El tiempo y el espacio del taller de lectura plasmado para:



leer de diferentes maneras (por arriba, por abajo, entre líneas, a fondo, participando del texto, recreándolo),



dar cuenta de los procesos culturales en que surgen y son comprendidas o cuestionadas las obras literarias,



pensar (discutiendo, asombrándose, dejándose llevar por lo que los textos nos dicen -pero parece que no dijeran-),



y por sobre todas las cosas, y siempre, disfrutar de la buena literatura.








martes, 4 de septiembre de 2012

África y las dos versiones.


“También el león debe tener quien cuente su historia. No sólo el cazador”.

Chinua Achebe, el famoso escritor nigeriano, nos recuerda con esta sugestiva metáfora que la historia del África negra, tan variada en sus paisajes naturales y humanos, ha sido interpretada casi siempre a partir de las peripecias de la conquista y las exigencias colonizadoras de las potencias europeas.

Una de las máscaras africanas que fascinó a Picasso y Matisse, y marcó el comienzo del cubismo en el S.XX 



Para empezar a abordar el tema africano, recordemos que es un continente demasiado grande para describirlo, de una riqueza extraordinaria, y de enorme una vastedad  geográfica, ya que cada una de sus regiones tienen todas diferentes particularidades: la región norte, más cercana a los países árabes y a Europa;  la llamada “subsahariana” (eufemismo utilizado, entre otros motivos,  para soslayar la palabra negra); la región sudafricana con la implacable dominación blanca y su tristemente famoso  apartheid, instituido por colonizadores ingleses y holandeses como símbolo de una sucesión de discriminación política, económica, social y racial.

África, cuna de la Humanidad  de donde proceden las sucesivas especies de homínidos y antropoides  que se han ido expandiendo por el resto de continentes hace cerca de 190.000 años. Donde además se dan los grupos lingüísticos más antiguos de toda la humanidad, origen de dos de las ramas que han dado comienzo a las mayores variaciones: los idiomas africanos  y el grupo de las níger-congo. (Con la particularidad notable de las "lenguas de chasquido" propias de los kung, de las cuales se sospecha que son el tronco principal del que se originan todas las lenguas habladas en el mundo).

Pero también el continente que fue diezmado y arrasado por el comercio humano a través de la esclavitud, en los tiempos de las colonias.

Seguiremos el consejo de Achebe, y trabajaremos las dos versiones de la historia: la de los leones y la de los cazadores.


C
hinua Achebe (Ogidi, Nigeria- 1930)






Novelista y ensayista en lengua inglesa, de etnia y cultura ibo, Chinua Achebe se inscribe en la primera generación de intelectuales africanos educados en su país. 

Su obra describe la irrupción de las costumbres y los valores occidentales en la cultura tradicional africana, así como los conflictos de la sociedad postcolonial.

Su padre, perteneciente a la etnia Ibo, era profesor en una escuela misionera, y aunque trató de inculcarle algunos de los valores de la cultura a la que pertenecía, también era un devoto protestante, y en consecuencia lo bautizó con un nombre cristiano. Sin embargo, durante sus años en la Universidad, Achebe renunció a su nombre inglés y adoptó el nombre indígena por el que desde entonces se le conoce. Del mismo modo, su obra no se redujo a la simple imitación de la literatura europea, sino que avanzó hacia la creación de nuevas formas literarias a partir de la propia lengua inglesa. El resultado fue un inglés entreverado de habla africana, así como una mezcla de lo real y lo mágico.

En la Universidad de Ibadán estudió primero Medicina y después Literatura, y más tarde pasó a trabajar en la radio nigeriana, en la que hizo carrera. Con W. Soyinka, J. P. Clark, A. Tutuola, E. Mphahlele y otros coetáneos fundó el célebre "Mbari Club", que llegó a ser un lugar de animado debate cultural y del que nacería la editorial homónima. Fundó y dirigió la colección "African Writers" del editor londinense Heinemann, que acogió las mayores obras literarias africanas en lengua inglesa, y también dirigió la revista Okike.


Achebe, a quien un accidente confinó en 1990 a una silla de ruedas, es el tercer africano que recibe el Premio de la Paz de los editores alemanes en sus 54 años de historia. Ha vendido seis millones de ejemplares de su novela Todo se desmorona y se ha convertido, a sus 72 años, en un moralista inflexible, 'y en un inmenso narrador', según el jurado que le concedió el premio.

Durante la guerra civil de Biafra se alineó al lado de su pueblo, es decir, a favor de Biafra; salió destrozado de aquella terrible experiencia y, desde entonces, no volvió a escribir prácticamente nada. Pasó varios períodos, algunos de ellos prolongados, en el extranjero, en la Universidad de Massachusetts y en la de Connecticut. Enseñó literatura en la Universidad de Ibadán y en la de Nsukka.




Achebe es no sólo uno de los fundadores del renacimiento literario nigeriano (que tuvo lugar a partir de la década de 1950), sino uno de los mejores escritores en lengua inglesa y el más conocido y más leído de los novelistas anglófonos africanos. Narrador de fuerte inventiva, creador de un estilo sabiamente articulado sobre los idiomas, los proverbios y los ritmos de la tradición oral ibo, examinó el pasado de su pueblo y lo representó encarnándolo en un clan y en su historia, que se desarrolla en el abanico de una trilogía épico-satírica.

En 1958 apareció el primer volumen de la trilogía, Todo se derrumba (Things Fall Apart), que comienza en una época en la que los blancos aún no habían llegado al interior del país. La novela se estructura en torno a la tragedia personal del héroe, el guerrero Okonkwo, quien, debido a una serie de desgraciadas coincidencias y errores fatales, destruye su propia existencia y acaba suicidándose.

