo eso se manifiesta también con los tonos de la voz y la literatura también hace sonar entonaciones de papel. La narrativa anterior entona grito, acusación, proclama, denuncia, reflexión, explicación sesuda; si bromea, es con un fin serio: criticar y denunciar; si juega (como jugaron, cada uno a su modo, Cortázar o Borges), es para hacer preguntas filosóficas que no son juego. Serio concierto sinfónico que inevitablemente tendrá timbales en su parte culminante: ésa es la música de gran parte de la buena literatura anterior. La nueva se toma menos en serio. Predomina la socarronería, una semisonrisa que puede llegar a carcajada o apenas sobrevolar, pero señala siempre una distancia que no se desea recorrer: la que llevaría a tomarse demasiado en serio.
Ninguna entonación es un invento, menos en literatura. Esto no lo inventó la NNA, resuena de modos diversos en algunos pocos escritores de generaciones anteriores, que no casualmente están entre los que más leen los nuevos, o empiezan a ser valorados como merecen sólo a partir de los 90: Hebe Uhart, Fogwill, Ana María Shua, Silvina Ocampo, César Aira (que no me gusta). Pero era una entonación marginal, poco valorada en la narrativa anterior; ahora se desplazó al centro y sus posibilidades se despliegan. Es como si lo que la Argentina hubiera enseñado a los escritores nuevos fuera breve y simple: “No me crean nada”.

Cínicos, lúcidos, bizarros. 

Como cualquier buena literatura, la NNA valiosa interpela con preguntas nuevas y, queriendo o no, no puede evitar poner en jaque a la sociedad que la produce.
Recorriendo novelas y cuentos. Aunque estén incompletos, aunque falten nombres, aunque muchas de estas series se entrecrucen y no haya espacio para desarrollarlas, tracemos recorridos en la NNA:
  • Infancia e iniciación, narradas pocas veces desde el realismo “puro”, casi siempre desde uno agujereado por el exceso expresionista: Pablo Ramos, Selva Almada, Paula Varsavsky, Fabián Casas, Juan Incardona, Ariel Bermani.
  • Textos relacionados lejanamente con:
ü  el “realismo social”, ahora despojado de dramatismo y urgencia, hasta teñido de humor (Marcos Herrera, Bermani, Fabián Casas, Alejandro Parisi, Ramos),
ü  o de absurdo, o siniestro, o casi de fantástico (Alejandra Zina, Mariana Enriquez, Beatriz Vignoli, Luis Sagasti, Claudia Feld).
  • Irrupciones del fantástico donde, a diferencia de Borges o Cortázar, no se busca ni un centro del mandala ni un saber (Gustavo Nielsen, Samanta Schweblin, Fernanda García Curten, Alejandro López).
  • Minimalismo para narrar (según autodefinición de Félix Bruzzone) una “juventud sin prioridades”: Eduardo Muslip, Federico Falco, Romina Doval, Ignacio Molina, Claudio Zeiger (en ellos funciona, pero se está volviendo receta). 
  • Pasado en el presente: el traumático 1976 como fantasma, generaciones con la conciencia atormentada por el peso de muertos que no conocieron y por la complicidad nunca asumida de los vivos (Bruzzone, Ignacio Apolo, Mariano Dupont, Alejandra Laurencich, Patricia Suárez, Martín Kohan, Carlos Gamerro, Patricia Ratto, Mariano Pensotti, Guillermo Martínez).
  • Visita cuidadosa a géneros masivos: ciencia-ficción (Alejandro Alonso), policial clásico (Guillermo Martínez, cuentos de Eloísa Suárez), policial negro expresionista (Gamerro, Vignoli, Pablo Toledo).
  • El viaje, reformulado respecto de la antigua y brillante serie que trazara David Viñas (Gabriel Vommaro, Suárez, José María Brindisi, Carlos Schilling, Patricio Pron, Maximiliano Matayoshi).
  • La pregunta por vivir y escribir en las fronteras, en las obras de dos orillas de Ana Kazumi Stahl y Andrés Neuman.
  • La frustración política argentina: Miguel Vitagliano, Florencia Abbate, Gamerro y Pedro Mairal (en cruce con ciencia-ficción).
  • Los excesos del cuerpo, como si a falta de certezas fueran lo único confiable (Fernanda García Lao, García Curten, Gabriela Liffschitz, Andrea Rabih, Viviana Lysyj, López, Gamerro).
  • Fascinación crítica ante los medios masivos (Juan Terranova, Ingrid Proietto, Bettina Keizman, Mairal, Vignoli).”


El punto de vista de  Ana María Shúa.

¿A qué llamamos “nueva narrativa”?
“Desde Claudia Piñeiro a Samantha Schweblin, Andrés Neuman, Hernán Vanoli, Ariel Bermani, Betina González, Paola Kaufmann, Mariano Siskind, Florencia Abbate,  Fabián Casas. Tal vez Gabriel Bellomo, que no es tan joven.
Lecturas parciales, arbitrarias, que me permiten captar una nueva sensibilidad, inaccesible ya para mi generación, hecha de trozos de este caos mezclado y confuso (¿como un cambalache?) en el que vivimos. Y parcialmente virtual. Son diferentes entre sí, no se dirigen a los mismos objetivos, vamos a necesitar todavía unos cuantos años para verlos y poder analizarlos en conjunto.
Se dan el lujo (tan sano) de olvidarse de Borges y Cortázar, que tanto pesó sobre los que empezamos a publicar de los 60 a los 80. Están todavía librándose de la marca del minimalismo norteamericano, que guió a algunos de la generación intermedia y dañó a la mayoría. Son escritores, buenos escritores. Y ya veremos.”


Mataronakenny y la nueva literatura argentina.

MataronaKenny surgió en abril de 2004 con el objetivo de leer, disfrutar, discutir y analizar poesía y narrativa de autores argentinos cuyas obras empezaron a circular a partir de la década del noventa. Es un grupo con una dinámica propia, formado por lectores y escritores de distintas edades y procedencias, donde se intercambian diversos puntos de vista, diversas maneras de aproximarse a lecturas e interpretaciones divergentes, no dogmáticas. Fue fundado en la convicción de que es necesario abrir el debate a todos los integrantes de la comunidad y restablecer el vínculo entre los que leen y los que escriben.

ELEMENTOS QUE REAPARECEN EN LOS AUTORES LEÍDOS 

1-El tópico "memoria falsa" (Apolo, Casas, Gamerro, Abbate): dificultad para recordar, para reconstruir desde el recuerdo en principio una historia política coherente del pasado que explique a estas nuevas generaciones, y por extensión, dificultades con la memoria.

2-Juicio a los setenta (Abbate, Terranova, Casas, más indirectamente Apolo y Gamerro): trabajosamente la nueva literatura empieza a poder mirar con ojos propios el pasado reciente argentino.  La libertad de poder imaginar ficción y reflexionar más allá de los discursos
oficiales de izquierda y del discurso facho (algo que las nuevas generaciones
no han siquiera intentado en el campo del ensayo) parece estar abriéndose
paso desde la literatura, el "cassette" obligatorio de lo políticamente correcto,
en este campo tabú, empieza a desecharse.

3-Existencia vacía: algunos personajes de los cuentos de Pedro Mairal, de la
novela de Abbate, la voluntad de "superficialidad" y ausencia de conflicto psicológico en los relatos de Schweblin, la prescindencia del joven narrador del cuento de Casas, los jóvenes que toman cerveza en Bermani, el desesperado vacío del drogadicto de "Fulgores nocturnos", todo esto parece apuntar, denunciándolo, a un vacío que es de esta "mala época".

4-Mirada Distante, no moralizadora: el tópico “existencia vacía” se correspondería con dos entonaciones narrativas:
-Una desapasionada y suavemente socarrona: con matices y grandes diferencias, predomina en la estética de Schweblin, de Casas, de Bermani, de varios relatos de Mairal.
-Una frenética que tapa un vacío: con matices y grandes diferencias, predomina en voces narradoras de Gamerro, López, Apolo.
En los dos casos hay distanciamiento en la mirada del autor, como si se desconfiara del compromiso emocional potente y se buscara una estética que no hiciera perder la lucidez. Se busca que sea el lector el que realice el trabajo de tomar posición sobre cuestiones morales, en un contexto de descripción de lo cotidiano.

Rasgos estéticos comunes:
Variantes del humor tanto en la escritura como en la trama, por ejemplo: humor absurdo y negro en Schweblin, y parodia en López. También se observa una gran velocidad en la narración.

Convivencia con los medios: los medios están incorporados en la escritura, tanto como un dato de la vida cotidiana, se dialoga con ellos, como en la velocidad del relato (López, Gamerro, Mairal, Abatte, Schweblin).

El caudillismo: en la figura fuerte de Tamerlán, (Las Islas, Gamerro), en el psicópata poderoso de El grito, de Abbate, el caudillo de “El Hambre” en Vinacourt, puede leerse una figura de poder que se relaciona también con el caudillismo que marcó los 90 en la figura de Menem.



Autores con los que trabajaremos: Samanta Schweblin, Pedro Mairal, y Félix Bruzzone.









Samanta Schweblin.





lunes, 24 de octubre de 2011

Fogwill: Fog-will



Polémico e  ineludible en la literatura argentina, Fogwill creó un personaje del que pocas veces quiso escapar. Un personaje procaz, sincero, hipersexual, polémico. “Cada escritor tiene su máscara y arma su pose. Mi pose es esta: yo siempre aspiro a mentir con la verdad. Engañar de que valgo la pena diciendo que no valgo la pena”, decía en una entrevista.

Rodolfo Enrique Fogwill (Buenos Aires, 1941-2010) alcanzó renombre, primero, como directivo de empresas de publicidad y, luego, como escritor. Obtuvo la licenciatura en Sociología en la UBA, donde, además,  se desempeñó como profesor titular. Escribió poemas, cuentos, novelas, ensayos sobre temas relacionados con la comunicación, literatura y política. 

Se desempeñó también como empresario de la publicidad y el marketing, donde alcanzó renombre. Muchos de sus eslóganes aún tienen vigencia: “el sabor del encuentro” es suyo.
En el año en que la Argentina fue sede del mundial de futbol, durante la dictadura de Videla, Fogwill, que por entonces dirigía una agencia de publicidad, editó a los 38 años su primer libro: los poemas de El efecto de realidad.
En 1980 su cuento Muchacha punk obtuvo un importante premio patrocinado por una empresa de gaseosas, que le permitió dedicarse a escribir. Sin embargo, cuenta que, después de cobrar el cheque y sorprendiendo a los editores, se sentó a negociar. “Les dije: ‘Este libro vale tanto.’ Ellos querían publicarlo gratis, así que decidí no cumplir las condiciones del premio, y listo.” Fogwill, su propio personaje, empezó a hacerse conocido.

Algunos de sus textos integran diversas antologías publicadas en Estados Unidos, Cuba, México y España.Fue traducido al francés, alemán, croata y mandarín. En 2003 ganó la beca Guggenheim y, al año siguiente, el Premio Nacional de Literatura por su libro Vivir afuera.

Hasta hace pocos años, Fogwill era un escritor de culto en América Latina, alguien del que, con suerte, se había leído su prodigioso cuento Muchacha punk. Hoy es un referente fundamental de la literatura argentina contemporánea, alguien a la altura de Piglia y Aira.
Los Cuentos Completos incluyen veintiún textos escritos a lo largo de tres décadas y media (del 1974 al 2007). En su prólogo, Elvio Gandolfo señala que la antología "contiene seis o siete de los mejores cuentos de la literatura argentina". La lectura no deja dudas: junto a Muchacha punk, relatos como Help a él, Sobre el arte de la novela, Los pasajeros del tren de la noche, Restos diurnos y La larga risa de todos estos años, son más que suficientes para convertir a Fogwill en un imprescindible.

Trazando un recorrido por Fogwill.

La variedad de los registros hace que se pueda entrar a este libro a partir de diversas perspectivas. Fogwill ha dicho que tiene una preferencia por "las lecturas que atienden, más que a lo que sucede, a la manera de narrar lo que sucede". Por eso son importantes sus intervenciones en relatos clásicos, su reescritura y a la vez parodia y actualización de El Aleph de Borges en Help a él o de El almohadón de plumas de Horacio Quiroga en Otra muerte del arte. Más allá de la parodia, lo que llama la atención es la forma indirecta que encontró Fogwill de narrar la política y el campo social en los años de la dictadura y la guerra sucia. Es una forma que tiene mucho que ver con la de Piglia en Respiración artificial (1980), la gran novela de ese período. Entre ambos la relación fue particular: no hay momento en que Fogwill no ataque a Piglia, pero, como dice Fabián Casas, "la contienda se salva en los estantes de la biblioteca", y allí hay lugar para los dos.
 
Jerónimo Pinedo y Esteban Rodríguez, en la Revista Grieta, (La Plata 2000) decían de su escritura, a propósito de Vivir afuera: “…si hablamos del Punk, hablamos de un temperamento. Una fuerza que se incrusta para descuajeringar el concepto. Pero también se trata de una limitación, una incapacidad de las disciplinas para atrapar esas fuerzas que se amasan en la penumbra de la sociedad, a oscuras de la sociología. No se trata de reformularla, sino de destruirla. ¡Y a no tener miedo! Las prácticas y los lenguajes seguirán desperdigados como antes lo estuvieron en la profundidad que sobrevolaba la pretendida ilusión de las reglas del método.
La voluntad de oscurecer, o voluntad de bruma, es una actitud, el no método; es rechazar de plano que el otro pueda ser subsumido en nuestro sistema de explicaciones, este no lo soportará y se resentirá al primer giro violento de lo que se quiere contener. No decimos que la academia, la policía o la gestión, sean ignorantes de este conflicto. Porque lo saben, hace tiempo que han eludido la posibilidad de contener esos lenguajes y los han dado por inexistentes.
Pero la voluntad de bruma sabe de batallas subterráneas, de herejías que convulsionan las jerarquías institucionales, llámese prensa, academia o policía. Tres formas de investigación, que son tres formas de espiar y, por añadidura, de delatar lo que se prevé. Tres formas de recortar lo que permanece embutido. Vivir afuera es La patria vigilada de los saberes vouyeristicos.”

Como en las novelas de Manuel Puig, a quien Fogwill admiraba (“Sobre todo Cae la noche tropical, que es puro registro, y un libro de una honestidad absoluta”), en Vivir afuera se dan cita todos las formas de hablar y de escribir: desde la conversación sexual hasta el lenguaje estereotipado de la burocracia policial, todo encuentra un lugar en la novela de Fogwill.





 Muchacha punk (1979) puede ser una historia picaresca de un argentino en Londres, pero en el último párrafo se encuentra ese detalle que transforma al relato en algo siniestro: el narrador está allá para "comprar unos catálogos de armas y unos artículos de caza mayor para mi gente en Buenos Aires".
En Sobre el arte de la novela (1993), el texto termina así: "... yo había salido sin documentos y no quería estar en la vereda ni a borde del Peugeot, porque aquí sigue siendo peligroso andar sin documentos de identidad".
La violencia sádica de la pareja de La larga risa de todos estos años (1983) es una manera de contar aquello que está ocurriendo en el país: "Creo que todos vieron lo que fue pasando durante aquellos años. Muchos dicen que recién ahora se enteran. Otros, más decentes, dicen que siempre lo supieron, pero que recién ahora lo comprenden. Pocos quieren reconocer que siempre lo supieron y siempre lo entendieron...

Dijo Fogwill en una entrevista: Muchacha punk fue escrito de un tirón, en tres horas, como al dictado de una voz -ajena-, al cabo de una noche de diciembre de 1978. Aunque estuve semanas corrigiéndolo, dudo que la última versión haya perfeccionado en algo lo que había ido desgranándose aquella madrugada de calor. El relato venía sobrecargado de propósitos teóricos y abunda en guiños, anagramas, provocaciones al Estado policial de la época e insidias a escritores de moda. Como suele ocurrir, todo eso pasó inadvertido a los lectores y al jurado que le concedió el primer premio en el certamen más concurrido de 1980. Paradojalmente, los auspiciantes del concurso -una fábrica de gaseosas- quisieron publicar este relato bajo el lema «Cómo crean en libertad los jóvenes argentinos». Yo era argentino, pera ya no era joven y por entonces la noción de libertad me resultaba tan hueca y banal como ahora. Creo que el relato es elocuente al respecto. Por efecto de éste y otros textos contemporáneos más, yo, un hombre grande, comprometido en una carrera empresaria, terminé creyendo que era un escritor y que debía escribir y cambiar de oficio. Visto desde la perspectiva de la especie, puedo atribuir a Muchacha punk el origen de una trama de malentendidos y desgracias a la que la presente publicación viene a agregar un nudo. R. F. [aparecido en "Buenos Aires, una antologia de nueva ficción argentina" de Juan Forn, ©1992 Editorial Anagrama].