Paralela a las vicisitudes de Okonkwo y entrelazada con ellas transcurre la historia del poblado de Umuofia, con sus conflictos y sus problemas, sus ritos y sus celebraciones, sus guerras y sus fiestas, y, finalmente, su enfrentamiento con el hombre blanco: misionero, soldado o administrador. Okonkwo se derrumba, pero también se hunde Umuofia.

Su influencia sobre varias generaciones de lectores africanos ha sido enorme, pues les ha dado el primer gran clásico de su tradición autóctona: una obra que apareció en el momento crucial del nacimiento de los nuevos estados africanos y de la recuperación de sus tradiciones propias, en un momento de fuerte crecimiento político y de extraordinaria intensidad cultural. Cabe citar también Hormigueros en la sabana, de 1987.


Una imagen de África: racismo en «El corazón de las tinieblas» de Conrad

Este ensayo (An Image of Africa: Racism in Conrad's «Heart of Darkness») es la versión publicada (y enmendada) de la segunda conferencia de Chinua Achebe en la Universidad de Massachusetts, Amherst, el 18 febrero de 1975. Se considera que el texto forma parte del movimiento crítico poscolonial, que aboga por tener en cuenta los puntos de vista de las naciones no occidentalizadas y de los pueblos que deben lidiar con los efectos del colonialismo.

En Una imagen de África: racismo en «El corazón de las tinieblas» de Conrad, Achebe ataca al texto de Joseph Conrad por considerarlo racista.

Recordemos brevemente la trama y el contexto de la novela de Conrad, publicada en 1899.

La novela se centra en el marinero Marlow, quien narra una travesía que realizó años atrás por el río Congo, en busca de Kurtz, el jefe de una explotación de marfil, y que  adquiere un carácter simbólico y ambiguo, ya que  ha tenido un enorme éxito en ese comercio, pero  se ha granjeado la envidia de otros colegas. Marlow intuye que Kurtz ha roto con todos los límites de la vida social tal y como se conoce en Europa, lo que le repele y atrae al mismo tiempo.

Cuando finalmente se encuentra con Kurtz, (cuya imagen ha ido agrandándose y mitificándose durante el proceso), descubre que se trata de un personaje misterioso, al que los nativos idolatran como si fuera un dios, pero que parece haber caído en una locura bestial. Como legado deja un panfleto en el que detalla cómo civilizar a los nativos,  que incluye una anotación brutal: "¡Exterminad a todas esas bestias!". Marlow y sus compañeros de viaje logran sacar a Kurtz, ya gravemente enfermo, de la selva, pero éste muere en el trayecto, pronunciando ante Marlow sus últimas y enigmáticas palabras: «¡El horror! ¡El horror!». El viaje de Marlow al corazón del continente africano se transforma así en un descenso a los infiernos, pero la novela siempre fue apreciada también como una crítica al imperialismo occidental y una investigación acerca de la locura.

Según Achebe, Conrad se niega a conferir «expresiones humanas» a los africanos, e incluso los priva de lenguaje. África misma se presenta como «la antítesis de Europa y, por lo tanto, de la civilización», «un complemento de Europa, como lugar de carencias, a la vez remotas y vagamente familiares, frente al cual el propio estado de gracia espiritual europeo se hará manifiesto».  (Recordar también los relatos de John Locke: africanos con los ojos en el estómago, sin cabeza...)

La lectura poscolonial que realiza Achebe parte del texto. El escritor nigeriano cita pasajes de Conrad, tal como el recuerdo por parte de éste de su primer encuentro personal con un africano:

Cierto enorme negro en cueros que conocí en Haití determinó hasta el fin de mis días mi concepción de lo que es la ira ciega, furiosa, irracional, manifiesta en el animal humano. Solía soñar con el negro durante años posteriores.

Achebe concluye que «…Conrad tenía un problema con los negros. Su propio afecto desmedido por aquella palabra debería interesar a los psicoanalistas. En ocasiones, su fijación por la negrura es igual de interesante…».

El nigeriano afirma que, a pesar de que Conrad no es completamente responsable por su imagen xenofóbica de África, su novela sigue perpetuando estereotipos perjudiciales para los hombres negros por su inclusión en el canon literario del mundo occidental moderno. Su crítica punzante suele enseñarse a la par de la obra de Conrad, y habitualmente se incluye en las ediciones analíticas del texto.

Y concluye, terminante: “La cuestión es si una novela que celebra la deshumanización, que despersonaliza a una parte de la raza humana, puede denominarse una gran obra de arte. Mi respuesta es no, no puede”.

Por supuesto, esta crítica ha sido objeto de ataques que la consideran imprudente o con fines políticos, o un ejemplo de corrección política descontrolada. Con frecuencia se ha defendido a Conrad sobre la base del contexto histórico en el que vivió, o de la «belleza» de su escritura.

Tras preguntársele acerca de su opinión sobre el «mérito artístico» de la obra de Conrad, Achebe respondió:

“En ningún momento dije que deba desproveerse de mérito artístico a El corazón de las tinieblas; si uno quiere dárselo, puede hacerlo. Existen todo tipo de lecturas sutiles en el texto, y hay personas a las que no podrá convencerse de que hay algo en ella que no es correcto. Todo lo que en realidad exijo, -no estoy simplemente poniendo en relieve sino que estoy exigiendo-, es que mi lectura tenga un lugar junto a aquellas otras lecturas… Pese a que escribe buenas oraciones, también escribe acerca de la gente, de su vida. Y dice que esas personas son almas rudimentarias… Los africanos son los rudimentarios, y luego, por encima de ellos, se encuentran los buenos blancos. Yo no acepto eso como base de… como base de nada.”




W
ole Soyinka, (Nigeria, 1935), Premio Nobel de 1986 y el primer africano y hombre negro en ser reconocido con el galardón, es más célebre como autor teatral, sin embargo su producción poética es significativa. 

Aunque los escritores africanos han visto tradicionalmente al inglés, francés y otras idiomas europeos como lenguas del poder colonial y herramienta del estigma y el imperialismo, Soyinka tomó la decisión de escribir en inglés con el objetivo de tener acceso a una audiencia más internacional.

Para él, el teatro es su medio expresivo por excelencia, pero hay ciertas experiencias cuyo impacto conducen a la poesía como un modo lógico de expresión. Por esto, su discurso poético no se separa totalmente del teatral. Sus imágenes se sustentan en la mitología yoruba y en la griega, pero no se limita a este aspecto. Intimismo, protesta, lenguaje directo y lirismo, para conformar una obra que desde el poema relata una vida y, al mismo tiempo, se enlaza con lo arquetípico.

Baobab en la sabana africana.

La mitología ha sido no sólo territorio para la elaboración artística de Soyinka, sino también ha sido terreno de reflexión. La presencia de Ogun, dios u orisha de la guerra, en su obra posee un carácter trascendental por su fuerte simbolismo. Otros dos aspectos esenciales conformadores de su visión son la experiencia de la prisión (“Fragmentos/no podemos tener, demorarnos”) y la exigencia de la memoria (“Recuerda esto. Y recuerda España-Guernica/Recuerda los sueños que partirán agrios,… “).

Descendiente de la etnia Yoruba, de rica y poderosa tradición cultural, estudió en la universidades de Ibadan, Nigeria, y Leeds, Inglaterra.

Durante la guerra civil en Nigeria, Soyinka fue encarcelado durante 22 meses, experiencia que describió en un conmovedor libro: El hombre ha muerto (1972), y en la novela La estación del caos (1973). En 1972 se exilió voluntariamente, inaugurando una intensa etapa en la que escribió cuatro notables piezas de teatro: Las metamorfosis del hermano JeroThe Bacchae of EuripidesMadmen and Specialists y La muerte y los caballeros del rey. En 1976 publicó el que se considera su más importante libro de ensayos: Myth, Literature and the African World.

La combinación de una experimentación audaz y el amor por las raíces yorubas ha sido siempre una característica de su literatura. Esto lo llevó a polemizar con los representantes de la negritud, de quienes dijo: "El tigre no necesita hacer alarde de su tigritud". En 1994 se vio forzado al exilio, del que no pudo regresar hasta 1998.

VIAJE

Aunque llegué al final del viaje,
Jamás sentí que hubiera llegado.
Tomé la carretera
Que sube despacio la cuesta de las preguntas, y que me lleva
Incluso a descender a la tierra que conduce a casa. Yo sé
Que mi carne está limpiamente mordisqueada, perdida
Para el perturbado pez entre las vainas susurrantes-
Yo los dejé atrás en mi ruta

Y así también con el pan y el vino
Necesito la repartición de derrota y carestía
Yo los dejé atrás en mi ruta
Jamás sentí que hubiera llegado
Aunque amor y bienvenida me atrapan en casa
Los usurpadores pasan mi copa en cada
Banquete como en una última cena

Traducción de Rafael Patiño.




C
himamanda Ngozi Adichie (Enugu, Nigeria-1977)




Esta novelista nació en la aldea de Abba en el seno de una familia numerosa: es la quinta descendiente de Grace Ifeoma y James Nwoye Adichie, un matrimonio de etnia igbo.



Poco antes de celebrar sus primeras dos décadas de vida, Chimamanda abandonó su tierra y los estudios de Medicina y Farmacia que había iniciado en la Universidad de Nigeria (donde su padre se desempeñaba como profesor de Estadística y su madre era secretaria) para instalarse en Estados Unidos, país al que llegó beneficiada con una beca para estudiar Comunicaciones y Ciencias Políticas en la Universidad de Drexel. 

Tiempo después, la creadora de obras como “La flor púrpura” y “Medio sol amarillo” ampliaría su formación académica en la Universidad Estatal del Este de Connecticut, donde logró graduarse en 2001.

Por interés literario y deseos de perfeccionarse, la autora de “Algo alrededor de tu cuello” optó por continuar su aprendizaje en la Universidad John Hopkins  de Baltimore (donde adquirió conocimientos en Escritura Creativa) y, más tarde, en la Universidad de Yale, institución en la cual realizó un máster de estudios africanos.

Adichie ya ha logrado ver sus obras publicadas en diversos idiomas y ganar reconocimientos como el Commonwealth Writers Prize for Best First Book, el O. Henry Prize y el Orange Prize for Fiction. Además, varios de sus textos han aparecido en revistas como “Granta”, “Prospect” y “The Iowa Review”.

"Nuestras vidas, nuestras culturas, están compuestas de muchas historias que se superponen". Esta joven novelista cuenta la historia de cómo encontró su voz cultural auténtica - y advierte que si sólo escuchamos una sola historia sobre otra persona o país, corremos el riesgo de un malentendido fundamental, en este notable video:

http://www.ted.com/talks/chimamanda_adichie_the_danger_of_a_single_story.html








martes, 28 de agosto de 2012

2º Ciclo del Taller 2012: La mirada intercultural


E
n septiembre comenzamos el segundo ciclo de este año, con la idea de realizar un recorrido que abarque parte de la  enorme riqueza multicultural en la literatura.



"Nunca hay una historia única sobre ningún lugar" nos dice Chimamanda Adichie. Por eso trabajaremos cómo se cuentan, quién las cuenta, cuándo se cuentan, cuántas historias se cuentan sobre un lugar...




Con esta temática, veremos autores (en su mayoría contemporáneos, pero también algunos clásicos) de África, China, Japón, India, Egipto, Turquía, Israel, Grecia, Polonia,  Rusia, Noruega, Italia, Francia, Inglaterra, Estados Unidos...