“Fog-will” o el deseo de la niebla.

Su hija, Vera Fogwill, en una entrevista de Página 12, al cumplirse un año de su muerte, lo definía: “Mi padre para mí, como padre, fue un gran escritor. No se lo podía molestar, no se le podía quitar minutos a su silencio ni a su pensamiento. Su mejor novela es su vida, una vida más impactante que cualquier escrito que hayan podido encontrar o leer de él y/o sobre él. La mejor literatura la hizo en las noches arrullándome para dormir, jamás –mientras me tocaba estar con él– me dormí sin un cuento de mi padre, jamás. Hasta de grande era capaz de meterse en mi cama a contarme un cuento, pese a que yo, dormida, me sobresaltaba y le decía: “¡Papá, ya estoy grande para cuentos!”, “¿Papá, estás drogado?”, “¡Papá, soy tu hija!, ¡Papá!”.

No puedo dejar de pensar en que se fue literariamente haciendo referencia a Piglia, con su respiración artificial. Era muy chica, se publica Help a él y le había puesto Vera a un personaje y Vera era una puta… Y esa puta soy yo, la diferencia es que en ese entonces ni siquiera sabía lo que era coger. Poco entendía de la referencia sonora a El Aleph, y el juego con el nombre de Beatriz Viterbo para Vera Ortiz Bety. Yo cursaba tercer grado y le pregunté, llorando: “¿Por qué le pusiste Vera a una puta que te cogés y te mea? ¡Por favor, no se lo regales a mi maestra, papi!”. En ese entonces no había Veras, así que esa Vera para la nena que era entonces sólo podía ser yo. Él sólo me contestó otra cosa: “Vera es la verdad, estar cerca de ella, en la orilla. Eugenia, tu segundo nombre, es el origen de la génesis del gen, del genio”, que me dio origen, y estaba hablando de él, claro. Y agregó: “Fog-will es y será siempre estar entre la niebla, tinieblas, o mejor aún: el deseo de ellas”. Pero se parece más sonoramente al fuck.”




Y aquí va un fragmento, breve, de su poesía: de
CONTRA EL CRISTAL DE LA PECERA DE ACUARIO (1999).

La tibia luz
azul
titila en la pecera

la tibia luz
titila
azul
por la pecera
de nuestra era

tibia
la luz
de la pecera
titila
en nuestra era

en la era
de la pecera
de acuario

en la era titilante
y tibia


¡Somos
los entibiados!

los que en la era
de la pecera
nadando
acariciamos
el cristal
que reproduce
la tibia luz
de nuestras formas
reflejas


Aquí
reflejo
somos

juntos
en la pecera
estamos

puros reflejos
de la pecera
nadando
solos
nos deslizamos
envueltos
en su atenuada
y tibia
luz

luz azulina
no mortecina:

medida
retenida

luz contenida
en el vacío artificial
donde la ínfima materia
repite, contenida
su combustión artificial.






sábado, 15 de octubre de 2011

El mundo de Fabian Casas.



Fabián Casas, nacido en Buenos Aires, en 1965, (concretamente en el barrio de Boedo), es un referente de la llamada generación del 90, aquel movimiento literario que le sacó solemnidad y le dio vida a la poesía argentina. Va contra la corriente de la industria cultural, y es amigo de las mezclas de géneros y estilos literarios (practica la poesía, el ensayo y la narrativa), además de buen lector de Gianuzzi, Vonnegutt, Borges, T.S. Elliot, Schopenhauer y tantos otros.
Probablemente la de Fabián Casas haya sido la escritura que más se universalizó: su imaginario, entre el barrio y la filosofía oriental, se concretó en una especie de memoria común generacional y encontró así su lugar en la sensibilidad de una época.
Sabemos que cada época posee una episteme, un conjunto de relaciones entre prácticas discursivas comunes que constituye el modo de lenguaje propio de esa época.

O un Zeitgeist, término alemán que significa "el espíritu (Geist) del tiempo (Zeit)”, es decir, los caracteres distintivos de las personas que se extienden en una o más generaciones posteriores y en las que, a pesar de las diferencias de edad y el entorno socio-económico, prevalece una visión global para ese particular período. 

Por eso vamos a intentar un breve recorrido por parte de su obra, y con el aporte de material extraído de entrevistas, para encontrar algunas pistas suyas, y de la época que refleja.



Estudió Filosofía y comenzó a trabajar como periodista en el diario Clarín, a comienzos de los '90. Fue también editor del diario deportivo Olé. Se desempeñó en la revista deportiva El Gráfico y luego pasó a ser subeditor general y editor general del semanario El Federal . Su carrera literaria se inició también a comienzos de la última década del siglo XX, con la fundación de la revista de poesía 18 Whiskys, junto con otros poetas de su generación, Para la misma época, publicó "Tuca", su primer poemario, que fue señalado como emblema de una corriente objetivista. Algunos de sus escritos en blogs forman parte de su libro "Ensayos bonsái", junto con textos de mayor aliento. En 1998 participó del Programa Internacional de Escritores de la Ciudad de Iowa, EE.UU. En 2007 recibió en Alemania el Premio Anna Seghers por, en palabras del jurado, «poseer una lírica extraordinaria y ser su obra una fuente de inspiración para los autores de América Latina» . Una antología de sus poemas salió en Alemania en el 2009 (traducida por Timo Berger).


El mundo de Casas: Un veterano del pánico.

A los treinta años tuvo una depresión clínica, y  un amigo suyo le dijo "vos lo que tenés es el horla". A la semana le trajo El Horla, el cuento de Maupassant. Cuando lo leyó identificó lo que le estaba pasando, y según cuenta en una entrevista,  “le puse un nombre a mi enemigo.  Pero entendí que ese enemigo era también mi maestro, y tenía que aprender de él. Un maestro muy duro, muy estricto. A su vez, entendí que yo vivía en una ciudad construida por el horla, y es una ciudad armada con muchas ciudades en donde estuve, en donde viví. Con eso fui construyendo al Horla City, la ciudad del miedo”. 

Maupassant contaba las supuestas alucinaciones del protagonista, el cual siente la presencia de un ente que él llama El Horla. Como consecuencia de haber saludado el paso de  un extraño barco, que venía literalmente "del Otro Mundo". A lo largo del relato, el protagonista muestra la angustia que se va apoderando de él, y ve cómo ese algo o alguien está introduciéndose en su vida de forma velada e intangible. Empieza teniendo pesadillas hasta que por último, llegará a ser supuestamente poseído por la criatura, que gobierna todas sus acciones e incluso sus pensamientos.

Sigue diciendo Casas:Por suerte solucioné la vida económica con el periodismo, porque entre libro de poemas y libro de poemas tardé siete años. A mí me gusta publicar y que me lean, pero puedo escribir sin tener un lector. No tengo el ego de la obra. Ese es el lado bueno mío.
— ¿Y el lado malo?
— El miedo. Veo lo horrible que es el mundo y digo: “Esto es una comida espesa y me dieron una cuchara de plástico de avión para revolver un guiso espesísimo”. Contra eso, karate, whisky, tranquilizantes. La gente lee libros míos y creen que soy el Buda. Y yo les digo: “Sí, el Buda del Rivotril”.

Le han preguntado cómo maneja en estos tiempos un escritor argentino la influencia de Borges, a lo que él responde: “Borges es una de las principales influencias para un escritor argentino, yo la manejo con total libertad, es un gran palacio para ser saqueado hasta dentro de la heladera”.



¿Sobre qué escribe?  Dice: “Hay un poeta que se llama Hofmannsthal. Él decía que la fuerza del círculo vence a la muerte. Yo pienso que escribo sobre un círculo y ese círculo son mi primo, mis hermanos, mi papá, mis amigos. Aparecen todos en un poema, y después en un ensayo y después en un cuento y después en otro poema. Escribo sobre la fuerza del círculo”.




Ensayos.

Los recorridos que propone Fabián Casas en Ensayos Bonsai suelen ser impensados: puede saltar del concepto de Spinoza del poder,  a un ensayo de Marcelo Cohen sobre las letras argentinas y más adelante de algo que le causaba gracia a Kurt Cobain, a la búsqueda de una zapatería en el barrio que fue invisible hasta que la necesitó.
Puede hablar de El escritor argentino y la tradición de Borges, de los prólogos de Gombrowicz a Ferdydurke y de Arlt a Los lanzallamas, todo esto rematado con el instinto milenario de su perra para cavar concienzudamente un pozo.
Mundiales de fútbol e iconos del rock, la familia y los amigos, la poesía de Eliot y de Daniel Durand, tramos de películas y pensamientos de filósofos… todo ello compone parte de estos ensayos.
En el lugar donde se cruzan la sabiduría oriental, el rock, los ideales de los revolucionarios mesiánicos, los grandes poetas americanos, y el fútbol, ahí se asoma la escritura de Casas: el boedismo Zen.

Me estimula mucho que me digan que una cosa no puede cruzarse con otra: ¿por qué no?, se pregunta Casas.


Breves apuntes de autoayuda.
Editado en Buenos Aires, por  Santiago Arcos en  2011, el estilo "fácil", coloquial, conversacional de Casas logra que pueda hablar de cosas serias y hacer reír a la vez. En el diario chileno La Tercera, del 27 de agosto de  2011, comentaban:
“Breves apuntes de autoayuda es un antídoto ideal para el lector que cree que la literatura es necesariamente solemne y para el escritor que se siente obligado a forzar la mano para decir cosas trascendentes. El Casas crítico habla de libros y canciones sin distanciarlas de la vida, como parte de una cotidianeidad en la que se discute con la pareja qué película ver juntos y con los amigos qué escena hace inolvidable a una novela (en La Liebre, de César Aira, Pedro Mairal dice que son las abdominales que hace el dictador Rosas "ni bien se levanta"). Aquí no solo importa el contenido sino la forma: los colores, los olores y las texturas de los libros. Hay riesgos inevitables y asumidos en esta postura: el Casas que desdeña los libros digitales porque "no es lo mismo leer Guerra y Paz en una cajita virtual que en hojas, que es lo mismo que decir, días, horas, noche y pasión" suena muy fundamentalista (yo también soy un fetichista de los libros, pero he leído a Henry James en un Kindle y a Flannery O'Connor en un iPad y tanto James como O'Connor han sobrevivido muy bien a los nuevos dispositivos de lectura).   

Para Casas, la inteligencia del escritor está sobrevalorada ("la inteligencia es algo que puede tener cualquiera"). Pese a eso, hay frases inteligentes por todas partes ("Sucede en el futuro porque es de Ciencia Ficción aunque la ciencia ficción, en realidad, suceda en el pasado"). Casas prefiere la sensibilidad del escritor, su generosidad, su capacidad para tantear en el abismo y también para abrir puertas para otros. Eso lo lleva a excesos sentimentales (de verdad, ¿Borges es Borges debido a que Norah Lange lo dejó por Oliverio Girondo?) y a aciertos entrañables: refiriéndose a Fogwill, escribe: "Ahora digo que toda su obra -que es grande- no le llega ni a los talones a él. No extraño sus cuentos, no extraño que no escriba más, que no vaya a leer cosas nuevas suyas. Extraño su voz, su risa. Su generosidad. Su mal genio".



Los Lemmings y otros: entre la disolución del yo y el boedismo zen.
Nos cuenta Andrés Laguna:
“Los Lemmings y otros está compuesto por una serie de relatos que suceden en el barrio porteño de Boedo, protagonizados por un puñado de personajes inolvidables, ambientados en un tiempo pasado que no necesariamente fue mejor pero que indudablemente es imborrable. La intensidad y la verosimilitud de las voces que protagonizan los textos, el compromiso que tienen con las historias que se le develan al lector, hacen que nos sintamos tentados de creer que el libro no es más que una breve colección de memorias, de extraordinarias historias autobiográficas. Pero, poco importa si Casas vivió lo que nos cuenta, poco importa si se inventó un alterego que aguante mejor que él las aventuras y las desventuras literarias, poco importa si esto no es más que una transcripción de las peripecias de sus conocidos. Lo que hace a Los lemmings y otros un libro que vale la pena leer es la aproximación a los temas y a los argumentos que se relatan. 

En manos de un autor con menos talento, estas historias no hubiesen sido otra cosa más que ese tradicionalismo porteño burdo, que suele camuflarse como buena literatura. Casas es un autor sensible, con influencias e intereses diversos, que tiene una curiosa relación con la vida, el cosmos y la literatura. Así como es evidente que lee poesía –por el tratamiento del lenguaje, por la precisión con las palabras-, también se nota la importancia que tiene el pensamiento filosófico en su obra. 
No sólo por las constantes y entretenidas referencias a autores como Schopenhauer o Wittgenstein. Por esas extrañas coincidencias de la vida, desde Boedo, Casas se relacionó con el budismo zen –se sabe que es un tipo que practica muy seriamente el karate y la arquería, entre otras disciplinas orientales-. 
Eso ha sido determinante para su obra y para su forma de escribir. En la presentación mencionada, Casas aseguró algo que ya había leído en varias entrevistas, que cuando escribe busca que su voz se diluya para que las voces de los personajes crezcan, para que se apropien del texto. 

Si el zen reza que se debe caminar sin dejar huella, en la literatura de Casas aparentemente el ideal fundamental es que el autor escriba sin dejar huellas. Es decir, no debe ser más que un intermediario entre el lenguaje y los personajes que adquieren una vida propia, una voz propia. Ese es uno de los enormes puntos fuertes de los relatos incluidos en Los lemmings y otros, la voz de Fabián Casas se diluye en la de Andrés Stella, en la de Máximo Disfrute o en la del japonés Uzu. Tal vez la literatura para Casas no es otra cosa que la disolución del yo, del ego, para así dar paso a la creación pura, que aunque se alimenta de recuerdos, de relatos ajenos o de la realidad asimilada, permite que otros personajes adquieran vida propia y protagonicen su propio mundo, sus propias vidas, su singularidad. La literatura para Casas tal vez es la conexión con la creación misma, con lo trascendental, es la desaparición absoluta del ego del autor, de ese yo que corrompe la literatura, es el someterse ante la enormidad de la obra. Supongo que justamente por eso en uno de los relatos más notables del volumen, el que recuerdo con mayor intensidad, titulado “Asterix, el encargado”, todo un conjunto de situaciones bizarras y de personajes entrañables, se ponen al servicio de la narración del satori –la iluminación budista- que tiene el narrador. Cuando está viviendo una de las mayores crisis de su vida, está deprimido, no tiene trabajo, su chica lo acaba de dejar, su gato ha desaparecido, gracias al encargado, al portero de su edificio, se adentra en el barrio boliviano, se somete a una suerte de Tinku y justo cuando pierde la individualidad, cuando se hace invisible, encuentra su lugar en el mundo”.

Los lemmings y otros es una obra que está llena de momentos cómicos, frustrantes, dramáticos, patéticos, enternecedores. Lleno de frescos de la infancia, de la adolescencia, de la época menemista, del mundillo literario, del fútbol (jamás se debe olvidar que Casas es un hincha feroz de San Lorenzo). Nos  contamina con nostalgia, nos hace morir con honor y llegar a nuestras profundidades, aunque sin tomarnos muy en serio. Para después poder seguir con la vida.

Y para finalizar el recorrido de hoy por Casas, va uno de esos poemas suyos:

Cancha rayada.