Y la lista de autores será la siguiente: 

Wole Soyinka, Nadine Gordimer, J.M. Coetzee, Gao Xingjian, Haruki Murakami, Yukio Mishima, Naguib Mahfuz , Orhan Pamuk , V S Naipaul, Amos Oz,  Petros Markaris, Anton Chejov, Vladimir Nabokov, Henryk Sienkiewicz, Kjell Askildsen, Dino Buzzati,  Ítalo Calvino, Doris Leesing,  Jean-Marie Gustave Le Clézio,  Marguerite Yourcenar, Irwin Shaw, Washington Irving, y Chuck Palahniuk.

Este cuatrimestre alternaremos la lectura de cuentos con novelas, consensuando las fechas para que todos vayan leyendo con el tiempo necesario.

Las reuniones son semanales, y los días y horarios posibles son los siguientes:

  • Lunes: de 15 a 16.30 hs.
  • Miércoles: de 18.30 a 20 hs.
  • Viernes: de 10 a 11.30 hs.

Por cualquier consulta,  se pueden dirigir al mail del taller: elcronotopotaller@gmail.com

Los esperamos!

domingo, 19 de agosto de 2012

Literatura Latinoamericana: Cierre del ciclo

Antes de dar por finalizado este ciclo, esta semana haremos una revisión de todo lo trabajado, leído y discutido, sobre Literatura Latinoamericana.





Comenzamos en marzo el actual ciclo del taller, con la siguiente pregunta: ¿Existe la literatura latinoamericana? 

Y también mencionamos en ese momento al escritor mexicano Jorge Volpi que  ha dicho: “existe una literatura global y entre sus filas se cuentan latinoamericanos –o un latinoamericano: Bolaño–, pero ya no queda nada similar a lo que se percibía durante los sesenta y setenta del siglo pasado, porque el mercado sancionado por los grandes grupos editoriales españoles impide la comunicación entre las literaturas nacionales” (Revista de la Universidad de México, 31).

También comentamos que lo que probablemente sucede es que ya no tiene los marcadores ideológicos que la hacían parecer clara y distinta. Entre los escritores de México, Ecuador, Brasil, Chile, Perú o Argentina no hay una unidad poética que permita hablar en todos y en cada uno de los casos de lo mismo.

Sin embargo, anunciábamos entonces que  lo que posiblemente hay son nexos, tonos y temáticas en común, fundamentalmente de regiones dentro del territorio latinoamericano. Y ese fue el aspecto que trabajamos.



 Hemos analizado a los autores clásicos, y también a los contemporáneos;  nos hemos asombrado muchas veces, otras nos hemos quedado reflexionando y cuestionando, intentando descifrar las marcas de cada tiempo, y las diferentes maneras de decir. Vimos las diferentes realidades plasmadas en la literatura, los signos de cada época.




Pudimos encontrar  las temáticas comunes, y también todas las particulares diversidades de cada región, subdividida de esta manera simplemente por razones metodológicas, para poder organizar el trabajo de cada clase.







Fuimos analizando los cambios de la vida económica y política en la segunda mitad del S. XX, con su correlato en el plano de la cultura, y el impacto en la literatura de diversas maneras, identificando cómo se concibe y organiza la producción de lo literario en este período.

 Después del trabajo de esta semana, haremos las conclusiones, y veremos las preferencias y las divergencias.

 Sumamos a este temario el recorrido que hicimos el último cuatrimestre del año pasado sobre Nueva Narrativa Argentina, razón por la cual no lo incluimos en el de este año, pero lo tendremos presente a la hora de hacer el cierre del ciclo.




Aquí va, entonces, la lista completa de autores y obras, (que es solo un muestrario del amplio corpus existente), con la indicación de la entrada del blog que corresponde a cada una:



Chile- De intertextualidades y territorios.

Roberto Bolaño: Llamadas telefónicas- Clara-El ojo Silva.
Alejandro Zambra: Bonsái-Fantasía.
Álvaro Bisama: Chica nazi.

Colombia- Los distintos matices de la desmesura.

Margarita García Robayo: Colombia Diamond
Antonio García: Bobby
Ricardo Silva Romero: Diagonal
Juan Gabriel Vázquez: El doble.

Bolivia

Augusto Céspedes: El pozo
Oscar Cerrutto: Los buitres.
Giovanna Rivero: El bus-Camas gemelas

México- Lo inverosímil hecho realidad.

Juan Rulfo: Pedro Páramo, Diles que no me maten, Macario, El hombre.
J.J. Arreola: El rinoceronte, Eva, El sapo  y Pueblerina.
Fabricio Mejía Madrid: El efecto Smellville
Jorge Volpi: El gato de Schrödinger
Guadalupe Nettel: Bonsai.
Álvaro Enrigue: 1945


Perú
1-Los amautas del Perú
José María Arguedas: Warma Kuyay
Ciro Alegría: Duelo de caballeros


2-Perú y el imaginario contemporáneo.
Santiago Roncagliolo: Tierra de Libertad-Un desierto lleno de agua
Daniel Alarcón: Ausencia- Lima, Perú, 28 de Julio de 1979
Diego Trelles Paz: Nunca he Sabido Como Hacer Para Odiarla
Iván Thays: Lindbergh
Rodrigo Hasbún: Carretera



Uruguay La ficcionalización de la mentira en Onetti y Felisberto.
Felisberto Hernández: El vestido blanco-La casa inundada.
Juan Carlos Onetti: Un sueño realizado-Ella.

Mario Benedetti: Los Pocillos.
Eduardo Galeano: Cuba duele.
Claudia Amengual: Boca de tormenta

Pablo Casacuberta: Volveré en un segundo
Ignacio Alcuri: Sopa de pollo


Brasil y los múltiples Brasiles.
Fernando Pessoa y la influencia portuguesa: El banquero anarquista. 
Carlos Drummond de Andrade: “…La vida escurre la boca, mancha las manos, la vereda. La vida es gorda, oleosa, mortal, subrepticia- E agora José?
Machado de Assis: Misa de gallo.
Guimaraes-La tercera orilla del río.

Clarice Lispector: Amor-La cena.
Rubem Fonseca: Paseo nocturno I y II.
Santiago Nazarian: Espinazo de pez.
Joao Paulo Cuenca: Tatuador.

Cuba
1-Los adentros y afueras de Cuba

Cabrera Infante, Guillermo: Delito por bailar el chachachá.
Alejo Carpentier: Viaje a la semilla.
Severo Sarduy: El torturador

2-Los nuevos, novísimos, de Cuba.
Ronaldo Menéndez: Un día magnífico para atracar bancos.
Jorge Enrique Lage: El color del verano (Mockumentary)
Ena Lucía Portela: Huracán
Wendy Guerra: Merci Moscú
Karla Suarez: La estrategia

Venezuela- Desde la Tierra de Gracia (o el paraíso terrenal).

Uslar Pietri: La lluvia.  
Rómulo Gallegos: La rebelión.
Slavo Zupcic: Doble Chávez- Amor que a otro puerto perteneces.
Rodrigo Blanco Calderón: Flamingo

Paraguay- Ay, Paraguay...

Augusto Roa Bastos: Lucha hasta el alba- La excavación -Bajo el puente
Cristino Bogado: Empanada de ñato. O cómo hacerse rico cocinando carne yankee.
José Pérez Reyes: Enterrador de retratos

Guatemala
Miguel Ángel Asturias: Leyenda del sombrerón.
Augusto Monterroso: El dinosaurio-Mr.Taylor.
Eduardo Halfon: Mucho macho
Ronald Flores: Una historia cualquiera
Denisse Phé Funchal: Ciudadanía

El "desdoblamiento" del Caribe y Centroamérica: desde el exilio.
Puerto Rico
Yolanda Arroyo Pizarro: Rapiña-Golpe de gracia.
Pedro Cabiya: Channel surfing

República Dominicana
Junot Díaz: Wildwood
Ariadna Vázquez: Náufraga en Naxos

Panamá
Carlos Wynter: Boxeador

El Salvador
Claudia Hernández : Hechos de un buen ciudadano (parte I)
Georgina Vanegas: El diputado

Costa Rica
David Cruz: Otro par prometedor





Y aquí van algunas fotos del taller de los miércoles, en nuestro cierre del ciclo:







domingo, 5 de agosto de 2012

El "desdoblamiento" del Caribe y Centroamérica: desde el exilio.



Y
a estamos terminando el recorrido literario por América Latina. Para esta semana nos queda América Central y el Caribe, y lo enfocaremos desde la literatura de los últimos años, en donde veremos similares constantes pero también particularidades precisas.

Concretamente trabajaremos con algunos autores noveles de Puerto Rico, República Dominicana, Panamá, El Salvador y Costa Rica.


Primero, un poco de historia.

Como ya hemos visto, en el siglo XIX, con la llegada de la imprenta, la creación de una prensa nativa y de sociedades económicas y ateneos culturales, se desarrolló una clase intelectual “criolla” que empezó a cuestionar sus relaciones coloniales y a crear conciencia nacional a través de su producción literaria. 

En el Caribe hispano, entre las obras más importantes de la época se encuentran El Gíbaro del puertorriqueño Manuel Alonso, Enriquillo del dominicano Manuel de Jesús Galván. En Trinidad, por otro lado, aparecieron Warner Arundell del escritor anglojudío E. L. Joseph y Emmanuel Appadocca por Michel Maxwell Philip, novelas pertenecientes al Bildungsroman y  escritas con el propósito de legitimar grupos étnicos, raciales o sociales que hasta el momento se habían visto oprimidos por la elite blanca hacendada y de reclamar superioridad sobre la civilización colonizadora.

En otras palabras, se fue creando una conciencia nacionalista por parte de grupos intelectuales “criollos”, pero en una relación adversa a la metrópolis y a otros grupos minoritarios, como los de la India en Trinidad, que no pertenecían a la incipiente burguesía nativa.

No obstante, se puede vislumbrar dentro de la literatura caribeña un canon ideológicamente "postesclavista" que utiliza estructuras de la narrativa del esclavo o abolicionista, como la voz negra,  para investigar el pasado y ubicar esa misma voz dentro del contexto social y cultural del sistema de plantación.

Según George Handley -en su estudio Postslavery Literatures in the Americas (2000)-, esta literatura autoconscientemente arguye, mediante historias familiares, que la amnesia causada por la esclavitud no había sido resuelta por las emergentes culturas nacionales. 

Por el contrario, dicho nacionalismo incipiente, con el propósito de mantener y consolidar el poder social de las clases dirigentes, muchas veces había evadido el sincretismo y el caos genético característico de las culturas de plantación. Por lo tanto, esta escritura sobre genealogías intenta reconstruir los lazos familiares que fueron rotos por el sistema esclavista al igual que pone de relieve los legados de la esclavitud que todavía persisten en las economías y en los discursos sobre raza y nacionalismo del Caribe.

 Entre los escritores que Handley destaca se encuentran Jean Rhys de la isla de Dominica (Wide Sargasso Sea), Alejo Carpentier de Cuba (El siglo de las luces) y Rosario Ferré de Puerto Rico (Maldito amor), entre otros escritores estadounidenses como William Faulkner y Toni Morrison, que han escrito sobre la cultura de las plantaciones en el sur de los Estados Unidos y en los cuales la crítica ha percibido una extensión ideológica del Caribe.