Caminamos, con mi viejo, por la playa de estacionamiento.
Es un día de calor sofocante
y en el asfalto recalentado
vemos la sombra de un pájaro negro
que vuela en círculos,
como satélite de nuestra desgracia.
Una multitud victoriosa, a nuestras espaldas,
ruge todavía en la cancha.
Acabamos de perder el campeonato.
La cabina del auto es un horno a leña;
los asientos queman y el sol que pega
en el vidrio, enceguece.
Pero no importa, como dos bonzos
dispuestos a inmolarse,
nos sentamos y enciendo el motor:
Fabián Casas y su padre
Van en coche al muere.








sábado, 8 de octubre de 2011

El "caso" Aira.

Se define a sí mismo como «Un francotirador que practica un oficio íntimo, secreto y clandestino»,  y es uno de los autores más prolíficos de nuestro país; además su labor literaria la ha realizado en prácticamente todos los campos, de modo que ha trabajado como traductor, novelista, dramaturgo, periodista y ensayista. 


Nació en Coronel Pringles, Argentina, en 1949. Desde 1967 vive en el barrio de Flores,  en Buenos Aires. Ha dictado cursos en la Universidad de Buenos Aires y en la de Rosario), y ha traducido y editado en Francia, Inglaterra, Italia, Brasil, España, México y Venezuela. Su obra está marcada por la originalidad, la subversión y la capacidad de sorpresa. 

 



Dice el escritor mexicano Sergio Pitol: “Los libros de los "raros" son imprescindibles, gracias a ellos, a su valentía de acometer retos difíciles que los escritores normales nunca se atreverían. Son los pocos autores que hacen de la escritura una celebración. Yo adoro a los excéntricos. Los he detectado desde la adolescencia y desde entonces son mis compañeros. Hay algunas literaturas en donde abundan: la inglesa, la irlandesa, la rusa, la polaca, también la hispanoamericana. En sus novelas todos los protagonistas son excéntricos como lo son sus autores. Laurence Sterne, William Beckford, Jonathan Swift, Nicolai Gogol, Tomasso Landolfi, Carlo Emilio Gadda, Witold Gombrowicz, Bruno Schulz, Stanislaw Witkiewicz, Franz Kafka, Ronald Firbank, Samuel Beckett, Ramón del Valle-Inclán, Virgilio Piñera, Thomas Bernhard, Augusto Monterroso, Flann O´Brien, Raymond Roussel, Marcel Schwob, Mario Bellatin, César Aira, Enrique Vila-Matas son excéntricos ejemplares, como todos y cada uno de los personajes que habitan sus libros, y por ende las historias son diferentes de las de los demás.”

La obra de Aira comenzó a traducirse y en  2006, llega a Estados Unidos con una carta de presentación de su contemporáneo más celebrado, el chileno Roberto Bolaño. En un breve prefacio a Un episodio en la vida del pintor viajero, Bolaño dijo sobre Aira que era “uno de los tres o cuatro mejores escritores que escriben en español actualmente”. Viniendo de un escritor famoso por sus evaluaciones literarias brutales, esto equivale a un gran elogio. La importancia de Bolaño reside, en parte, en el hecho de que fue capaz de torcer el eje de la literatura latinoamericana del realismo mágico del trópico, que se había agotado en los años 80, hacia la tradición europea más cerebral del Cono Sur.
El autor catalán Enrique Vila-Matas, ha expresado reiteradamente su fascinación por la obra de César Aira en sus contribuciones en las revistas literarias y los suplementos culturales, y ha calificado la obra airiana como « una irónica poesía del absurdo ». Además, en su novela El mal de Montano (2002), el narrador-protagonista cuenta una discusión particular que tuvo con Aira en el Café Tortoni de Buenos Aires sobre la esencia de la literatura: « De adolescente, leyendo a Borges, me dijo Aira, vi dónde estaba la esencia de la literatura. Eso fue definitivo, pero después descubrí, también, que la literatura no tiene una esencia, sino muchas históricas y contingentes. Así que fue fácil escapar de la órbita borgiana, tan fácil como volver, o como no haber escapado nunca ».

Aira se ha descrito a sí mismo como “un hombre de letras” que tiene “la buena suerte de que me gusta todo”. Su impulso no es destituir figuras literarias establecidas sino triturarlas en la maquinaria de su “procedimiento” y de esa manera hacerlas propias.
El procedimiento, como lo llama Aira, es el aspecto más fascinante y perturbador de su obra.

Entonces empecemos con algunos de los diferentes hilos estéticos que tejen su universo narrativo:
  1. Postmodernismo ¿o vanguardia, o postcolonialismo?
  2. Procedimiento: ¿la máquina Aira?


1. 
Sobre el debate Modernidad / Postmodernidad nadie puede estar de acuerdo, ni siquiera en las fechas. Lo moderno ¿comenzó en el Renacimiento, en la Ilustración del siglo XVIII o el Capitalismo industrial del siglo XIX? Lo postmoderno ¿comenzó en el siglo XX con las nuevas técnicas de la Informática, con la Segunda Guerra Mundial o la década de los 70? Pero vamos a rescatar las características fundamentales de la estética postmoderna y rastrearlas en la obra de Aira. 


ü  La Modernidad se caracteriza por una firme creencia en la evolución de la
especie humana. Es una gran civilización progresista que se desarrolló en Europa. Sus
pilares han sido, según Jean-François Lyotard,
  • los Grandes Relatos (la Historia, El Progreso, el Marxismo, el Totalitarismo…),
  • la Cultura homogénea.
  • Su guía suprema es la razón. “El autor moderno es un hombre culto, ha leído mucho y congenia con genios que han producido obras originales. Las geniales obras ajenas son tan incitantes que el autor moderno las emula y continúa con la esperanza de que inspire a otros escritores”


ü  Con las dos Grandes Guerras se inicia el fin de la Modernidad: La razón desemboca en la barbarie. Se cuestionan los Grandes Relatos. Terminan la Historia, el Progreso y el Hombre.
ü  Entonces, nace la Postmodernidad.

Los medios masivos de comunicación crean una “sociedad transparente” según Gianni Vattimo. En lugar de una concepción del mundo, tenemos una proliferación de cosmovisiones: Surgen minorías dentro de minorías, en creciente fragmentación. Se mezclan culturas con contraculturas e inculturas. Domina el pluralismo cultural. Se derrumban las fronteras entre los géneros. Caduca la relación dicotómica, el dualismo ficción / realidad, significado / significante, dominante / dominado. La literatura se
“desterritorializa” con el fuerte auge de los mass-media. Se mezclan cultura alta y cultura popular, margen y “centro”, “centro” y “periferia”, norma y trasgresión.

Las características postmodernas se definen, según Alfonso de Toro, por:
  • la “fragmentación”,
  • la “deconstrucción”,
  • la “intertextualidad”,
  • la “interculturalidad”,
  • el “collage”,
  • la “universalidad”,
  • la “heterogeneidad”,
  • el “pluralismo”.

Y los procedimientos narrativos que se le suman, por coherencia, por afines,  son:
  • la parodia,
  • la tendencia autorreflexiva,
  • la metaficción (la ficción que reflexiona sobre sí misma),
  • la subversión,
  • la hibridez –cultural y genérica–,
  • la ambigüedad,
  • el palimpsesto.
  • Se desmorona la relación hegemónica
  • y la dialogía bajtiniana se consolida como nuevo código entre culturas y géneros.
Hablar  de una obra postmoderna no significa que cumpla con todos los requisitos, sino que integre en su estructura formal y discursiva algunos rasgos típicos de la corriente. En  la novelística de Aira veremos la hibridación genérica, la marginalidad, la metaficción y la fragmentación.




  • ·       Hibridación genérica y enfoque postmoderno
Es la mezcla de géneros la que caracteriza el pensamiento postmoderno, porque es el derrumbe de las fronteras genéricas. El trazado canónico que había hecho la Modernidad se ha disuelto en una multiplicidad de discursos. El mapa que representa la disolución de los géneros es el reflejo mismo del panorama social en el que vivimos.  Como piensa Todorov, cada época tiene su propio sistema de géneros en relación con la ideología dominante y, como cualquier institución, estos evidencian los rasgos de la sociedad a la que pertenecen. En nuestra “sociedad transparente” marcada por una eclosión de visiones, los géneros también han entrado en una profunda disgregación, fomentando lo que se califica de “textualidad múltiple”.
La hibridación se estructura en dos niveles:
  • Por una parte, literatura, cine, teatro, música y televisión forman un mismo tejido.
  • Por otra, novela histórica, novela negra, relato fantástico, relato autobiográfico, ensayo, forma epistolar y novela de viaje ofrecen armazón para los relatos.
La hibridación genérica se presenta así como una de las piezas motrices del pensamiento postmoderno y una constante de la narrativa aireana. Pero sin duda, su auge se acentúa más en la llamada  relación genérica intermedial: literatura y mass media.
El auge de los medios masivos ha creado una interacción sin precedente en la historia literaria. La novela  se ha transformado en un espacio de diálogo con el lenguaje cinematográfico y televisivo.
Ya ha caducado la famosa expresión “ficción copia o reflejo de la realidad”. Ya no se trata de ser copia o reflejo, sino de “hacer mapa”, de ser como la “abeja y la orquídea”.
Otro factor de la nueva estética es también la irrupción y el nuevo protagonismo de las minorías y de los seres marginados en el ámbito cultural y literario.

  • El protagonismo de los personajes marginales
La crisis de los Grandes Relatos y de los Grandes Héroes, que anuncia  la postmodernidad, ha tenido como resultado el surgimiento de minorías y seres
marginados en la nueva configuración social. El encuentro entre cultura alta y cultura
popular, “centro” y “periferia”, el desvanecimiento de la hegemonía de las relaciones
dominado / dominante (como plantea Alfonso de Toro) presentan no sólo un nuevo mapa cultural, sino la alteración misma de los principios del mapeado.
En la literatura eso se traduce por una fuerte presencia de personajes marginados. La narrativa de Aira se parece, a este respecto, a una convención de criaturas marginales.
El mapa de la marginalidad (cartoneros, niños, travestis, punks, pequeños monjes budistas, magos, seres patológicos, tribus, etc.) ocupa una gran superficie en la literatura de Aira. Sin embargo, este auge no implica una dominación de las minorías. Cultura alta y cultura popular, clase alta y clase baja, norma y trasgresión comparten el mismo espacio, se comunican dialógicamente. Ya está abolida la hegemonía. En el discurso postmoderno, la identidad se relativiza, ya no hay una para siempre sino varias construidas y elegidas, atribuidas o negociadas.

El lenguaje también es otra seña de identidad de esas minorías. La heterogeneidad cultural se acompaña de una pluralidad discursiva. El encuentro entre espacio y postmodernidad ha dado lugar a grandes centros lingüísticos.
Aira toma como epicentro del fenómeno postmoderno el barrio de Flores (Buenos Aires), donde no solo los personajes marginales pueblan su narrativa sino también las voces olvidadas por la historia, voces menores. Ya no es el culto a los grandes personajes-héroes, sino a los personajes comunes. La obra de Aira es, a este efecto, un gran espectáculo de desfile de minorías, lo que la inscribe en la condición postmoderna, al igual que el uso de la metaficción.

  • Metaficción y postmodernidad
La ficción postmoderna se caracteriza por una fuerte tendencia autorreflexiva.
La metaficción  o ficción que reflexiona sobre sí misma, se ha convertido en poética y una de las grandes marcas de la Postmodernidad, aunque puede considerarse como herencia de la vanguardia. Se la define como una ficción que se construye mostrando los materiales y el mecanismo sobre los que se sustenta la estructura. Reflexiona sobre la naturaleza de los sistemas ficticios, cómo se originan y de qué manera la realidad queda filtrada y transformada a través de distintos procedimientos narrativos.

La primera manifestación de la metaficción en los relatos de Aira es:
  1. La “generación” del argumento. Al principio de muchos relatos, como una autocrítica, el narrador –frecuentemente voz del autor– suele presentar las características, la fuente o las circunstancias que originaron la historia que va a contar. En La costurera y el viento, el narrador nos define, desde las primeras líneas, cómo va a ser el relato cuyo argumento nace de un sueño que ha tenido: “estas últimas semanas, ya desde antes de venir a París he estado buscando un argumento para la novela que quiero escribir: una novela de aventuras, sucesiva, llena de prodigios e invenciones. […] Pues bien, anoche, esta mañana… se me ocurrió un asunto, rico, complejo, inesperado”. Estos comentarios preliminares constituyen, sin duda, una guía de lectura y reflejan lo que realmente es la historia contada en la novela. En Como me reí, las microficcionesque componen la novela son como ilustraciones de “la risa” de que se queja el narrador escritor: “deploro a los lectores que vienen a decirme que “se rieron” con mis libros, y me quejo amargamente de ellos”. La metaficción toma, en dichos casos, una forma de prólogo, una pequeña presentación que hace el narrador de cómo sucedió. Con esas intrusiones, Aira consigue evidenciar, ya desde el principio, el carácter ficticio (ejemplo de La costurera y el viento). Por eso, se suele ver en toda novela autoconsciente una manera de obligar al lector a que olvide, a que sea consciente de que lo que está leyendo es ficción, es un simulacro de realidad. Sin embargo, en Cómo me reí la metaficción parece anular el carácter ficticio porque las historias que ilustran “las risas” parecen ser, pero no son, recuerdos de adolescencia con toda una carga autobiográfica.
  1. La otra forma que más caracteriza la autoficción es la exploración de su propia construcción. La costurera y el viento sirve también de ejemplo. El narrador, o más concretamente el autor abstracto, nos presenta la estructura en la que va a descansar la historia: La heroína tiene que ser una costurera, en la época en que había costureras… y el viento su antagonista, ella sedentaria, él viajero, o al revés: el arte viajero, la turbulencia fija. Ella aventura, él el hilo de las aventuras… Podría ser cualquier cosa, de hecho debería ser cualquier cosa (…) Por una vez, quiero permitirme todas las libertades, hasta las más improbables. Mediante la primera persona y la presencia en sus ficciones, construye relatos al mismo tiempo que ofrece “una exposición deliberada de la ficcionalidad de la creación literaria”.
ü  Muchos relatos oscilan entre comentario ficticio y ficción pura, ratificando, de esta manera, su pertenencia a la estética postmoderna.
ü  Otros relatos van incluso hasta perderse en el laberinto de la metaficción y se convierten en metanovelas; un fenómeno que se destaca más en La trompeta de mimbre, un relato postmoderno que protagoniza tanto la escritura metaficticia como la narración fragmentaria.

  • La escritura fragmentaria
La presencia del estilo fragmentario en la narrativa de Aira toma la forma, como en muchos relatos, de diario, y así expresan una poética de “pedazos”. En Fragmento de un diario en los Alpes, por ejemplo, Aira teje el argumento con micro relatos que se desarrollan de domingo a jueves.
La visión unitaria y el afán abarcador que caracterizaban la modernidad se suplantan por el estilo fragmentario, donde hay un sujeto fragmentario comparándolo con el Hombre moderno, un  discurso fragmentario frente a los discursos totalizadores y los Grandes Relatos , y  “minorías en creciente fragmentación”.

Resumiendo, diremos que hablar de postmodernidad en la obra de Aira no es ver el fenómeno como una simple manifestación o una “huella”, tomando la palabra de Derrida, sino contemplarlo como uno de los sellos de su novelística –a pesar de que él no quiere considerarse como postmoderno, sino vanguardista
 En esta misma huella también encontramos la Postcolonialidad.



Una lectura postcolonial
Los relatos que inauguran la trayectoria literaria de César Aira se enmarcan principalmente en la tradición literaria postregional y convierten la pampa en uno de sus escenarios más representativos. Pero si dicho escenario, por una parte, permite a Aira reencontrarse con el paisaje autóctono del regionalismo narrativo, por otra, le abre los caminos a una lectura rupturista, subversiva y deconstruccionista. Ema, la cautiva se
inscribe en esta dinámica que la crítica denomina: postcolonial.
La postcolonialidad, señala Alfonso de Toro, encaja de lleno dentro del pensamiento postmoderno. El crítico la define como una perspectiva postmoderna que se caracteriza por una actitud y por un pensamiento deconstruccionista, intertextual e intercultural, por un pensamiento re-codificador de la historia cuya finalidad es desenmascarar aquello que en el colonialismo y en el neocolonialismo había sido instaurado como la historia, como la verdad irrefutable.
La compleja historia del país deja ver cierta superposición del fenómeno colonial. La modernización del país (la campaña de exterminio de los indios) emprendida por Juan Manuel de Rosas y clausurada por Julio Antonio Roca con la conquista de la Patagonia puede leerse como una continuación de la conquista española. David Viñas habla incluso de “la Campaña al Desierto como etapa superior de la conquista española” y establece una filiación entre el discurso del roquismo, el Facundo y los Diarios de Colón.
Así, hablar de postcolonialidad en Aira consiste en observar cómo el discurso producido por este nuevo centro (Civilización) viene revisado y deconstruido por su narrativa.
El discurso postcolonial que protagoniza Ema, la cautiva se construye en la relación dialógica entre Civilización y Barbarie.