Esta concepción del "desdoblamiento" del Caribe fuera de sus bordes geográficos por la crítica poscolonial ha enfatizado el carácter exílico o diaspórico de su literatura. Por razones históricas, lo que se denomina como cultura caribeña ha tenido repetidamente sus bases en desplazamientos de distintos grupos étnicos o raciales: desde los arahuacos y caribes que subieron por el Orinoco y se desplazaron por las islas; los españoles que dejaron atrás la península y conquistan las islas; los demás europeos que les siguieron a los españoles en la colonización; los africanos, quienes fueron capturados y extraídos de su continente para trabajar en las plantaciones que los europeos establecieron.

También estaban los indios, chinos, portugueses e irlandeses que fueron traídos para trabajar en esas mismas plantaciones tras la abolición de la esclavitud; los estadounidenses que llegaron a fines del siglo XIX en su proceso de expansión para tomar las antiguas colonias españolas e intervenir en las nuevas repúblicas; las migraciones en masa de afrocaribeños entre 1880 y 1920 hacia América Latina por la alta tasa de desempleo combinada con el dominio imperialista de los Estados Unidos y sus compañías fruteras;
los viajes de los isleños intelectuales a las grandes ciudades de sus respectivas metrópolis; las oleadas migratorias de puertorriqueños empobrecidos a los Estados Unidos en las décadas de los veinte y cincuenta durante procesos de "modernización";
el exilio político y económico de los cubanos a Puerto Rico, Nueva York y Miami en diferentes oleadas tras la Revolución y sus ramificaciones hemisféricas; el exilio económico de los dominicanos a Puerto Rico tras el colapso de la dictadura de Trujillo; la diáspora de los intelectuales haitianos durante las dictaduras de los Duvalier…

 En fin, por estos hechos, en la segunda mitad del siglo XX, la historiografía literaria ha considerado el exilio o diáspora como el nexo fundacional entre los nacionalismos caribeños y sus literaturas. 

El Caribe ha sido reconfigurado por la crítica como una "idea cultural" más que una región actual; es decir, como indica Alison Donnell en su historia literaria caribeña del siglo XX: "es un espacio híbrido, dislocado, móvil, atractivo a las demandas de la teoría poscolonial y sus alianzas a subjetividades migratorias y sus escrituras".

Fuente consultada: Hugo M. Viera Colón, 6/3/2012, en  
http://www.enciclopediapr.org/esp/article.cfm?ref=11092801&page=5



G
lobalización y literatura en América Central (y a grandes rasgos, también en el mundo).





Actualmente se observa en todo el mundo que la producción de textos experimentales que adoptan procedimientos de las vanguardias históricas (como la descontextualización, la sustracción, la parodia, el sinsentido, la puesta en cuestión de la autoridad narrativa, la irracionalidad, la ausencia de linealidad, la fragmentación, la cita apócrifa, la utilización de gráficos y fotografías, la reescritura y la intertextualidad) tiene como resultado la constitución de una vanguardia sin programa político, una vanguardia afirmativa de los valores dominantes, de los que emergen las convenciones literarias cuyo dios es el mercado.

Aunque no todos se rigen por esos parámetros, es la mayoría la que marca la pauta y si el mercado solicita cierto tipo de textos (o, en muchos casos, satura los stands), no es una característica individualizada sino general la que nos va llevando al momento actual.

Seguiremos el análisis de Magda Zavala, catedrática costarricense contemporánea, que aborda la relación entre  globalización y literatura, en un intento nuestro de  profundizar en las claves del panorama literario contemporáneo, y en las causas del cambio de estas literaturas,  tradicionalmente sensibles al contexto y a los conflictos, que empiezan a perder esa capacidad de anclaje y denuncia para adaptarse más a un entorno que descifra otro tipo de cuestiones. Discutiremos las diferentes opiniones que produzca esta lectura y sus reflexiones, para  ver de qué manera refutar, o no, todas estas problemáticas.

En América Central de la posguerra, los sorpresivos cambios de la vida económica y política en la segunda mitad del S. XX, con su correlato en el plano de la cultura, la llamada “tercera revolución tecnológica” ha impactado el arte de diversas maneras. 
Trataremos de interpretar los caminos mediante los cuales se manifiesta este nuevo momento de la vida social en América Central, y consecuentemente, identificar cómo se concibe y organiza la producción de lo literario en este período.

En el ámbito internacional al acabar la década de 1970 colapsan los supuestos que habían sustentando los diferentes movimientos artísticos durante las etapas anteriores de la modernidad: la resistencia, automarginación y crítica del campo artístico frente al mercado.

La globalización llega (económica y discursivamente) a América Central cuando se sostenían guerras populares contra dictaduras ancestrales, contra al neocolonialismo que se expresaba por distintas vías (desde el asistencialismo, hasta las invasiones) y por el derecho a la autodeterminación. 
Estas guerras quedaron truncas por una “pacificación” muy discutible que eliminó los sujetos populares del escenario y dejó instalados los ejércitos y las cabezas políticas tradicionales en cada país.


El corolario de toda esta situación es un desorden decepcionado en los sectores populares que se empobrecen, pierden derroteros, abonan la mendicidad y la delincuencia en las ciudades o se deciden por la migración (hacia Costa Rica en el caso de los nicaragüenses y hacia los Estados Unidos, en toda América Central).

Mientras, los sectores gobernantes muestran uno de sus peores momentos, en cuanto a que pierden capacidad de respuesta autónoma frente a los organismos internacionales y los países regentes de la globalización y se dedican, en mucho, a promover privatizaciones aceleradas.

En América Central de la posguerra ha habido cambios sustanciales en el campo literario. Durante el período de conflicto, la ruptura ideológica determinó la existencia de campos literarios opuestos, con sus agentes e instituciones propios, dentro de una misma nación. 

En ese período, todavía escasamente estudiado desde el punto de vista de la teoría de la institución literaria, derechas e izquierdas establecían cada cual su propio canon, sus instituciones de apoyo y sus redes de alianzas internacionales. En estas condiciones, los conflictos y la lucha por las posiciones eran prácticas cotidianas. Igualmente, el desarrollo de solidaridades y alianzas.

En la actualidad, los escritores buscan menos ser reconocidos por sus pares en un país, o varios, de la región y cada vez más figurar a escala internacional, por lo menos en el circuito metropolitano que consume literatura en español. Los escritores ya no son más autoridades intelectuales, sino que se asemejan, de manera sorprendente, a las estrellas del espectáculo masivo, en una sociedad que se define cada vez más por someter la realidad a los espectáculos y por crear realidades, por lo tanto, espectaculares, que se manifiestan en escenarios selectos.

Si se ubica un lector en las vías cibernéticas, no importa donde viva; desde cualquier punto es testigo de múltiples espectáculos, preparados para cualquier observador con un perfil capaz de acceder a ellos y de descifrarlos.


L
a globalización y los hechos literarios
La internacionalización enfática de los mercados y el desarrollo de una tecnología informativa de largo alcance, permite una más amplia circulación de bienes, contradictoriamente, en un circuito selecto, pero de composición cultural heterogénea.

En este nuevo período de la cultura, cambian las necesidades y perspectivas de la vida literaria también en América Central, probablemente de manera similar a lo que ocurre en otras latitudes de América Latina y en los países con condiciones próximas en la vida cultural, política y económica. 

Ahora los mercados literarios metropolitanos promueven la selección del canon y de modelos estéticos representativos en las distintas artes, invirtiendo por primera vez, de manera evidente y celebrada, la dinámica de consagración que ahora es de afuera del Estado nación hacia adentro.

Al respecto, indica Óscar Alvarez, extendiendo la observación a América Latina: “El éxito literario ya no depende solamente de la calidad del texto, sino también de las técnicas de mercadeo y publicidad, así como de la capacidad “maquiavélica” del escritor y de sus promotores para capturar premios literarios, que se convierten en un medio de aumentar las ventas.(...) Si bien la crítica siempre fue el lado más débil de la literatura latinoamericana, ahora simplemente dejó de existir. Fue sustituida por la reseña periodística, el elogio, el ataque o la simple publicidad (Alvarez, 2000: 250)”.

En este período, el mercado ha logrado vencer gran parte de la resistencia histórica que tuvieron los artistas y escritores en la modernidad. Indudablemente, las leyes de la economía predeterminan hoy de manera más directa los modelos de escritura, producción del libro y procesos de circulación de lo literario, que se acogen en parte a los moldes productivos de la literatura de los medios de comunicación masiva o literatura industrial, al decir de Bourdieu, y se desproblematiza en sus contenidos.

Para tener un lugar en la literatura de los países metropolitanos, y ya no en los campos literarios de cada país en particular, que parecerán ahora demasiado estrechos y sin interés para los autores, los escritores buscan transformar su escritura o la proyección de su imagen, de acuerdo con las recomendaciones de los especialistas del mercadeo; asimismo, se preocupa por acudir a asesores que lo ayuden a identificar matrices temáticas y técnicas que le aseguren viabilidad en el mercado y acceso a premios internacionales.

A la caza de oportunidades, un buen grupo de escritores parece deponer ideales, propósitos íntimos, necesidades sociales, dolores y denuncias, o asumir solo aquellos que cuentan con una recepción favorable de antemano. 
Es de suponer, por ejemplo, que está bien visto denunciar el machismo y la contaminación del medio ambiente, pero no así, mostrar al mundo el trasiego de órganos, la prostitución infantil, las contradicciones de una pacificación en que los acuerdos jamás terminan de llegar a real término, el etnocidio y el crecimiento desmesurado de la delincuencia, indicador de mayores desigualdades sociales. Por otra parte, para decepción de aquellos escritores que defienden el arte por el arte, tampoco la escritura de la vanguardia estética tiene oportunidad.

Por lo tanto, es posible apreciar en el panorama literario del presente en la región sectores que tienden a separarse cada vez más, entre quienes producen una literatura de pretensión cosmopolita, de tendencia posmoderna u otra, en la perspectiva del mercado, y quienes restan valor a la difusión transnacionalizada y continúan creando una literatura de urgencia, que tiene ahora menos posibilidades de ver la luz editorial. 
Y hay quienes también siguen intentando la síntesis entre ambos, expectativas que tienen sobre todo los nuevos sujetos de la literatura regional.

En este contexto, un sector importante del arte, y del campo artístico, renuncia a la marginalidad activa y denunciante que había marcado el período anterior y desea aprovechar las posibilidades individuales que ofrece el mundo internacionalizado.



G
lobalización literaria.

En lo literario, la globalización se expresa de diversas maneras: en el lenguaje y los temas de la escritura; en los sujetos sociales que tienen ventaja y poder para aprovechar las nuevas alternativas de producción, en las instituciones promotoras y sus funciones, en los “habitus” y metas de los escritores, en los sitios desde donde se escribe, en el nexo cada vez más estrecho entre cibernética y literatura.

Es posible reconocer en la literatura centroamericana de hoy, las siguientes tendencias que parecen ser formas de adecuación al nuevo momento:

  • Eco o elusión del contexto.
El mercado internacional requiere ciertos temas y repele otros. En concreto, le interesa la generalidad, a lo sumo, los universales humanos o las grandes reivindicaciones, y no así la especificidad cultural y la literatura de problematización.

En América Central, la literatura fuertemente politizada de las décadas de 1970 y 1980 quedó atrás hacia el fin del siglo XX, aunque sigue publicándose literatura testimonial.