Ema, y la resignificación del mito.
La novela propone una relectura del mito de la cautiva. Este tema –que nos
recuerda la época de románticos liderados por Esteban Echeverría, cuya Cautiva es considerada como la fuente madre de la versión de Aira– consiste en la historia de una mujer blanca capturada por los indios y obligada a ser la concubina de un jefe. Sin embargo, con Aira, el tema sale del mito moderno para entrar en un proceso de relectura y de deconstrucción postmoderna. Su escritura corporiza el enfrentamiento entre los discursos historiográficos del liberalismo y del revisionismo.
Hay en Ema, la cautiva una operación semiótica de deconstrucción de ciertos tópicos tradicionales  de los mitos fundantes de la literatura nacional.
El propio ejército se convierte en un grupo salvaje: excepto con el teniente, no se respetaban las formas, y él mismo las consideraba un arcaísmo frívolo. Eran hombres salvajes, cada vez más salvajes a medida que se alejaban hacia el sur. La razón los iba abandonando en el desierto, el sitio excéntrico de la ley en la Argentina del siglo pasado.
En cambio, Aira presenta a los indios en el reino de la civilización (“en una civilización como la suya todo era sabiduría”) e invierte el esquema histórico de civilización / barbarie. Los indios pampeanos ya no son salvajes o bárbaros; antes bien se muestran como refinados mandarines, señores de la guerra y de las artes menores, ávidos jugadores de torneos de elegancia que se alimentan de pavos braseados en coñac, frutas silvestres, licores, champagne y vinos finos, panes especiados, hongos frescos y que engalanan cuidadosamente su aspecto personal.
Aira cambia la perspectiva –como Ema al ser raptada por los indios– respecto a la tradición nacional y realiza una lectura diferente de la historia argentina.
Pero el punto álgido de esta dinámica deconstruccionista llega con la conversión de Ema en un cacique. No sólo se emancipa, sino que consigue llegar a una máxima autoridad entre los indios: una colona. Se hace gran propietaria y criadora de faisanes utilizando los métodos de inseminación artificial. Ya no es la ex-convicta o presa de la barbarie, sino otro adepto del capitalismo;   en la adaptación de Aira, acepta la nueva vida que finalmente le concede cierto status entre los caciques y guerreros del lugar.

El personaje de Ema es un puente que Aira tiende entre los dos ejes. Como piensa Alfonso de Toro, la postcolonialidad en su espíritu postmoderno no polariza ni es militante, sino que crea una discusión abierta y con ello el fomento y el desarrollo del Otro. Este proceso abierto Aira lo cumple en la revisión y elaboración de ese fundamento ideológico y cultural que es el mito.

Para Barthes, el mito distorsiona la realidad para conseguir un efecto ideológico. Convierte los prejuicios en historia. Aira, ataca la historia, presenta una nueva visión y una nueva versión de la cautiva.
A través de su cautiva, “des-ideologiza”, o como diría Barthes, “desnaturaliza” una de las idiosincrasias culturales.
La cautiva de César Aira ancla su acción en la polémica zona surtida de pliegues y repliegues de nuestro sistema literario: más allá de Pringles, el desierto.

Una narrativa cosmopolita
En Aira pueden verse dos territorios:

  • ·       El fuerte color nacional que caracteriza su primera fase, con epicentro en el barrio de Flores en Buenos Aires,
  • ·         Otros escenarios temáticos distribuidos entre el continente latinoamericano, Occidente, Oriente, y hasta el continente africano.
El caso de Aira difiere de otros autores considerados como cosmopolitas cuya trayectoria es marcada principalmente por un exilio forzado o voluntario. En Aira, hablamos más bien de una poética de desterritorialización.
Los textos de Aira se caracterizan por esa doble tendencia: unos relatos que se inscriben en la tradición argentina y otros que saltan las fronteras nacionales para conquistar otros territorios y convertirlos en “patrias suyas”. Entre ellas se destaca primero Latinoamérica.

¿Realismo, en Aira??
Sandra Contreras, pone el acento sobre cierta particularidad del realismo en Aira.
Pablo Decok habla de “transrealismo” y no cree que Aira practique una escritura realista (en el sentido puro de mimesis).
La frecuente combinación de realidad / fantasía y la difícil referencialidad que plantean algunos relatos hacen complejo afirmarlo. Sin embargo, lo que se podría decir es que la obra de Aira no se aparta totalmente de una poética realista.
Aira nos advierte en El pequeño monje budista que “cuanto menos realista es una obra de arte, más ha obligado al artista a meter las manos en el barro de la realidad”. Veamos:
  • ·         Primero destacamos “las funciones de verosimilitud” que desempeña la presentación del espacio narrativo. En efecto, Aira suele ambientar sus relatos en lugares potencialmente reales y muchas veces comprobables. A pesar de que su poética esté caracterizada por la invención, con el espacio Aira parece seguir las huellas del relato realista. Las historias de sus novelas no ocurren en un Macondo o una Santa María, sino en los rincones de la provincia de Buenos Aires. Su narrativa se despliega en un auténtico mapa literario. Cada relato parece dibujar una parte de este universo bonaerense; una cartografía que va de Coronel Pringles a Rosario y de Buenos Aires a la ciudad de Colón (Panamá), tras anclar sus raíces en el barrio de Flores. Novelas como La villa, La prueba, Las noches de Flores muchas más surcan el barrio.
  • Pero en Aira este espejo no refleja fielmente la realidad que capta, sino que la deforma, la desfigura y la convierte en un objeto imaginario hasta incluso irreal.  La realidad queda escondida, disimulada bajo los escombros de un imaginario grotesco, de una ficción disparatada.
  • Otra manifestación realista en su obra es la presentación de las historias como escenas vividas. La fuerte tendencia autobiográfica, potenciada por una primera persona (que trae a veces mucha ambigüedad en la lectura), y la presencia de protagonistas con referencia real otorgan a los relatos una filiación realista. Uno de ellos es el propio César Aira. Se observa en El tilo, Cómo me hice monja, Cumpleaños o El sueño realizado.
  • A eso se añade también que Aira no se aleja de la realidad cotidiana, aunque las historias vienen presentadas bajo anécdotas, lo que les resta muy a menudo un valor intrínsecamente realista.

Por lo tanto, hablar de realismo en Aira es ver cómo su narrativa se apoya en el género para después transformarlo, subvertirlo pero, sobre todo, incrustarlo continuamente con elementos surrealistas; un surrealismo que sí podemos afirmar que es un signo notorio de su narrativa.

Un enfoque surrealista
Las infiltraciones surrealistas que registran varios relatos de Aira han llegado a convertirse, en algunos casos, en una fuerte base de su novelística.  Él mismo acredita el aporte del surrealismo a su narrativa del que dice que ha tomado “mil cosas, como el dominio de la imagen”. La modalidad surrealista de la ficción aireana se presenta bajo varios aspectos:
  • Las frecuentes impresiones de extrañeza, de incongruencia y de absurdidad.  
  • El lenguaje. En Diario de la Hepatitis,  cada día, cada fragmento es surrealista, una expresión donde dibujos y cifras alternan con una prosa poética.

La poética aireana de huida hacia delante, que él mismo ha bautizado como su estilo, se asemeja mucho a la escritura automática. El argumento ficcional ya no es un producto pensado, razonado y guiado por él, sino que va por su cuenta, sigue su propio camino. El resultado son a menudo relatos torpes, inconexos en los que suceden siempre cosas extravagantes. Pero la forma más habitual de la estética surrealista en Aira es la aparición frecuente de algunas imágenes delirantes, provocadoras.



2- El procedimiento Aira: la fuga hacia adelante


Cómo seguir escribiendo -o cómo seguir haciendo humor- después de agotadas las vanguardias es la pregunta, también vanguardista, por la innovación. ¿Sobre qué innovar, con qué orden romper en la llamada posmodernidad, ella misma paródica, o mejor, pastichera, con un marcado revival hacia las vanguardias históricas, con tendencias “camp” de canonización de lo malo?
Aira ha hablado en diversas entrevistas de que elabora una estética avant-garde en la cual, más que revisar lo que ha escrito, ejercita una "fuga hacia adelante" al improvisar una salida de los laberintos en los que se ha metido. Como resultado, sus ficciones pueden saltar radicalmente de un género a otro, y a menudo despliega estrategias narrativas de las culturas populares y géneros "subliterarios" como ciencia ficción y telenovelas, y por otro lado, rechaza conformar las expectativas genéricas de cómo una novela debería terminar, dejando muchas de sus ficciones con un final abierto o abrupto. Así, invoca una especie de escritura automática y además reivindica la noción de "procedimiento" por encima de la idea de la "obra", pues no le da importancia a los libros como productos bien terminados, con control de calidad. Lo que le importa, como lector y también como escritor, es el autor, en su totalidad, el mito personal que construye con todos sus libros, buenos y malos, y no sólo con los libros: con su vida también."De lo que se escribió un día hay que reivindicarse al siguiente, no volviendo atrás a corregir (es inútil) sino avanzando, dándole sentido a lo que no lo tenía a fuerza de avanzar": es lo que Aira llama el Procedimiento. Su preferencia de la novedad por sobre la calidad responde a un razonamiento que le parece contundente: para que a algo se lo considere "bueno", tiene que ajustarse a paradigmas preexistentes, y la función del arte es crear paradigmas nuevos. No crear objetos bellos, sino crear objetos a partir de los cuales se pueda medir una belleza que hasta entonces no existía.

Ha publicado más de sesenta obras. Desde al menos 1991, una particularidad de su trabajo es un casi frenético nivel de escritura y publicación - dos a cuatro libros por año.
Disfruta reírse de sí mismo y de su infancia en Pringles, en ficciones tales como: Las curas milagrosas del Doctor Aira, Cómo me hice monja, Cómo me reí y El cerebro musical. Su novela Cómo me hice monja fue seleccionada como una de las mejores 10 publicaciones en España del año 1998.
Hay dos excelentes ensayos sobre su obra editados por la editorial Beatriz Viterbo en Argentina, llamados "Las vueltas de Cesar Aira" de Sandra Contreras, y el de Mariano García "Degeneraciones textuales", citados en este artículo, como así también la tesis doctoral de Djibril Mbay, de la  Universidad Complutense de Madrid, Facultad de Filología, publicada en el presente año.

Aira recibió la Beca Guggenheim en 1996.




Cecil Taylor versus El Perseguidor.





(Ilustración de El Marinero Turco).

En 1959, Julio Cortázar publica El Perseguidor, su célebre cuento sobre el músico Charlie Parker. Es un cuento que resume episodios de la vida de Parker, aunque por razones misteriosas se lo convierte en adicto a la marihuana, -lo que lo termina matando, según Cortázar- y no a la heroína.
En el cuento es relevante el lugar que tendrá el narrador, crítico y biógrafo que admira y desprecia al músico, que lo ayuda y explota su amistad.
El Parker de Cortázar encarna cierto cliché romántico: el músico intuitivo y demente que no alcanza a comprender el alcance de su propio genio y  vive obsesionado por la búsqueda de un absoluto  mientras el narrador, condescendiente y burgués, lo pinta como un tipo irracional capaz de decir: “Yo empiezo a entender de los ojos para abajo, y cuanto más abajo mejor entiendo”.
O sea: Johnny no es más que un saxofonista tonto con un don, que en su primitivismo se maravilla durante los viajes en subte de que el tiempo pensado no coincida con el tiempo vivido.


En 1988, César Aira escribe su cuento Cecil Taylor. Publicado años más tarde en antologías colectivas, es uno de los primeros textos de un autor que casi no escribió cuentos. Aira vio siempre en Cortázar un antimodelo literario: su músico de jazz le sirve para plantear una idea alternativa o antagónica del arte y los artistas.

El músico de Aira es pianista, en cambio, y lúcido, cultivado. La historia transcurre en Manhattan.
En los trenes piensa en las paradojas de Zenón que le permiten deducir que no será reconocido porque “nunca llegará a actuar ante un público cuyo coeficiente de sensibilidad e inteligencia haya superado un umbral”.
Taylor es perfectamente consciente de lo que hace y descubre que ni siquiera el esnobismo logrará transformar su virtuosa excentricidad en una mercadería vendible.
Una de las preguntas que hace el narrador en Cecil Taylor es ¿y por qué habría de importarles?, refiriéndose a las biografías, a las historias de los artistas. Son vidas de otros, dice.  "De los innumerables hombres que vivieron, la Historia rescata sólo a los ganadores, y ése es el límite de sus moralinas humanitarias...".
Cécil Taylor es un músico de vanguardia, "pero su originalidad lo puso al margen de los géneros. Lo suyo es el jazz, y cualquier otro tipo de música, desarmado en cada uno de sus átomos y vuelto a armar como una de esas máquinas solteras que han hecho los sueños y las pesadillas del siglo XX ...".
Y esto que el narrador dice acerca del artista puede estar refiriéndose también a los artistas de cualquier tipo de arte.

Mientras Cortázar exalta a sus cronopios bohemios y a sus héroes revolucionarios, Aira ve en su personaje una excusa para coquetear con su propio destino, del que se conduele con elegancia: “En realidad el fracaso es infinito, porque es infinitamente divisible, cosa que no sucede con el éxito”.
Algo parecido le ocurrió siempre al verdadero Cecil Taylor, que necesitó muchos años para que su free-jazz fuera al menos tolerado. Pero no fueron solamente los críticos populistas los que lo defenestraban, sino colegas como Miles Davis, otro romántico genial. En su estridente Autobiografía, Davis liquida a Taylor con esta frase: “No me gustaron sus planteamientos. Era sólo un montón de notas tocadas por las notas mismas, porque sí”. Más allá de que la respuesta del pianista fue muy fina (“Davis toca bastante bien para ser un millonario”), la música es un asunto complicado. Para un lego es muy difícil pararse frente a un disco de Cecil Taylor. Disfrutarlo requiere acaso de elementos adicionales a la mera escucha.

Datos extraídos de http://aquileana.wordpress.com/2009/08/12/


Y por último.

Dice el escritor argentino Fabián Casas, (nuestro próximo autor en el taller): “si existe en nuestro país un escritor serio que ha puesto su fe en la literatura como nadie, ése es el César. El humor que tanto se les atribuye a sus textos es del tipo del que nos provoca risa en los velatorios, es decir, esa risa motivada por no estar –por esta vez– en el lugar del muerto. El largo continuo (para utilizar un término fetiche de Aira) que forman sus novelas, relatos y ensayos muestra una cosa de manera evidente: que la vida es de una estupidez notable y está sujeta a una lógica perversa. No sé lo que piensas tú, hipócrita lector, pero para mí las primeras novelas de Aira –Ema la cautiva, Los fantasmas, La luz argentina, La prueba y El bautismo– son extraordinarias y muy superiores a todo lo que vendría después. Como todos los grandes escritores, Aira preparó el terreno crítico en el que le gustaría ser leído. Ahí está el prólogo famoso al libro de Novelas y cuentos de Osvaldo Lamborghini. Pocas veces un prólogo era casi superior a los textos que precedía.
De seguir vivo Osvaldo, con Aira se hubiesen matado a golpes: como Freud y Jung, o Dios y su angel más hermoso, el poderoso Señor de Abajo. También en ese dichoso prólogo, Aira habla del continuo para entender la obra de Lamborghini, pero en realidad es para comprender su obra. Y le hace decir a Osvaldo que, tal vez, lo suyo sólo fuera al final una frase que condensara todo”.