Es sabido que interesan a las empresas editoriales metropolitanas los escritores que representan, con su práctica en el campo literario y su escritura, las expectativas que el lector cosmopolita tiene sobre la literatura latinoamericana. 
En el caso de García Márquez, su correspondencia con el realismo mágico; en Jorge Amado el exotismo criollo y la exuberancia; en Vargas Llosa la ingeniería narrativa puesta al servicio de la novela histórica, tan cotizada en los medios de comunicación. 

En Centroamérica, se ha venido desarrollando una importante producción de literatura histórica. 

Luego de Asturias, no hubo un movimiento de realismo mágico importante, como sí lo ha habido de novela histórica, especialmente, en Nicaragua (Sergio Ramírez, Julio Valle Castillo, Ricardo Pasos...).En Costa Rica, destacan los textos de la escritora chilena radicada en Costa Rica, Tatiana Lobo, del dramaturgo Daniel Gallegos y de José León Sánchez.

De manera simultánea, empiezan a quedar atrás los temas políticos del presente.

Entre La mujer habitada (1998) y Sofía de los presagios (1992), de Gioconda Belli, existe una distancia significativa en el orden de la escritura y sus intenciones. Mientras la primera se asienta en los conflictos políticos del pasado remoto y los propios de la segunda mitad del siglo XX en Nicaragua, la segunda novela los ignora casi por completo. El tema político vuelve a cobrar vigencia cuando se le ve con distancia, en memorias y otros relatos autobiográficos, tal y como ocurre en El país bajo mi piel (2001) de Belli. Un salto cualitativo ha ocurrido.

·         Balance entre las tendencias estéticas.

La dinámica de la vida cultural salvadoreña de hoy, según dicen sus escritores, enseña que las divergencias del pasado no terminaron al acabar el conflicto bélico. 

Posteriormente, mediante actividades literarias y otras, se ha rescatado en El Salvador el testimonio de colectividades deprimidas (varias asociaciones de mujeres promueven concursos de testimonios con el propósito de grabar en la memoria del país lo que la historia oficial busca olvidar).

Los escritores que se encuentran en esta tarea asumen que la superación de la guerra no se da con un simple olvido colectivo, con la desmemoria, sino con la evaluación ponderada y ética de las causas que llevaron a la violencia política.

Algo similar sucede en Nicaragua, donde es claro el interés de los escritores jóvenes por evaluar la literatura del período sandinista y señalar sus distancias y cuestionamientos.  
             
  • Literatura de la nación en crisis
Un fenómeno nuevo en la literatura centroamericana de la última década es la aparición de una literatura de repudio de la patria (por cierto, en ocasiones equiparada con la madre) que se manifiesta sobre todo en novela.

Son parte de una serie de textos que se expresan en el período de la globalización y parecen responder, en cierta medida, a sus expectativas culturales, en lo relativo a la identificación de los individuos con una patria originaria.

  • Crítica y espectáculo literario.
La aparición de escritores estrellas, con una difusión espectacular, hace que los críticos cedan al espejismo y se ocupen casi exclusivamente de ellos. Queda en el olvido un amplio espectro de escritores, entre los que abundan los que corresponden a minorías étnicas, mujeres, grupos que reivindican opciones eróticas diversas, sectores alternativos y otros. De este modo, la crítica es también víctima y cómplice de las estrategias de publicidad literaria.

Lejos de buscar en la realidad las distintas series textuales, correspondientes a las distintas esferas al inicio mencionadas, y de proponer con rigurosidad, la delimitación de conjuntos de textos, de acuerdo con sus proximidades estéticas y otras, sin ceder a las exclusiones y olvidos voluntarios e involuntarios, la crítica parece simplemente avalar y refrendar la obra que le señalan las empresas y la publicidad literaria.

  • Literatura y cibernética.
La literatura cibernetizada empieza a aparecer en América Central, sobre todo con las experiencias que proponen los escritores centroamericanos que viven en los Estados Unidos. Para ellos, la posibilidad de una escritura virtual, con recursos de la alta tecnología fue más temprano una realidad accesible; no sucede del mismo modo para los escritores que producen desde la región. En la actualidad, empiezan a aparecer librerías virtuales y cada vez más escritores instalan su página web, con el propósito de vencer la invisibilización.

El uso de las vías virtuales le permite al escritor aspirar a una circulación sin libro impreso a escala internacional. Sin embargo, el escaso desarrollo de la tecnología en América Central, presagia a esos escritores una recepción limitada entre los suyos, si solo usa esta vía, y una todavía poco predecible difusión en otras latitudes, en que su nombre es desconocido.

La presencia de consorcios editoriales en América Central es uno de los rasgos que más dinamizan el presente de la región y se convierte en el medio por el cual los escritores creen posible conquistar el mercado mundial.

  • Consorcios editoriales y escritores.
Quizás, el aspecto más relevante de la vida literaria mundial del nuevo período es la producción mercantil del escritor desde las empresas editoriales transnacionalizadas. Como nunca antes, las editoriales son condición de producción, reconocimiento y consagración de los escritores. Ellas concentran todo un amplio proceso que antes tenían en sus manos diversos sujetos sociales: los talleres literarios y la academia, los cenáculos, las editoriales locales y regionales y los críticos.”

Fuentes consultadas: 


A
utores que trabajaremos.






Yolanda Arroyo Pizarro
Puerto Rico:
  • Yolanda Arroyo Pizarro (1970)
  • Pedro Cabiya (1971)
República Dominicana:
  • Junot Díaz (1969)
  • Ariadna Vázquez (1977)
Panamá:
  • Carlos Wynter (1971)
El Salvador:
  • Claudia Hernández (1975)  
  • Georgina Vanegas (1983)
Costa Rica:
  • David Cruz (1982)

Junot Díaz